Ana tapa bocas con Jesús Nazareno a hombros: "Me dijeron que nunca sería como mi padre, que una mujer no podría cargar el paso"
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Ana tapa bocas con Jesús Nazareno a hombros: "Me dijeron que nunca sería como mi padre, que una mujer no podría cargar el paso"

Ana junto a su padre de nazarenos antes de procesionar

Ana Sánchez ha vivido la evolución del papel de la mujer dentro de la Semana Santa charra. Esta es su historia como nazarena, poco antes de cargar el paso el Viernes Santo. 

Ana Sánchez Palomero es salmantina y tiene 21 años. Su historia con la Semana Santa comienza desde muy pequeñita, "cuando tenía cuatro años". Su padre siempre había querido tener una hija nazarena y con ella pudo cumplir su deseo. "Mi hermana, mayor que yo, nunca tuvo ese espíritu, no tiene devoción aunque siempre lo ha respetado", dice que "no le entró el hormigueo que nos entra a los nazarenos".

 

Una historia que pasa de generación en generación. "Cuando murió mi abuelo mi padre tomó su relevo. Todo lo que le había enseñado lo puso en práctica". Para Ana lo más importante es "la preparación del paso". Recuerda que la levantaban por la cintura con apenas cinco años, "podía tocar los hombros del propio paso". 

 

Por aquel entonces tenía que ver la procesión desde la calle junto a su madre. En el 2007 se hizo hermana, "empecé a procesionar delante del paso junto al resto de niños", llevaba la túnica de su abuelo que después también llevó su padre, uno de los recuerdos "más bonitos" que tiene. "Cuando somos pequeños no entendemos nada, pero a medida que va pasando el tiempo todo cobra sentido", ahonda. 

 

Hay gente que lo hace "por esperanza hacia algo, fe... en mi caso es la forma de conectarme con los que ya no están... se van familiares y amigos. Tú te vas a meter ahí debajo, vas a perjudicar tu cuerpo y tu salud y de alguna manera se compensa"

 

Ana Sánchez ha tenido la posibilidad de vivir la evolución del papel de la mujer en la Semana Santa charra. "Ha sido una trayectoria que he vivido. Cuando era pequeña las mujeres estaban muy mal vistas dentro de la hermandad como nazarenas. En 1982 fue la primera vez que salió una nazarena en cruz, el resto era la esposa que estaba en casa e iba a ver la procesión mientras el marido acababa de trabajar".

 

Después la cosa fue cambiando, "se involucraron muchas niñas", pero tuvo que escuchar como una persona le dijo "que yo nunca iba a ser como mi padre, que nunca podría cargar porque las mujeres nunca iban a entrar en el paso. Cuando lo hice por primera vez me acordé de él", lamenta. Costó mucho pero finalmente se consiguió. "Hoy en día ya se permite la carga". 

 

Una noticia que se ve empañada por la lesión que sufre su padre en la espalda y que le impide procesionar de por vida. "Soy su legado, su esperanza, un trocito de él va debajo del paso del nazareno", dice con la voz entrecortada. Está muy comprometida, pero "se siente huérfana, me falta él". Es su Viernes Santo más difícil, aunque no le falta fuerza para mandar un mensaje a su progenitor: "Tus kilos son los míos, los llevo por los dos, hoy por hoy me vale la pena".

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