Marco Pérez confirma su alternativa en Las Ventas entre el valor y la división de opiniones
El joven diestro salmantino se planta ante un imponente sexto de más de 600 kilos y muestra oficio y disposición en una tarde marcada por la exigencia del público
El público de la plaza de Las Ventas polarizó muy radicalmente sus opiniones con el joven diestro salmantino Marco Pérez, que confirmó su alternativa con un serio y exigente lote de toros de Victoriano del Río, ante los que, sobre todo lo demás, mostró su buen oficio y su disposición.
Y eso sucedió sobre todo con el sexto, un toraco de más de 600 kilos que sacó unas agrias y violentas complicaciones ante las que el adolescente salmantino, ya superada su condición de "niño prodigio", se plantó con mucha seriedad y valor, sin volver nunca la cara en cada amenazante arrancada del animal.
Después de fijarlo con gran soltura con el capote y de doblarse por bajo en el inicio del trasteo, Pérez vio cómo el aparatoso animal se crecía, a pesar incluso de los dos buenos puyazos que le recetó su picador, lo que se tradujo en coladas y duras tarascadas que él siempre intentó aplacar sin ceder terreno, en un esfuerzo realmente meritorio.
Sólo que una parte del público, la supuestamente "purista" de la afición madrileña, nunca quiso reconocer el valor y la disposición del debutante, e incluso le pitó después de que lo tumbara de una estocada algo defectuosa pero de efecto fulminante.
En realidad, un año después de tomar su alternativa y de no sacar nada en claro en su despedida de novillero de esta misma plaza, cuando mató seis novillos en solitario, Pérez fue ya acogido, si no de uñas, sí con muchas reticencias por ese mismo sector que se mantuvo en silencio cuando se manejó de capa con temple y torería ante el toro de la confirmación de doctorado.
Una gran brega y sendos quites variados, cerrados con excelentes medias verónicas, prologaron la ceremonia y lo que fue un soberbio inicio de faena del salmantino, doblándose también con gran efectividad y poder con la muleta para cuajar seguidamente una buena tanda de naturales, compuesta de hasta nueve pases ligados.
Tuvo nobleza y buen son el castaño como para aceptar el reto de ese buen toreo, sólo que, en un radical cambio de actitud y de concepto, Marco Pérez pasó a tomarse unas injustificadas ventajas, toreando desde el cómodo eje de la pala del pitón, que ahora sí que justificaron tanta protesta, mientras la mayoría de la plaza las aplaudía y jaleaba.
A partir de ahí ya todo fue a menos hasta que se volcó en la estocada, que por eso le quedó contraria, y el tendido volvía a polarizarse, entre pitos y palmas, como si fuera una figura polémica y consagrada, cuando el confirmante salió al tercio a saludar al arrastre del toro.
El resto de la corrida tuvo escasa historia, pues, sin el contraste de juego del lote de Marco Pérez, a los otros cuatro ejemplares de Victoriano del Río les faltó más raza para emplearse al tomar los engaños de Emilio de Justo y de Víctor Hernández, que tampoco tuvieron su mejor tarde.
El cacereño no acabó de concretar con un segundo de la tarde que, aun amagando rajarse, mostró cierta calidad que su matador no acabó de aprovechar en un largo empeño. Y también la sacó, inesperadamente, el cuarto, que, aunque se frenaba por el pitón derecho, le regaló mediada la faena una docena de buenas embestidas por el izquierdo que De Justo nunca llegó a valorar ni a apurar.
Por su parte, Víctor Hernández insistió demasiado con el desclasado tercero, en un muleteo poco limpio, y no pasó de hacer un plano y desfibrado trabajo con el también insulso y desrazado quinto, como en el anterior, entre el silencio distante de la plaza.







