Galería de imágenes: Una catequesis en la calle con 17 imágenes para contar la Pasión por Salamanca
Salamanca reúne sus imágenes de Semana Santa en una Vía Áurea que convierte el centro histórico en un relato vivo de la Pasión, la Muerte y la Resurrección
Salamanca salió a la calle para contar la Pasión. Durante horas, las calles del centro histórico se llenaron de imágenes, túnicas, música, silencio y miradas. La Vía Áurea convirtió la ciudad en un gran escenario al aire libre y reunió, en una misma procesión, 17 imágenes de las cofradías salmantinas para construir un relato que avanzó paso a paso desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección.
Fue una tarde para mirar, pero también para escuchar. Porque la Vía Áurea tuvo su propia banda sonora. Desde las primeras salidas junto a la Catedral, los sones de las agrupaciones y bandas fueron acompañando el paso de las imágenes por una ciudad abarrotada. La Agrupación Musical Virgen de la Vega, de Salamanca, puso música a La Borriquilla; la Asociación Musical San Nicolás, llegada de Pollos, acompañó a la Oración en el Huerto; y la Banda de la Misericordia de Viveiro, desde Lugo, hizo lo propio con El Prendimiento.
Después llegaron los sones de la Banda de Cornetas y Tambores Santísimo Cristo de la Victoria, de León, junto a Jesús Flagelado. La Banda de Música de Villamayor acompañó a Jesús Rescatado y la Banda de Música Ciudad del Tormes puso música al paso de Jesús Nazareno.

La tarde avanzaba y también cambiaba su paisaje sonoro. María Santísima del Dulce Nombre y San Juan Evangelista caminaron acompañados por la Banda Municipal de Música Maestro Paco Tenorio, de Arriate (Málaga). Jesús Despojado llevó tras de sí a la Agrupación Musical La Expiración, de Salamanca, mientras que un registro mucho más íntimo acompañó a Jesús del Perdón, con el Trío de Capilla Lux Aeterna, de Zamora.
Y entre marcha y marcha, también hubo espacio para el silencio. El Cristo de la Fraternidad Franciscana procesionó en estricto silencio. Jesús del Vía Crucis estuvo acompañado por el grupo de tambores de su propia hermandad, al igual que Nuestra Señora del Silencio. Tres formas distintas de recordar que una procesión también se cuenta con aquello que no suena.

La tarde siguió avanzando hacia la Plaza Mayor. La Agrupación Musical Cristo Yacente, de Salamanca, acompañó al Cristo de la Agonía Redentora; la Agrupación Musical María Santísima de la Estrella, de Carbajosa de la Sagrada, puso música a La Piedad; y el Trío Musical Ira, también de Salamanca, acompañó al Cristo de la Liberación.

Para entonces, las calles ya estaban completamente tomadas por el público. La piedra dorada de Salamanca servía de escenario a una sucesión de escenas que habitualmente se contemplan por separado y que, en esta ocasión, pudieron verse reunidas en un mismo recorrido. Una catequesis en la calle.
Primero llegó la Entrada en Jerusalén. Después, la Oración en el Huerto, el Prendimiento, la Flagelación y la Coronación de Espinas. El relato avanzó por Calderón de la Barca, Libreros, Compañía, Prior y Juan del Rey mientras las cofradías iban poniendo rostro a cada uno de los momentos de la Pasión. Y llegó el Nazareno, y el encuentro con María y el despojo y la Cruz.
La Plaza Mayor se convirtió en uno de los grandes puntos de encuentro de esta tarde extraordinaria. Los pasos fueron entrando uno tras otro ante una ciudad llena, mientras las distintas cofradías compartían durante unas horas un mismo camino.
Después llegaron la Piedad, el Sepulcro, la espera de María y la Soledad que aminó acompañada por la Banda de Música de Alba de Tormes, mientras la tarde se acercaba a su final. Y cuando ya parecía que el relato había recorrido todos sus capítulos, llegó Jesús Resucitado, acompañado por la Agrupación Musical La Esperanza, de Salamanca.

La última imagen cambió el sentido de todo lo que había sucedido antes. Después de horas de Pasión y de muerte, la procesión terminaba con la Resurrección recorriendo las mismas calles que habían contemplado el sufrimiento.
La Vía Áurea fue así mucho más que una sucesión extraordinaria de pasos. Fue una manera de contar la Semana Santa de Salamanca de principio a fin, reuniendo en una sola tarde imágenes, historias, devociones, generaciones y sonidos llegados también de otros lugares. Salamanca contempló su Semana Santa caminando por la ciudad, la escuchó, la fotografió, la acompañó... y durante unas horas sus calles fueron templo, relato y memoria. Una catequesis en la calle.

Estas son las imágenes de todo lo vivido.








