Álvaro de Arriba busca en una nueva final la medalla un día de gloria

Álvaro de Arriba disputa la cuarta final de sus cinco últimas grandes citas internacionales: instalado en la élite, no renuncia a nada en la carrera que ha estado preparando desde hace nueve meses.

Álvaro de Arriba disputa este sábado (20.30 horas) una nueva final de máximo nivel. Es la cuarta en sus últimas cinco grandes competiciones, lo que le confirma como miembro de pleno derecho de la élite del 800. El salmantino ha conseguido que su presencia en las carreras donde se compite por la gloria sea una costumbre, y eso es de por sí un enorme logro para un atleta que acaba de cumplir 24 años. Pero el mediofondista charro es un atleta que se caracteriza, como todos los de la nueva hornada del atletismo español, por ser un total inconformista. Por supuesto, no le vale con finales y quiere medallas.

 

Él mismo es el primero que lo dice con frecuencia. En un país donde sólo valen las medallas, de poco sirven las grandes marcas o los puestos de finalista. Sí, son importantes, sin esos ingredientes es imposible llegar a los puestos de honor. Pero lo que se recuerda es el color del baño de la 'chapa' que te traes de cada competición. De Arriba lo sabe bien. Su bronce en el Europeo indoor de Belgrado, los dos títulos nacionales de este año, hasta el oro de los Juegos del Mediterráneo... quedarán más que el impresionante quinto puesto de la final del Mundial bajo techo de Birmingham hace sólo unos meses.

 

Aquella cita ha marcado su temporada. No era el objetivo del año, que no es otro que este Europeo, pero llegaba en un gran momento. Tenía una de las mejores marcas mundiales del año y se había medido de tú a tú con los grandes. La pista cubierta es, a veces, la ocasión porque fallan algunos de los intocables. Y a nadie le amarga un dulce, pero no pudo ser: un inoportuno catarro lo impidió. Se quedó 'sólo' en un excepcional quinto puesto, con el regusto de ver a un rival directo subido al podio que soñaba.

 

Ahora, las tornas han cambiado. De Arriba llega al día para el que se ha estado preparando desde que empezó a entrenar hace nueve meses en Sierra Nevada. Lo hace como finalista de pleno derecho, igual que hace dos años cuando fue séptimo en su primer Europeo con 22 años recién cumplidos. Allí inició una racha de finales internacionales que, desde entonces, sólo ha interrumpido en sus primeros Juegos y en su primer Mundial. El resto, todo finales y una medalla. Ahora quiere otra.

 

No va a ser fácil como se ha visto en las series previas. La primera eliminatoria la cubrió con solvencia a pesar de la tensión. Le tocó una semifinal durísima, con los que probablemente son los dos máximos aspirantes al oro, nada menos que el vigente campeón del mundo (Bosse) y el vigente campeón de Europa y campeón mundial este invierno bajo techo (Kszczot). Tuvo nervios y la irrupción de un rival inesperado en plena recta estuvo a punto de truncar la final. Pero pasó el exigente corte.

 

Ahora está en el lugar y la situación para la que ha estado entrenándose 270 días. En altura, con frío, con nieve, con lluvia, con calor: esa ha sido su rutina. De Arriba considera vital prepararse para el menú de las grandes competiciones, tres carreras en tres días, tres esfuerzos en medio de nervios, codazos y esprines que se le atragantan a muchos. El reto se ha llevado por delante nada menos que al atleta con la mejor marca del año, Saúl Ordóñez, que no estará en la final donde De Arriba será el único español. Pero no al salmantino que ahora está donde quería.

 

La final se antoja complicada, pero tiene sus bazas. Kszczot y Bosse son los favoritos, pero no intocables. Y entran en las quinielas casi todos, desde el renacido Kramers y el austriaco Bube a los otros dos polacos. Lo normal será una carrera 'perra', de campeonato; habrá que ver si conviene ir atrás o no, si hay que marcar a los atletas a seguir u olvidarse de todo. Eso está ahora sólo en su cabeza y en sus piernas. El momento de los nervios también pasó, ya no hay nada que guardarse, es una carrera dura en la que todo se jugará en un último sprint. De eso va sobrado el salmantino y sobre esos cimientos puede construir su día de gloria.

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