Cinco o veinte veces
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Cinco o veinte veces

Pablo Iglesias besa a la diputada de Bildu Merche Aizpurúa.

Lo dijo el lehendakari José Antonio Ardanza al día siguiente del asesinato de Miguel Ángel Blanco: “Lo que valió con el viejo dictador ha sido en vano con esta ETA envilecida”. En un documental que ahora se ofrece en una plataforma de streaming lo explica mejor Teo Uriarte, uno de los fundadores de la banda terrorista, condenado a muerte en el juicio de Burgos: “Era cierto, tengo que reconocer que Franco fue más generoso en el proceso de Burgos con nosotros que ETA con Miguel Ángel Blanco”.

 

El asesinato del jovencísimo concejal del PP en el Ayuntamiento de Ermua cambió muchas cosas. Por primera vez en un pueblo del País Vasco los Ertzainas se quitaron las capuchas mientras defendían la sede de Batasuna de la ira de los vecinos que gritaban “¡No son vascos, son asesinos!”. Pero lo entendían de otro modo los dirigentes abertzales. El histórico diputado de HB José Luis Elkoro, condenado a prisión por pertenencia a banda armada y que por cierto está desde hace años en su casa porque nuestro represivo sistema penal se lo concedió al cumplir los 75 años, dejó muy claro en una entrevista cuál es su concepto de ese pueblo vasco por el que luchaba ETA. “Ermua es un pueblo que hace 40 años podía tener 700 habitantes y ahora pues tiene unos 15.000, de los cuales pocos son vascos, la minoría”. Por eso no entendieron el asesinato.

 

A estos tipos, que ejecutaban sin piedad amparándose en que Franco les condenaba a muerte, que hablan en nombre de un pueblo vasco al que ellos deciden quién pertenece y quién no, que no solo no han condenado los asesinatos de ETA, sino que excluyen de sus recibimientos a los presos que se acogieron a la vía Nanclares para pedir perdón a las víctimas, es a los que Sánchez e Iglesias han incorporado a su “bloque de dirección del Estado”, en palabras textuales del vicepresidente, al que nadie ha desautorizado desde el Gobierno.

 

Porque no nos engañemos, el acuerdo con Bildu, no se limita al voto en contra de las enmiendas a la totalidad de los presupuestos. “Nosotros vamos a Madrid a tumbar definitivamente el régimen”, como explicó el diputado de Bildu en el Parlamento Vasco, Arkaitz Rodríguez Torres, este sí vasco fetén, como demuestran sus apellidos. Ese pacto que Sánchez aseguró que nunca haría y que Pablo Iglesias celebraba el otro día chocando su codo con el de Mertxe Aizpurúa, lástima que el Covid no les permita abrazarse, la imagen hubiese sido mucho más enternecedora, no era necesario para aprobar los presupuestos como el relato oficial se empeña ahora en repetir. Bildu tiene solo cinco diputados y el Gobierno consiguió 198 votos en contra de las enmiendas. Echen cuentas. Un relato que empieza a parecer más bien la paranoia de un dipsómano, según la cual ahora Rufián y Otegui son gente de orden y de mano tendida, que aprueban las cuentas porque les interesa que todo funcione y España vaya bien. No como el PP, que quiere destruir el país.

 

Aprobar estos presupuestos de ciencia ficción, que disparan el gasto, prevén unos ingresos récord el año que viene en el que España experimentará una portentosa recuperación económica, la mayor de todos los países de la OCDE, fruto seguramente de un plácido sueño de una noche de verano en el nuevo colchón de Moncloa, en los que no hay ni una sola mención a reformas estructurales salvo la “modernización” del sistema tributario (léase subida de impuestos), es solo la excusa. Lo que realmente busca Pablo Iglesias, con la aquiescencia de Pedro Sánchez, al que cada vez resulta más evidente que solo le importa seguir en el colchón, aunque para ello tenga que destruir a su partido y a su país, es avanzar en la construcción de esa “república plurinacional” con sus aliados de ERC y de Bildu. Son todos ellos, junto con Podemos, defensores del totalitarismo comunista, ese gran bien supremo ante el que todo es lícito sacrificar, incluso la vida de 855 personas, varias de ellas miembros del PSOE.

 

El pasado 25 de mayo se celebró por primera vez el Día Internacional de los Héroes de la Lucha contra el Totalitarismo, aprobado por una resolución del Parlamento Europeo, a la que Podemos se opuso. Es un día que la Unión Europea, un continente que fue primero invadido por Hitler y luego por Stalin, con las dramáticas consecuencias que todos conocemos, ha querido señalar en el calendario como referente de esas plagas mundiales que marcaron la historia de Europa y de toda la Humanidad, el nazismo, el fascismo y el comunismo, para las que no debería quedar ningún resquicio en nuestras democracias.

 

Pero a eso es precisamente a lo que nos quiere llevar Podemos, con la ayuda de Bildu y ERC. A ese manido y ajado sueño del colectivismo soviético gracias al cual Lenin y Stalin, tan admirados por Pablo Iglesias y sus compadres, mataron de hambre y frío a más de 30 millones de rusos, 25 veces más de los que murieron en la segunda guerra mundial. Creo que no se puede explicar mejor de como lo hizo un día en Twitter el arquitecto coruñés Javier Pérez-Cepeda: “En cada generación hay un selecto grupo de idiotas convencidos de que el fracaso del colectivismo se debió a que no lo dirigieron ellos”.

 

En eso estamos. Con un vicepresidente que nos arrastra de la mano de Bildu hacia el marxismo al que el PSOE renunció en 1979 para convertirse en ese partido de Estado que tanto ha contribuido a nuestra reciente historia democrática. Y un presidente que mira para otro lado y nos sigue explicando, como hizo el otro día en Pamplona, lo bien que va España y lo mucho que está trabajando para ayudar a los empresarios, a los autónomos, a los parados y a los sanitarios, esos que según Simón se contagian porque se van de juerga en sus ratos libres. No hace falta que nos cuente Sánchez cómo va España, podemos verlo cada día. Ni que Ábalos nos aclare lo contentos que están en el PSOE con sus nuevos socios, mientras los presidentes regionales van camino de la farmacia a comprar antieméticos. Lo que hace falta es que nuestro Gobierno vuelva a la realidad y se olvide de relatos y de socios indeseables, totalitarios y asesinos. Si quieren se lo repito cinco o veinte veces.

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