Así ha sido la abdicación del emperador Akihito de Japón

A la izquierda, Akihito de Japón (Foto: E. P.)

Se trata de la primera abdicación en más de 200 años del Trono del Crisantemo.

Este 30 de abril, Japón pasará a la historia. El emperador Akihito ha cedido, en vida, su trono a su primogénito Naruhito. Se trata de la primera abdicación en más de 200 años del Trono del Crisantemo. Lo ha hecho en una ceremonia celebrada en el Palacio Imperial precedida por varios ritos milenarios.

 

En este acto televisado, el emperador Akihito pronunció su último discurso para presentar su renuncia y despedirse tras 30 años de reinado. La ceremonia fue sencilla y breve pero llena de simbolismo. El emperador entró vestido de frac con un solemne silencio.

 

Unos pasos detrás llegaba su esposa Michiko, de la que ha sido inseparable durante 60 años de matrimonio. En presencia de los emperadores y ante un público compuesto por los principales líderes de los poderes de Estado, los chambelanes imperiales depositaron junto al emperador, los símbolos del trono: la joya Yasakani-no-Magatama y la espada Kusanagi-no-Tsurugi.

 

Según marca la tradición, ambos, fueron entregados por la diosa del Sol Amaterasu a sus descendientes, la familia imperial nipona. Además, son muy sagrados para que nadie, ni los emperadores, puedan verlos. Los chambelanes los llevaban en cajas, forradas en tela con dibujos ocres y blancos, cerradas con un lazo morado.

 

Además de esto, también colocaron los sellos imperiales: el del Estado y el de palacio. Ambos también estaban guardados en cajas, envueltas en una tela de color púrpura. El procedimiento de sucesión continuará mañana, miércoles. Naruhito asumirá el trono, en una ceremonia que, como la despedida de su padre, tendrá lugar en el Salón del Pino.

 

Será muy similar al día de la abdicación, pero habrá algunas diferencias: en la primera parte, la tradición prohíbe que puedan estar las mujeres de la familia imperial. Por tanto, solo podrán asistir los representantes masculinos adultos. En cambio, como parte de la representación del Gobierno, la ministra Satsuki Katayama, la única mujer en el Ejecutivo nipón.

 

En esta ceremonia, Naruhito recibirá los tesoros imperiales, como señal de que la sucesión es legítima. Más tarde y con la presencia de su esposa, Masako, pronunciará un discurso en el que dejará saber cuáles serán sus prioridades en esta nueva era.