Cálido homenaje a Juan José Aliste, el maestro del heroísmo que derrotó a ETA
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Cálido homenaje a Juan José Aliste, el maestro del heroísmo que derrotó a ETA

La viuda de Juan José Aliste, recibiendo la medalla de las víctimas de terrorismo de Castilla y León.

Mañueco destaca el ejemplo de Aliste, uno de los grandes fracasos de ETA que al querer matarle hicieron de él "un símbolo que, con su sola presencia, denunciaba la sinrazón de los criminales".

Un hombre de sonrisa eterna y lleno de optimismo. Así se ha recordado este lunes al comandante Juan José Aliste, fallecido en junio de 2020 y al que la Junta de Castilla y León ha entregado la Medalla a la defensa y atención a las víctimas del terrorismo de la Comunidad, a título póstumo, en un acto sencillo y emotivo al que ha acudido la familia del que fuera presidente de la asociación de víctimas del terrorismo.

 

El acto, pospuesto por la pandemia durante casi un año, ha consistido en la entrega de la placa a la viuda del militar, Consuelo Blanco. Aliste, que perdió las dos piernas en un atentando en Salamanca en 1995, se ha convertido durante años en un símbolo de la lucha antiterrorista. Aquello, como se ha recordado en el acto, lejos de terminar con su vida le convirtió en un emblema de la lucha por visibilizar a las víctimas del terrorismo frente a los terroristas y de diferenciar entre víctimas y verdugos. "Juan José Aliste fue uno de los mayores fracasos del terrorismo etarra", ha resaltado Fernández Mañueco, pues al querer matarle hicieron de él "un símbolo que, con su sola presencia, denunciaba la sinrazón de los criminales".

 

Por ello, el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, ha asegurado que "Aliste fue el mayor fracaso de ETA porque al querer matarle lo convirtió en un símbolo". Para el presidente regional, este es un acto "de reconocimiento, pero sobre todo, de estricta justicia" para un "maestro del heroísmo".

 

Según Mañueco, que ha recordado que tuvo al militar como superior en el servicio militar, Aliste "enseñó a valorar la vida y a mirarla de frente", ha resaltado en un acto con el que se ha querido reconocer "una vida dedicada a defender la libertad y también a luchar contra la intolerancia".

 

"Ante la violencia homicida y el sinsentido terrorista que nos lo quiso arrebatar, dio a todos un admirable ejemplo de vida y de firme voluntad", ha resaltado el presidente de la Junta sobre Aliste, de quien ha valorado "la enseñanza transmitida para no rendirse nunca, sacar fuerzas de flaqueza y mantener viva la esperanza gracias a sus convicciones y su carácter".

 

Entre las autoridades presentes, han estado el delegado del Gobierno en Castilla y León, Javier Izquierdo, el presidente de las Cortes Regionales, Luis Fuentes, el consejero de Presidencia de la Junta, Ángel Ibáñez, el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León, Sebastián Nogales, el alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo, y el presidente de la Diputación Provincial, Javier Iglesias.

 

Su trayectoria

Aliste, zamorano pero afincado en Salamanca, fue víctima de un atentado de ETA en 1995. La banda terrorista le colocó una bomba lapa en los bajos de su coche que explotó junto a la plaza de Toros de la Glorieta de la capital salmantina. La bomba destrozó el coche en el que llevaba a su hija y a otros tres compañeros al instituto, y del que se habían bajado segundos antes, y a él le costó la pérdida de las dos piernas.

 

 En 2015 la Audiencia Nacional condenaba a 100 años de prisión al etarra Sergio Polo Escobés por el intento de asesinato. El tribunal juzgó este atentado de Salamanca, después de que la Fiscalía solicitara la reapertura de la causa en 2013 tras haber recibido un informe policial que apuntaba a la posible autoría de Sergio Polo. El caso había sido sobreseído de forma provisional en 1997 por falta de autor conocido.

 

Los magistrados consideraron probado que Polo colocó en la madrugada del 10 de noviembre de 1995 en los bajos del coche del capitán de Infantería un artefacto explosivo, con más de 1200 gramos de clorato sódico y 800 gramos de multiplicador de alto explosivo. "La posibilidad de que en el citado vehículo pudieran montar otras personas no le hizo desistir de su propósito criminal, asumiendo el riesgo que de tal acto se derivaba para las personas y los bienes", señalaba la sentencia.

 

Tal y como explicaron en el juicio los amigos de la hija del capitán, esa mañana Aliste les recogió "más pronto que de costumbre" para llevarles al Instituto, en cuya puerta les dejó a las 8.20 horas. El coche arrancó y tras recorrer unos cien metros, escucharon el estallido de la bomba, que causó heridas de gravedad al militar por las cuales sufrió la amputación de las dos piernas. Los sanitarios le colocaron prótesis en ambas extremidades inferiores y desde entonces usaba silla de ruedas.