Alonso vuelve a ganar y la polémica regresa también a la Fórmula Uno

SEGUNDA VICTORIA. Después de la de Bahréin y los Ferrari confirman una importante evoución
EFE / HOCKENHEIM

Fernando Alonso volvió a conseguir la victoria, indiscutible, en el Gran Premio de Alemania, en una jornada que debería ser de alegría y que convirtió el podio en un funeral y la polémica regresó a la Fórmula Uno con las órdenes de equipo, que siempre han existido y existirán.

La carrera fue dominada de principio a fin por los Ferrari de Fernando Alonso y del brasileño Felipe Massa, en cabeza de la prueba desde la primera curva, pero las formas han aguado el éxito.

En la salida Alonso fue encerrado contra el muro por el alemán Sebastian Vettel (Red Bull-Renault), que partía primero y mal, y eso permitió a Felipe Massa hacerse fácilmente con el primer puesto al llegar a la primera curva.

Una de las claves de la carrera estuvo en la vuelta vigésimo primera de las 67 de que constaba, cuando Massa y Alonso se aprestaban a doblar al alemán Adrian Sutil (Force India) en la horquilla siguiente a la curva parabólica. El brasileño se atravesó ligeramente en la frenada y Fernando se lanzó al interior de la curva. Los Ferrari se emparejaron a la salida, pero Massa logró mantener la posición después de que los dos coches estuvieran muy cerca de tocarse. Si el brasileño hubiese cedido al verse superado el final de la carrera habría sido muy distinto.

Alonso y Massa se dedicaban a realizar vueltas rápidas y Vettel se mantenía tercero a una distancia razonable de siete segundos, que les permitía cierta comodidad en la cabeza de carrera.

En la vuelta 46, después de que Fernando Alonso marcara otra vuelta rápida, el ingeniero de Massa, Rob Smedley, le comunicó por radio: “Fernando es mas rápido que tú, me puedes confirmar que has entendido el mensaje”. Y en el giro siguiente a la salida de la horquilla levantaba el pie del acelerador y dejaba pasar al primer puesto a Alonso.

La polémica estaba servida y así quedaba empañado el segundo doblete de la temporada de Ferrari, que había tardado diez carreras en llegar.

El podio parecía un funeral, la alegría del doblete no parecía por ninguna parte y el director deportivo de Ferrari, Stefano Domenicali, que había subido a recoger el trofeo de constructores se esforzaba en aparentar normalidad y se subía al cajón más alto con sus dos pupilos.

Vettel lograba el tercer puesto, después de su mala salida y sin poder en ningún momento inquietar a los Ferrari, aunque en su último giro diera la vuelta rápida y tras él terminaban los dos McLaren-Mercedes de los británicos Lewis Hamilton y Jenson Button, tras una carrera sin pena ni gloria.

Pedro de la Rosa (Sauber-Ferrari) volvía a protagonizar otra carrera aciaga. Salía con los neumáticos más duros, era el penúltimo piloto en parar a cambiarlos y rodó la mayor parte en octava posición, pero a diez vueltas del final era golpeado por el finlandés Heikki Kovalainen (Lotus) cuando trataba de doblarle en la horquilla, le rompía el morro del coche y le obligaba a una nueva parada que le llevó a la decimocuarta posición.