Casa Escuela Santiago Uno, la oportunidad para más de un centenar de jóvenes en riesgo de exclusión

Ver album

Los chicos y chicas de la Casa Escuela Santiago Uno han abierto hoy las puertas del centro para mostrar a la sociedad salmantina del Proyecto Educativo que desarrollan. 

Jesús Garrote es el director de la Casa Escuela Santiago Uno, un proyecto que "a pesar de los grandes recortes en la educación, ha logrado mantener la oferta educativa y mantener los buenos resultados conseguidos por el alumnado". Hoy han celebrado una fiesta en la que han explicado su trabajo y han mostrado los resultados.

 

Este centro ofrece vivienda, educación y ocio a más de un centenar de chicos y chicas en régimen de protección judicial, menores infractores, jóvenes inmigrantes, o en riesgo de exclusión social. El proyecto incluye formación profesional, campos de trabajo y gestión del tiempo libre en actividades como la Escuela de Circo o el Club Deportivo, Escuelas Viajera Internacional o Voluntariado.

 

Alrededor de 60 profesionales trabajan con este colectivo juvenil, en diversas viviendas de acogida, el centro de Formación Profesional Lorenzo Milani y la propia casa Escuela Santiago Uno.

 

 

Los jóvenes, de entre 14 y 18 años, residen en 8 viviendas hogar de protección a infractores -7 en Salamanca y 1 en León-, y en la propia Casa Escuela y se forman en el C.P.I. Lorenzo MIlani como cocineros, camareros, mecánicos, soldadores y jardineros.

 

Pero el problema surje con los menores de 15 años, que aún no pueden hacer FP, y solo pueden ser matriculados en colegios convencionales, aunque la realidad, como indica el director de la casa Jesús Garrote, “es que no encajan en ese sistema educativo y acaban delinquiendo o fugándose o haciéndose daño a sí mismos, por eso nosotros les ofrecemos clases de diferentes perfiles profesionales y van descubriendo qué les gusta para luego encauzar la Formación profesional”.

 

En esta Escuela Santiago Uno se generan ámbitos educativos alternativos a la educación formal porque “algunos de estos jóvenes han hecho cosas malas, pero el 90 por ciento de su tiempo también es de justicia insistir en que saben e intenta hacer y aprender cosas. No queremos ser cómplices de lo que hacen mal, pero sí dar a conocer lo que hacen bien”, insiste Garrote.

 

 

Estos chicos y chicas necesitan que les vea “como personas que también merece la pena, que merece la pena, que se les ayude para que estudien una formación profesional y que ellos mismos puedan convertir los abusos o maltrato que han sufrido en fortalezas que curen rencores y recuperen ternura, y que esto llegue a la sociedad”.

 

Porque, como argumenta Jesús Garrote, la mayoría de ellos, “en la cuna no han aprendido a hacer las cosas bien, han vivido situaciones muy complicadas y para que no repitan esos modelos hay que darles una oportunidad diferente. Los círculos del mal se rompen dándoles cosas desproporcionadamente buenas y haciéndoles ver que es bueno dejarse querer”.

 

El director de la Escuela Santiago Uno asegura que “son recursos sociales válidos, son buenos soldadores, cocineros, cantantes… en la escuela tradicional no se les da la oportunidad de sacar lo bueno que tienen porque no se cree en ellos”. Este proyecto está dedicado, explica Jesús Garrote “a curar alas rotas de águilas, para lanzarlos a volar”.