'Bautismo de fuego' para las reses del hierro De Castro en San Domingo

Herradero en la gandería De Castro (Foto: Alejandra Vázquez)
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Mañana de herradero para casi una veintena de animales de la ganadería de De Castro (Salamanca), en el que el propio ganadero y sus amigos fueron los que sellaron a cada uno de los animales .

herradoDicen en el mundillo que es el primer 'acto litúrgico' del ganado bravo. Sin duda, es "el día más grande de un ganadero". Liturgia y fiesta se dan la mano en la explotación de la ganadería de Castro de la Iglesia, en San Domingo (Salamanca), a escasos kilómetros de Linares de Riofrío, en el herradero de casi una veintena de cabezas, la mayoría becerras (10 F1 y 8 charolesas).

 

El herradero es la identificación definitiva de cada becerro cuando son separados de sus madres, lo que suele hacerse entre los seis meses y un año. En torno a medio centenar de personas se han dado cita en la finca de Germán de Castro, al frente de la ganadería, en una tarea de campo que es de las más sobresalientes en la vida del animal. "Es importante para nosotros, sí. Enseñas lo mejor de tu ganado y lo muestras a tu gente", dice en un momento de descanso entre herrado y herrado.

 

De Castro comparte la tarea junto a algunos amigos y familiares que se encargan de marcar los números. Una a una todas son marcadas a fuego con el hierro de la ganadería en el anca y la numeración correspondiente: El último dígito del año en que han nacido y los números correlativos de la ganadería, explica el conocido ganadero.

 

herradoLa tarea de marcado del hierro no es fácil. Antiguamente, varios hombres sujetaban a la res mientras otro la marcaba. Hoy se inmoviliza al animal en un cajón de hierro.

 

Un espléndido 'bautismo' que después del duro trabajo es regado todo con vino y licores para las buenas viandas, carnes y dulces de la tierra de la panadería que el invitado a esta historia posee. Un día inolvidable, alegre, gratificante para quienes tienen puesta su ilusión en las reses bravas que deben pasar por el tamiz de la marca a fuego, echando un olor acre a pelos característico de la función, antes de enfrentarse al futuro. 

 

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