Salamanca convierte sus calles en un gran laboratorio por la Noche Europea de los Investigadores
Cerca de 400 investigadores, técnicos y estudiantes acercan la ciencia con unos 70 talleres y actividades en seis calles del entorno de la Plaza del Oeste.
Salamanca volvió a convertir sus calles en un gran espacio para la ciencia. La Noche Europea de los Investigadores reunió en el entorno de la Plaza del Oeste a cerca de 400 investigadores, técnicos y estudiantes de la Universidad de Salamanca, que durante varias horas compartieron con ciudadanos de todas las edades el trabajo que desarrollan en laboratorios, centros, departamentos y grupos de investigación.
La cita, organizada por la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de la Universidad de Salamanca, se desarrolló entre las 17:30 y las 22:00 horas y contó con alrededor de 70 stands y talleres. La edición destacó además por ampliar el espacio habitual de la actividad a las calles Melchor Cano, Fray Luis de Granada, Papín, Nieto Bonal y Palacio Valdés, además de la Plaza del Oeste.
El rector de la Universidad de Salamanca, Juan Manuel Corchado Rodríguez, acudió a la jornada acompañado por el vicerrector de Transferencia, Innovación y Emprendimiento, Federico Bueno de Mata, en una tarde marcada por la divulgación y el contacto directo entre investigadores y ciudadanía.
Una universidad que salió a la calle
La principal novedad de esta edición fue precisamente el crecimiento de la propuesta. La ciencia dejó de concentrarse en un único espacio para extenderse por varias calles del entorno de la Plaza del Oeste, creando un recorrido en el que los visitantes podían saltar de una disciplina a otra prácticamente a cada paso.
El público pudo acercarse a investigaciones relacionadas con el cerebro, el cáncer, los microorganismos, el ADN, la alimentación o la salud, pero también descubrir aplicaciones tecnológicas, experimentar con inteligencia artificial, conocer proyectos de robótica o comprobar cómo funcionan diferentes sistemas de comunicación.
En la calle Melchor Cano, por ejemplo, las actividades estuvieron vinculadas a la tecnología, con propuestas sobre ondas, comunicación 6G, robótica, fabricación digital e interacción entre personas y ordenadores.
La ciencia social y humanística también tuvo su espacio. En la calle Fray Luis de Granada, los participantes pudieron acercarse a la relación entre lenguaje, pensamiento y creatividad, mientras que en la calle Papín la historia de Salamanca y de sus protagonistas se convirtió en materia de experimentación y juego.
De los hongos al cambio climático
La variedad de propuestas permitió que la investigación estuviera presente en prácticamente todos los ámbitos. En la calle Granero, los visitantes pudieron descubrir el papel de los hongos, las semillas, los insectos, las micorrizas y el suelo en los ecosistemas y en la agricultura.
Por su parte, la calle Nieto Bonal concentró propuestas relacionadas con cuestiones como el cambio climático, la química, las matemáticas, la luz, el agua, las cuevas o el plancton.
El objetivo común era acercar contenidos científicos que en muchas ocasiones permanecen dentro de los laboratorios o de los espacios universitarios a través de experiencias sencillas, juegos, demostraciones y actividades en las que el visitante podía participar directamente.
La edición con mayor participación
La organización destacó que esta ha sido la edición con mayor participación en la historia de la Noche Europea de los Investigadores en Salamanca. Alrededor de 400 personas vinculadas a la Universidad, entre personal investigador, técnico y estudiantes, participaron en una jornada concebida para mostrar a la ciudadanía qué se investiga en la institución y cómo ese conocimiento tiene aplicaciones en la sociedad.
Durante unas horas, el entorno de la Plaza del Oeste se transformó así en una extensión de la propia Universidad de Salamanca. Una universidad que, en lugar de esperar a que el público se acercara a sus centros y laboratorios, llevó la investigación directamente a las calles de la ciudad.
La jornada dejó además una imagen poco habitual: niños, jóvenes y adultos compartiendo espacios con investigadores, haciendo preguntas, manipulando materiales y descubriendo que detrás de cuestiones aparentemente cotidianas hay también años de investigación científica.








