"Cada semana de nuestra vida se inicia con un Domingo de Ramos"

Asunción Escribano (Foto: De la Peña)
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Asunción Escribano ha sido la pregonera de la Semana Santa salmantina. En un discurso marcado por el sentimiento y la fe en Jesús de Nazaret, la poeta ha hecho un símil entre la vida y las dos procesiones que entraban en Jesrusalén el Domingo de Ramos, una era Pilatos que exhibía poder y la otra Jesús del amor y del perdón, "con cada uno de nuestros gestos elegimos una opción".

Un teatro Liceo abarrotado. Así, se presentaba la tarde en la que Asunción Escribano, profesora de la Universidad Pontificia de Salamanca, poeta y escritora hacía, el que probablemente haya sido su 'paseíllo' más emocionante. Una sala repleta hasta la bandera, no faltó nadie, cofrades, hermanos, amigos, familiares...daban paso a una noche llena de emoción que sirve como aperitivo al inició de la semana más importante de los salmantinos, La Pasión.

 

Abría escena el presidente de la Junta de Cofradías, José Arián Cornejo, quién ha querido recordar que este 2017 cumplen 75 años desde su primera reunión que comenzaría a proclamar la Semana Santa salmantina hasta convertirla en una bien de Interés Turístico Nacional. "Ahora nos corresponde a nosotros mantener la tradición, continuar sumando con el mismo esfuerzo, dedicación, amor, respetar el trabajo realizado por quienes nos procedieron y lucharon por dejarnos una semana bien estructurada y organizada"

 

José Adrián Cornejo, presidente de la Junta de Cofradías (Foto: De la Peña)

 

Sin más y ante una presentación modélica por parte de Francisco Javier Blázquez, comenzó su pregón Asunción Escribano bajo el manto de María Auxiliadora con quien ha crecido como creyente y catequista. Cargado de sentimiento y sobre todo basado en la fé que hoy por hoy siente por Jesús. "Jesús de Nazaret, que murió en la Cruz, ha resucitado. Así lo creo y lo proclamo con la convicción profunda de que nos habita la Luz, de que la Luz nos protege, nos espera y nos contiene", ha explicado.

 

"He llegado a la Semana Santa, como la fe, de la mano del Señor. He creído porque me han esneñado. Fui bautizada por expreso deseo de quienes también me dieron la vida. Ellos me lo anunciaron y luego Él me miró a los ojos. Vengo a alabar al Dios de las Bienaventuranzas que sufre en cada talla y en cada hermano penitente. Vengo a pregonar no a un Dios grande y poderoso, sino cálido y cercano como solo puede serlo el Dios de la Pasión de Cristo. A ese Dios evangélico y Padre nuestro es al que me dirijo y pregono. Un Señor de amor y paz, de misericordía y perdón, que habita en todos nosotros".

 

Escribano ha querido hacer un símil entre la vida y la religión: "En la procesión del Domingo de Ramos está representada nuestra historia y la del mundo: O se alimenta la paz o se adiestra para la guerra, cada uno con sus actos, con nuestros gestos incluso, elegimos una opción. Cada semana de nuestra vida se inicia con un Domingo de Ramos".