Capilla "improvisada" en el cementerio de Salamanca: doce sacerdotes se turnan para despedir a 280 muertos en un mes

Todos los Santos en el cementerio San Carlos Borromeo

Desde el pasado 29 de marzo, un total de 12 presbíteros diocesanos se turna para celebrar la última despedida de cientos de personas.

Un total de doce sacerdotes se está turnando para prestar servicio religioso en el cementerio San Carlos Borromeo de Salamanca, donde los voluntarios han atendido la petición de familiares de 280 fallecidos en el último mes.

 

Según la información de la Diócesis de Salamanca remitida a través de su boletín diario de información relacionada con el coronavirus, la mañana del martes fue la primera vez "en semanas" que no tuvo que acercarse ningún sacerdote para ofrecer este servicio religioso, aunque sí que lo tuvo que hacer uno de ellos por la tarde, Leo Ramos, párroco de La Armuña.

 

Para esta tarea, desde el pasado 29 de marzo, un total de 12 presbíteros diocesanos se turna para celebrar la última despedida de cientos de personas. "A veces en soledad, por las circunstancias de esta pandemia, pero en la mayoría de los casos, con el límite fijado por el gobierno regional, de entre tres o cuatro familiares", ha reseñado la Diócesis en su boletín.

 

A través de esta misma información, el responsable de coordinar la labor, el vicario de Pastoral de la Diócesis de Salamanca, Policarpo Díaz, que también cubre el turno de la mañana de los martes, ha recordado que "al inicio de la pandemia, la Junta de Castilla y León publicó una disposición con la que se cerraban los tanatorios y se prohibía todo acto religioso en el cementerio".

 

Una situación, que, tal y como ha recordado, cambió hace un mes, cuando "el 29 de marzo se publica en el BOCYL una nueva disposición con la que se permite el ministerio del culto, y el acceso a tres familiares".

 

El vicario de Pastoral ha apuntado, a través de esta misma comunicación, que nada más conocerse, "comenzó a funcionar el equipo de diez sacerdotes que se habían ofrecido a realizar este rito de forma voluntaria" y, en lugar de centrar el responso en el tanatorio, comenzó a realizarse en una "capilla improvisada" en una carpa ubicada junto a una de las entradas del cementerio, con "más entierros en las primeras semanas".

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