Agobios, prisas y mucha positividad: así se preparan los colegios de Salamanca para la 'vuelta al cole'

Los centros educativos de Salamanca ultiman los preparativos con la total implicación de la plantilla: han recurrido incluso a antiguos profesores. Las ratios, los espacios para cumplir con la distancia y los protocolos van a traer 'de cabeza' a muchos hasta el último día.

Así ha quedado el patio del Francisco Vitoria. Foto: A. Santana
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El patio de un colegio ha sido siempre una invitación a la libertad. Un pequeño mundo por explorar, sin fronteras dentro de la valla, donde evadirse por tiempo limitado de las obligaciones aulas adentro y donde se forjan tantos futuros como delante de los libros. Así ha sido, hasta que ha venido el Covid para ponerlo patas arriba, como todo. En este caso, lo que era un territorio (casi) sin restricciones se ha convertido en cuatro "mini países" delimitado por fronteras de cintas azules.

 

Es lo que más resalta del colegio Francisco Vitoria, uno de los que en Salamanca arranca el curso este miércoles, 9 de septiembre. Lo hará con sus 450 alumnos de Infantil y Primaria, los primeros que regresan, los que harán el 'test' de resistencia a las medidas planteadas para conseguir que la educación reglada vuelva a la palestra después de seis meses de colegios vacíos. Aunque el auténtico mérito, visto lo visto, no es tanto de las normas, evolutivas y cambiantes, sino del alto nivel de agobio, prisas y positividad que demuestran los docentes.

 

Así es, al menos, en este centro, designado por las autoridades educativas para una visita relámpago. Cristina Marcos, al frente de esta gigantesca nave en el centro de Salamanca, dedica a TRIBUNA su bien más escaso estos días, y desde hace semanas: el tiempo. Se le nota un punto de agobio, pero también una velocidad adquirida a base de gestionar a toda prisa el mayor reto de la educación pública en los últimos años.

 

El trabajo estaba este lunes casi terminado. En el patio, dos profesoras marcan cuidadosamente el lugar de cada niño en la fila, pintado con bonitas huellas. El espacio está dividido con cintas azules en cuatro partes dentro de las que se celebrarán los cuatro recreos del Francisco Vitoria. De puertas adentro, más cambios. A pesar de ser uno de los centros más grandes, ha tenido que reconvertir salas diversas en aulas adicionales y comedores. Para conseguirlo, han removido Roma con Santiago, con el inconveniente de unas obras que han sido un problema más, y con una demostración de implicación y entrega: lo dejaron todo listo a finales de julio pero antes de acabar agosto ya estaban allí trabajando, e incluso han llamado a antiguos profesores. Pero mucho peor lo tienen los centros más pequeños.

 

Durante todo el verano, y una vez se conoció la obligación de la distancia social y los grupos reducidos, los centros han estado buscando espacios para colocar las aulas extra que necesitaban, no sin quejas por la falta de soluciones. Muchos directores lamentan que no había forma de conseguirlo, aunque todos tienen sus protocolos ya publicados. Educación niega que vaya a haber problemas, salvo casos aislados. En esto ha habido también muchas prisas, porque hay centros que todavía este lunes estaban recibiendo comunicaciones por parte de la inspección o de la Dirección Provincial con cambios. La última novedad son las instrucciones para el acceso, que va a ser una de las claves.

 

En el Francisco Vitoria se hará escalonado y con algunas particularidades. Según las normas de la consejería de Educación, es obligación de las familias llevar a los niños en estado de revista, incluso habiendo comprobado temperaturas. Aquí el colegio ha comprado cuatro unidades del termómetro más rápido del mercado, un segundo por cada comprobación, para asegurarse. Habrá dos profesores con geles a la entrada y la salida. Y mucho jabón una vez dentro. Entre otras normas que han tomado los diversos centros, recomendar ir con mascarilla hasta el colegio y fuera de él, aunque dentro no sea obligatorio para los menores de 6 años. Y habilitar todos los accesos que sean posibles para que no haya apelotonamientos.

 

También preocupan los servicios complementarios, como 'Madrugadores', ya que las extraescolares están suprimidas (no sin polémica) y se ha optado por garantizar el regreso a las aulas antes que otras cuestiones. En el Francisco Vitoria, por ejemplo, "tenemos muchos niños de 'Madrugadores' y un solo monitor para ya 35 alumnos", asegura Cristina, que confía en que esto se solucionará a tiempo, aunque no queda mucho y todavía son numerosos los 'flecos', como la organización del tráfico en un lugar especialmente conflictivo y que sin Covid ya generaba problemas por el empeño de llegar con el coche hasta la puerta.

 

El tiempo va a marcar el devenir de este curso. Después de seis meses en el dique seco, hay ganas de volver a clase, pero las prisas y cierta improvisación han presidido los preparativos que han sido para los equipos directivos, los docentes y los centros una prueba al nivel de la que ya han pasado los sanitarios durante la pandemia. Todo para conseguir un regreso de incierta duración para el que, al menos, ya podemos decir que estamos listos.