Así es el día a día y la nueva normalidad de una persona sordo ciega en Castilla y León
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Así es el día a día y la nueva normalidad de una persona sordo ciega en Castilla y León

ASOCYL reunidos tras el confinamiento.

ASOCYL y la ONCE relatan a TRIBUNA la dificultad de este colectivo para hacer una vida normal después de lo más duro de la pandemia

La ‘nueva normalidad’ ha sido una incógnita para todos, pero algunos la esperaban con mayores pretensiones. Y es que esta ha sido más difícil para unos que para otros, como son los invidentes y las personas sordo-ciegas. ¿Cómo es la vida para una persona sordo-ciega en la nueva normalidad? ¿Cómo hacen para comunicarse ante las medidas higiénico sanitarias impuestas? ¿Cómo se sienten? ¿Pueden los invidentes respetar la distancia de seguridad?

 

ASOCYL, la Asociación de sordo-ciegos de Castilla y León, tiene su sede situada en Valladolid. El asistente personal de la presidenta de la Asociación, Patricia Zorita, sordo-ciega, cuenta a TRIBUNA la rutina y el día a día de una persona en estas condiciones.

 

Hay que recordar que la persona sordo-ciega se comunica a través del tacto. Es decir, necesita tocar para poder transmitir, informarse y enterarse de las cosas. Pero esto con la nueva norma de seguridad de dos metros de distancia no es demasiado fácil de llevar a cabo.

 

Desde la Asociación afirman que “realmente lo están llevando muy mal". "Ellos necesitan percibir lo que hay alrededor con el sentido del tacto”, aseguran. Además añaden que aquellas personas que tienen visibilidad reducida antes podían intentar leer los labios, pero que “ahora con las mascarillas no pueden”.

 

Desde la Asociación les intentamos transmitir lo que pasa a su alrededor”. Porque lo más importante es que no se apodere de ellos el miedo. Antes del confinamiento podían hacer “actividades presenciales y juntarse con sus iguales y comunicarse”. Gracias a estas sesiones informativas ellos sabían lo que estaba pasando en Wuhan, por lo que no les ha pillado por sorpresa.

 

Con asombro han vivido la pandemia, en la que se han tenido que cancelar las actividades presenciales que tanto les valían a ellos. "En la asociación no nos sentimos personas sordo-ciegas”, pero ahora sí lo sienten, confirma el asistente.

 

AYUDA NECESARIA

En la misma línea comparte su opinión Ismael Pérez, delegado de la ONCE en Castilla y León. "El confinamiento ha sido una época angustiosa con una situación difícil”, dice. Sin embargo, desde la ONCE supieron adaptarse bien a la situación y emitieron un plan de emergencia en el que a través del teléfono los invidentes tenían asistencia psicológica. Presencialmente, podían asistir un grupo de voluntarios para ayudarles o comprarles algún producto de primera necesidad.

 

Desde ASOCYL también asistían personas a los domicilios, dado que muchas de estas personas inválidas viven solos. Los ayudaban a ir a la compra o alguna otra tarea que tenían que realizar pero que no podían hacer solos. “Prácticamente vivíamos en su casa, reclamábamos pases terapéuticos para que los dejaran salir a la calle acompañados”, pero eso nunca pasó.

 

La asociación recuerda que es un colectivo muy pequeño por lo que lo tilda de “insignificante”. No obstante, por muy desapercibido que pase, son los que realmente necesitan medidas nuevas para ellos, con “pequeñas adaptaciones”.  Aunque también insiste el asesor en que ellos no quieren ningún privilegio, “sólo quieren lo mismo que los demás”.

 

NUEVA NORMALIDAD

Aunque antes también necesitaban ayuda para realizar actividades cotidianas, ahora la situación se ha agravado. Porque encima muchos de ellos “viven con miedo”. Incluso hay personas que tienen tanto que siguen en un confinamiento en su domicilio del que no han podido salir.

 

Los más atrevidos se reúnen en cafeterías de vez en cuando y se comunican entre ellos con las manos, siempre con el gel desinfectante muy cerca. Además, ahora las actividades han pasado a ser individualizadas en el propio domicilio de cada uno, por lo que “ya no están tan informados como lo estaban antes, ellos te preguntan muchas cosas”.

 

Desde la ONCE regresaron a sus puestos de trabajo el 15 de junio, y “la vuelta fue muy esperanzadora”, concluye el delegado. Aunque es verdad que las ventas han caído con respecto al año pasado, ellos siguen con la misma ilusión y “con una sonrisa en la cara”.

 

Además, para ayudar más a los trabajadores invidentes, se les ha facilitado un manual de consejos en los que se insta a usar el bastón, tocar las cosas lo menos posible y comunicarse por la voz sin necesidad de tocar o arrimarse a nadie. Como Pérez dice “con sentido común y prudencia, sabiendo cuáles son sus limitaciones”.

 

Lo que sí reclaman desde la ONCE es la pérdida de accesibilidad puesto ya que aseguran que “las terrazas se han expandido” y esto para una persona invidente es más complicado. Apenas tiene sitio por donde caminar y no está delimitado por ninguna indicación ni dentro de ningún perímetro.

 

Ambos colectivos seguirán luchando porque se les dé más importancia y tengan en cuenta todos sus reclamos. Mientras tanto, seguirán caminando muy despacio pendientes de todo lo que pase a su alrededor.