"La gente quiere tener un papel activo en su curación": Soraya Casla reivindica el ejercicio frente al cáncer

La especialista Soraya Casla defiende los beneficios de la actividad física durante y después del cáncer y reclama programas adaptados a cada paciente dentro del sistema sanitario

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"La gente quiere tener un papel activo en su curación": Soraya Casla reivindica el ejercicio frente al cáncer
El autor esTamara Navarro
Tamara Navarro
Lectura estimada: 7 min.

Durante años, cuando se hablaba de cáncer, una de las primeras recomendaciones era descansar y guardar fuerzas. Hoy esa idea ha cambiado. La investigación ha ido acumulando evidencia sobre los beneficios de mantener una actividad física adaptada durante y después del proceso oncológico. El ejercicio ya no se plantea únicamente como una recomendación general, sino como una herramienta que puede acompañar al paciente durante todo el proceso de la enfermedad.

Soraya Casla lleva más de 15 años dedicada a la investigación, la docencia y la intervención con personas con cáncer. Doctora e investigadora especializada en ejercicio oncológico, pasó recientemente por Salamanca, donde participó en una sesión del ciclo El Conocimiento Cura, organizado por la Asociación Española Contra el Cáncer y el Centro de Investigación del Cáncer. La conversación permitió conocer cómo ha cambiado este campo, qué beneficios tiene realmente el ejercicio y, sobre todo, qué falta todavía para que llegue a los pacientes de forma organizada.

Casla sitúa un momento especialmente importante en la evolución de la evidencia científica: 2016. "Desde 2016 se han publicado muchos más estudios que avalan el papel del ejercicio no solo en la prevención del cáncer, sino también en el aumento de la supervivencia, la respuesta a los tratamientos y la calidad de vida de los pacientes".

Ese avance ha llevado a las principales sociedades científicas, especialmente estadounidenses, australianas y canadienses, a plantear que el ejercicio debe integrarse en los sistemas de salud y en los protocolos oncológicos. Pero una cosa es que exista evidencia y otra que el paciente pueda acceder a ella.

"La información a día de hoy está en todos los sitios y nuestros profesionales viajan a Estados Unidos, ven los resultados y los oncólogos se dan cuenta de que quieren ya hacerlo, pero en España todavía no tenemos las herramientas", explica.

Por eso, considera que ahora mismo se vive una especie de periodo intermedio. Cada vez son más las consultas en las que se anima a los pacientes a hacer ejercicio, pero muchas veces la recomendación termina ahí. Falta poder responder de manera concreta dónde, cómo y qué ejercicio debe realizar cada persona.

En Salamanca, Casla reconoce que cada vez existe más conciencia entre los profesionales del Hospital sobre la importancia de la actividad física para la salud, la recuperación y la supervivencia. Pero insiste en que el problema no está en la voluntad de los clínicos.

"No es una cuestión de nuestros clínicos, es una cuestión de que en el sistema no existe. En su cartera de servicios no existe el ejercicio clínico como una prestación".

La cuestión no es menor, porque el cambio científico también está modificando la manera de entender el papel del propio paciente. Frente a la imagen de una persona que durante el cáncer debe permanecer pasiva y dejar todo en manos de los tratamientos, Casla defiende que poder participar en su propio cuidado también tiene un efecto emocional.

"Si tú estás en un proceso en el que tu papel es nulo o tienes un papel completamente pasivo, sientes que no puedes hacer nada". Frente a esa sensación, poder hacer ejercicio, cuidarse, dormir bien o alimentarse adecuadamente permite al paciente sentir que también está haciendo algo por sí mismo.

"Eso también genera en las personas que pasan por ese proceso un bienestar emocional".

Es, en definitiva, el paso del paciente pasivo al paciente activo. "La gente quiere tener un papel activo en su curación en la medida de lo posible".

Y para que ese papel sea posible no hace falta haber sido deportista antes del diagnóstico. De hecho, Casla explica que muchas de las personas con las que trabaja nunca habían hecho ejercicio.

 

 

"Siempre empezamos trabajando el esquema corporal de esa persona, cómo entiende su cuerpo, que aprenda otra vez a activar la musculatura de manera progresiva, que aprenda cuál es la postura correcta".

A partir de ahí se incorporan los ejercicios poco a poco. "La mayoría nunca han hecho ejercicio y la realidad es que mejora tanto su calidad de vida y su salud que al final acaban enganchándose y manteniéndose activos".

