Aquellos maravillosos años…

Los efectos de la crisis duplican la cifra de parados desde el año 2006 hasta la actualidad tomando como referencia hasta el mes de octubre

Los devastadores efectos de la crisis económica arrojan una cifra de parados récord en la provincia de Salamanca, con 35.899 personas que han perdido su empleo hasta el mes de octubre del presente año 2012, número que representa un nuevo récord, pero negativo, olvidando ‘aquellos maravillosos años’, cuando la economía indicaba baremos positivos.

Echando la vista atrás, Salamanca observa como tan solo hace seis años, en 2006, la cifra de personas sin ocupación era de 17.747, dato que indica que la crisis se ha cebado con la provincia de Salamanca al duplicar esta cantidad en el mes de octubre de 2012 hasta los casi 36.000 parados.

De hecho, la evolución desde 2006 hasta 2012, tomando como referencia hasta el mes de octubre, indica unas cifras negativas para la población y positivas en el incremento de la cifra de parados hasta duplicar estos valores.

Así, en 2006, los salmantinos en paro eran 17.747, cifra muy similar a los 17.800 del año siguiente, 2007, con un aumento hasta los 21.238 del ejercicio 2008. Precisamente, el año siguiente, 2009, refleja la mayor subida de todas hasta los 26.541, por los 29.513 de 2010 y los 30.967 de 2011, disparándose hasta cifras récord en la actualidad y unas perspectivas poco halagüeñas.

Esto es lo que indican las cifras del ministerio de Empleo, que reflejan además que el sector que más sufre estos daños es el de los servicios, con un porcentaje que supera el 60% en todos los ejercicios analizados. En la actualidad, de los casi 36.000 parados, 22.352 pertenecen al sector servicios cifras que se mantienen en la misma proporción en años pasados.

Y es que la provincia tiene en el turismo la fuete principal de ingresos y por ello es uno de los sectores más castigados, seguido de la construcción o de los colectivos que no tenían un empleo anterior.

Por ello, la provincia anhela aquellos maravilloso años en los que el desempleo se movía en unos niveles asumibles y no se disparaba hasta las ruinosas cifras actuales.