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Así sobreviven las librerías de la provincia al confinamiento: "Trabajamos mediante cita previa"

Estos pequeños locales culturales viven una incertidumbre económica por la crisis generada por el coronavirus. Lo cuenta la librera, Ana Rodríguez Zarza, quien atiende a sus habituales clientes con cita previa. 

Ana Rodríguez Zarza, librera en Linares de Riofrío

Rincones llenos de libros elegidos a conciencia, los consejos del librero, el olor de la literatura más pura. Sí, las librerías de pueblo son especiales. Tienen una esencia distinta a la de las grandes superficies y completamente inexistente en los sitios web de vendedores a gran escala. Nada más abrir la puerta nos encontramos con Ana Rodríguez Zarza, dedicada al oficio desde hace más de 29 años. 

 

Su pequeña librería, ubicada en el municipio salmantino de Linares de Riofrío, contribuye a formar el tejido social, cultural y económico. Sus estanterías son una tarde de entretenimiento perfecta. En circunstancias normales, las puertas de este pequeño lugar están llenas de vecinos haciendo barrio. Hay un trato personal que muchas veces se convierte en amistad y cariño.

 

Como a muchos otros negocios, le ha 'salpicado' de lleno la fase 0 del plan de desescalada de la pandemia de coronavirus que arrancó ayer y los primeros afectados en el sector cultural son librerías y archivos. El plan contempla que se pueda acudir a ellas, previa cita, a pedir y pagar los libros que uno quiera. Esta es la teoría. En la práctica, "aún muchas incertidumbres", lamenta mientras gestiona algunos pedidos.

 

 

No hay un protocolo claro sobre cómo deben funcionar, "yo por ahora tengo la puerta cerrada", señala Ana. Entienden que deben funcionar como si fueran un comercio 'online', "pero con entrega en mano". Es decir, que se pide cita previa a través del teléfono 676 224 403 y, una vez acordada, al cliente se le entrega y cobra el libro. "Que las librerías pueden atender, pero sin abrir".

 

¿Y el lector que está acostumbrado a curiosear en las estanterías? Deberá esperar. "Creemos que eso no podrá hacerse hasta el día 11 de mayo, cuando reabra el pequeño comercio, aun así no lo vamos a permitir, en mi caso he encargado una mampara y se tomarán las medidas sanitarias oportunas para evitar contagios", añade. Está esperando a ver si se publican esas medidas.

 

Estos espacios, como muchos otros a nivel nacional, llevan ya más de un mes cerrados, y eso, sin duda, hará mella en sus economías. "Las épocas fuertes para nosotros son los puentes, el cole, Semana Santa y verano... y todo esto se nos ha terminado". Le preocupa sobremanera el problema de las grandes plataformas. ¿Se ha agravado durante el confinamiento? Como en el mismo pedido permiten agrupar muchas cosas, y muy distintas, "nos han hecho mucho daño". 

 

Le gustaría que la gente fuera consciente de que hay que ayudar al pequeño comercio porque, si no, al final "nos quedaremos sin tiendas en los pueblos y a todos nos gusta poder tener las cosas a mano". Ana no podría vivir solo de la librería, "el mundo rural es el gran olvidado por mucho que quieran contarnos lo contrario".

 

Finalmente, le preocupa cómo va a ser la nueva normalidad: los eventos, la experiencia de compra y, sobre todo, la crisis. "Si la gente no tiene dinero, la tienda no funcionará como ha estado funcionando hasta ahora, es la 'pescadilla que se muerde la cola'." Mientras tanto, Ana seguirá vendiendo cultura para la vida que, poco a poco, sigue pidiendo paso.