Adiós al miedo

SALE DEL DESCENSO. El Guijuelo da un puñetazo sobre la mesa ante un rival directo y dice adiós a la zona de peligro
JOSÉ ÁNGEL SANZ

Mirar hoy la clasificación del Guijuelo debe dar mucha tranquilidad en el equipo. Después de muchas jornadas en el filo de la navaja, mirar la tabla y comprobar que además se marcaron tres tantos ante un rival directo debe tirar por la ventana la mucha presión que ha soportado este equipo en muchas jornadas. Ayer el Guiju gustó y se gustó. Se dio un festín, sobre todo en la primera parte, y supo hacer la digestión en la segunda. Volvió a demostrar, y con Pouso en el banquillo lo ha hecho casi siempre, que su puesto real debería estar en la mitad de la tabla. Quién sabe si más arriba.

Pouso, ante las urgencias, optó por un once poco habitual, con Óscar Martín en el banquillo y su puesto ocupado por Torre, o el recién llegado Javi Casas en el emplazamiento de un Víctor Pereira con molestias en la espalda. El Guijuelo jugó una gran primera mitad. Es la primera vez que termina un primer acto con dos tantos a su favor y ayer sudó y lo mereció. Dominó, tuvo el balón con peligro, las ocasiones de marcar fueron suyas y sacó partido a los errores de un Rácing de Ferrol en exceso tímido y acomplejado en el Municipal. Si al conjunto chacinero se le concede el centro del campo, con Romero cayendo a recibir el esférico entre líneas, los de Pouso tienen muchas papeletas para llevar la voz cantante. Eso sí, esos dos tantos de los locales ya fueron a balón parado. El primero, obra del central Juli Ferrer, llegó de cabeza tras sacar una falta, y en el segundo el oportunista fue esta vez Neftalí, que hizo valer su altura y corpulencia para hacerse un hueco en la melé formada en el área pequeña. El final de la primera mitad, sin embargo, pudo traer un disgusto grave. En dos saques de esquina consecutivos de los gallegos, Montero tuvo dos errores graves que permitieron que el balón botara, con el consiguiente peligro. Ahí jugó con fuego el equipo de Pouso, pero no sólo ahí, porque Dani Quintana, en una valiente incursión por la derecha, disparó a puerta, aunque sin puntería, y poco después Pablo Rey le puso un centro endiablado a Nacho Calvillo que éste remató sin suerte. Sustos que no debían ensombrecer el hecho de que los de Pouso hacían serios méritos a la victoria y a decir adiós a la zona de descenso. La tumba de los racinguistas era su propuesta de fútbol directo y precisamente los chacineros hacían gala de un juego combinativo apenas visto esta temporada en el Municipal o fuera de él.

En la reanudación, una contra del Guijuelo mató el partido. La lanzó Leroy por la izquierda. En cuanto trató de plantar un buen centro desde la prolongación del pico izquierdo, el balón le regresó rebotado. Con él de nuevo, se introdujo en el área y allí Jonatan, el capitán visitante, le derribó sin contemplaciones. Ejecutó Romero. Cuando más contundente parecía la victoria, el Rácing marcó. Fue en una combinación tras la que Curro Vacas se plantó con el balón a cinco metros de la media luna local. El veterano mediocentro la puso perfecta a la derecha del arquero verdiblanco. Pouso retiró a Adrián Torre e introdujo a Carlos Rubén en la mediapunta, con Ubis oficiando de último delantero. El partido, por fuerza, se estiró. El Rácing ganó en presencia pero no es peligro y, para colmo para sus intereses, perdió a Carlier por una lesión cuando ya había consumido los tres cambios y se quedó con diez en el campo. Los chacineros supieron aguantar el marcador y terminaron celebrándolo con una grada entregada.