¿Arde París?
Cyl dots mini

¿Arde París?

Imagen del rapero Pablo Hasél durante su detención el lunes.

¿Arde París?, preguntaba Hitler a sus generales en 1944. Quería saber si Von Choltitz había cumplido su orden de destruir la ciudad. ¿Arden las calles?, se preguntan ahora en Podemos. A diferencia de Hitler, al que su general no quiso obedecer, Iglesias y compañía pueden estar satisfechos. Sus huestes “antifascistas” llevan varias noches arrasando ciudades, quemando contenedores, semáforos y vehículos particulares, desvalijando pequeños comercios y aterrorizando a esos vecinos que se levantan cada día para ir a trabajar entre los cascotes y el mobiliario urbano carbonizado que pagan con sus impuestos.

 

"Todo mi apoyo a los jóvenes antifascistas que están pidiendo justicia y libertad de expresión en las calles. Ayer en Barcelona, hoy en la Puerta del Sol", clama Echenique en las redes. "Rapear no puede ser delito y manifestarse en solidaridad con Hasél no puede conllevar el riesgo a perder un ojo. Nuestra solidaridad con las víctimas y represaliadas por la actuación de los Mossos", corea Jaume Assens. Curiosa forma la de estos tipos de entender la libertad de expresión y el derecho a manifestarse.

 

No lo puedo expresar mejor que como lo ha hecho Joaquín Luna en La Vanguardia: “Decir que en España se enchirona por cantar es tan demagógico y fake new como lo sería decir que los miembros de la manada cumplen condena porque España penaliza las prácticas sexuales”. Soy un convencido defensor de la libertad de expresión, y también del derecho de manifestación. Pero animar a pegar tiros en la nuca no forma parte de la primera, ni quemar la moto de un ciudadano o saquear el comercio de un autónomo, y más con la que está cayendo, de lo segundo.

 

Desde Podemos y desde algunos medios se están afirmando -ya sé que no es novedad- cosas que, por decirlo suavemente, no son ciertas. Hagamos un breve repaso. Lo primero, creo, es poner los hechos en su contexto. En 2014, Hasél ya fue condenado a prisión por la Audiencia Nacional por enaltecimiento del terrorismo. Decía entonces la sentencia que “no es admisible en el ámbito de la libertad de expresión incitar a la violencia, o realizar un discurso de odio", como es la alabanza o justificación de acciones terroristas y "el deseo de nuevas actuaciones de los grupos terroristas". Esta condena fue suspendida y no entró en prisión al no tener, en aquel entonces, antecedentes penales. Pero en 2018 volvió con la mula al trigo, empeñado en aplaudir a ETA, al Grapo y a Al Qaeda, animándolos a cometer nuevos atentados. Y claro, le condenaron de nuevo por enaltecimiento del terrorismo.

 

Pero esta vez la situación era diferente. Primero había reincidido en el delito y, además, había sido condenado en 2017 por resistencia a la autoridad (agredió a un policía) y en 2018 por allanamiento de un local. Por eso, esta vez la Audiencia Nacional rechaza la nueva petición de suspensión de la ejecución de la condena, y explica sus motivos: "Con este historial delictivo resultaría absolutamente discriminador respecto de otros delincuentes, y también una grave excepción individual en la aplicación de la Ley, totalmente carente de justificación, la suspensión de la ejecución de la pena a este penado".

 

Bueno, pues estos son los hechos. Vayamos ahora a las chorradas. Y sobre este asunto se han dicho muchas, pero creo que podemos agruparlas -por hacerlo breve- en dos categorías. La primera es lo de que este “artista” va a ir a prisión por injuriar a la Monarquía. Pues resulta que en el ordenamiento jurídico de esta “democracia imperfecta” de la que Pablo Iglesias es vicepresidente, el delito de injurias a la Corona no se castiga con prisión, solo con multas. Lo dice, negro sobre blanco, el artículo 491 del Código Penal. Así que nadie ha ido, va, ni puede ir a prisión por cometer este delito.

 

La segunda chorrada, por no decir mentira, es eso que repiten machaconamente desde Podemos de que el “artista” va a ir a la cárcel por culpa de la “ley mordaza”, que es como llaman estos “demócratas” a la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, de julio de 2015. “Esta condena es una demostración más de que en este país la libertad de expresión está asfixiada desde que se aprobó la ley mordaza”, decía el otro día Isabel Serra. Por cierto, ella también fue condenada a 19 meses de prisión y su condena fue suspendida. En su caso, agredió a varios policías municipales, empujándolos y lanzándoles objetos contundentes, mientras le gritaba a un agente "¡Hija de puta, puta, zorra, que te follas a todos los policías municipales! Si fuera tu hijo tendría que coger un arma y pegarte un tiro''. Llámenme loco, pero aquí me parece ver un patrón. Una pena que Isa no diga estas cosas rapeando.

 

Bueno, a lo que vamos, Isabel y demás camaradas… En España, nadie va a prisión por la ley mordaza. Esa ley, como no puede ser de otra forma, solo impone multas. La única ley por la que se puede enviar a alguien a prisión en España es el Código Penal. Y es precisamente por ese Código Penal por el que se condena ahora al rapero. Por enaltecimiento del terrorismo, no por esa brillante y original expresión artística de llamar “bobón” al Borbón. ¡Que despliegue de genialidad y talento lírico!

 

Por cierto, que este paladín de la libertad de expresión fue condenado también en junio del año pasado a seis meses de prisión por un delito de lesiones. ¿Agredió otra vez a uno de esos policías fascistas de los que nos quiere liberar para instaurar una república popular? No, fue a un periodista. Claro, pero sería seguramente a uno de la COPE, Ok Diario o algún otro medio fascista de esos que no creen en las libertades, pensarán ustedes… Pues no, era un periodista de TV3, al que empujó, roció con un líquido de limpieza e insultó cuando trataba de informar sobre la protesta de unos trabajadores y profesores de la Universidad de Lleida contra la ocupación del despacho del rector por parte de unos “estudiantes”. Y lo entrecomillo porque entre ellos estaba el rapero matón, que no estudia en esa universidad, ni en ninguna otra.

 

Por su parte, Pablo Iglesias y su partido siguen empeñados en controlar los medios de comunicación, porque según dice el vice, “a los medios no los vota nadie”. Mienten de nuevo. A los medios los vota todos los días la gente, cuando decide si lee este u otro diario, qué radio escucha o qué televisión ve. Y el que no tiene audiencia, pues cierra, salvo si lo mantiene Podemos con su dinero de dudosa procedencia, como hace con esa web que dirige la camarada Dina, o si tenemos que pagar entre todos una televisión pública para que la controle él. En una democracia plena, amigo Pablo, son los medios los que controlan al Gobierno y no al revés. Y piénsatelo dos veces antes de decir tonterías, porque si la medida de lo democrático que es un partido son los votos, VOX tiene más que tú.

 

Esta es la forma de entender la libertad de expresión de esta gente, igual que su forma de entender la libertad en general y la democracia. Repiten esa letanía que ahora se ha convertido en eslogan de la “democracia imperfecta” y se escudan en que España es poco menos que un Estado fascista para tratar de no cumplir las leyes. Pero precisamente cumplir las leyes es el primer requisito de la democracia. Y tan fascista no debe ser este Estado si Iglesias está en el Gobierno, y Otegui y Rufián en el Parlamento. Pero mientras tanto, entre mentiras y chorradas, a destruir y a quemar las calles. ¿Arde París? Pues estamos en ello, Herr Pablo.