Los beneficios tampoco se reducen a la fatiga, aunque esta sea una de las consecuencias que más condicionan la vida cotidiana de los pacientes. Uno de los aspectos en los que más insiste Casla es en la importancia de conservar o recuperar la masa muscular.

"El músculo es un órgano endocrino que genera una serie de sustancias esenciales para que el resto del cuerpo funcione bien".

Eso significa que el músculo no es únicamente una estructura que permite moverse. Está relacionado con cambios fisiológicos y metabólicos, con la producción de energía, el control de la inflamación y el funcionamiento del sistema inmune. El ejercicio puede aumentar la activación inmunológica, ayudar a controlar el incremento de grasa que puede producirse en algunos tumores y mejorar la función cardíaca, además de proteger frente a determinados daños cardíacos relacionados con algunos tratamientos.

También tiene un efecto sobre la fatiga. Según explica, el ejercicio permite disminuir los niveles de cansancio y recuperar una vida cotidiana más normalizada. A ello se suman beneficios sobre la salud mental, como la reducción de la depresión y la ansiedad.

Y hay otro aspecto que considera especialmente importante: prevenir otras enfermedades después del cáncer, algunas de ellas relacionadas con las consecuencias de los propios tratamientos.

"Por tanto, no solamente reduce los efectos secundarios que producen los tratamientos, sino que además disminuye la probabilidad de tener otras enfermedades, lo que a largo plazo aumenta claramente la supervivencia de las personas que hacen ejercicio".

Eso sí, hablar de ejercicio oncológico no significa que todos los pacientes tengan que hacer lo mismo. Casla insiste en que no existe una receta universal.

"El ejercicio clínico, especialmente el ejercicio oncológico, requiere de una individualización en la planificación de los protocolos".

De manera general, los programas pueden incluir ejercicio de fuerza, cardiovascular, equilibrio y estiramientos. Pero la intensidad debe adaptarse a cada persona y al momento concreto de su enfermedad.

Antes de empezar se realiza una valoración para conocer el nivel del paciente y poder establecer las cargas y las intensidades. También se tienen en cuenta las circunstancias derivadas del propio tratamiento. Una cirugía o una radioterapia pueden generar limitaciones y obligar a modificar determinados ejercicios. En pacientes con metástasis óseas, por ejemplo, puede ser necesario evitar impactos o cargas elevadas.

"Todo esto lo determinamos en esa valoración inicial que nos permite saber cómo tenemos que personalizar el ejercicio", señala.

Por eso, cuando una persona le dice que nunca ha hecho ejercicio o que ahora se encuentra demasiado débil, el punto de partida es precisamente ese: empezar desde cero y adaptar el trabajo a sus posibilidades.

"Todos pueden hacer ejercicio", sostiene Casla, aunque inmediatamente matiza que las adaptaciones dependen del tipo de tumor y de las circunstancias de cada persona.

El libro que quiere acercar la ciencia al paciente

Esa idea está también en el origen de su libro Ante el cáncer, muévete. Cómo el ejercicio mejora tu salud durante y después del cáncer, publicado en 2024. Su objetivo era acercar la evidencia científica a las personas, especialmente a quienes no tienen acceso a especialistas.

Casla reconoce que una de las cosas que más satisfacción le produce es la respuesta de los propios pacientes. "Todas las personas que lo han leído, especialmente los pacientes, me dicen que les gusta mucho, que lo entienden todo muy bien y para mí eso es lo mejor".

El libro explica de dónde surge el ejercicio oncológico, cuáles son sus beneficios y qué dice la evidencia científica, pero intenta hacerlo con un lenguaje cercano. Está pensado tanto para personas recién diagnosticadas como para quienes llevan años desde su diagnóstico o acaban de terminar el tratamiento.

También plantea diferentes situaciones: pacientes que están en tratamiento, personas con enfermedad avanzada, quienes ya han terminado su proceso y quienes practicaban deporte antes del diagnóstico. Y recoge experiencias de pacientes, entre ellas la de Ana Rosa Quintana, a quien Casla entrenó y acompañó durante su enfermedad.

Todo ello responde a una misma necesidad: que la información científica no se quede únicamente en manos de los profesionales.

"Quería que las personas que no tienen acceso a especialistas pudieran tener una información fiable, científica, contrastada y que pudieran entender".

Pero el libro no puede solucionar por sí solo la principal carencia que Casla detecta en España. Para ella, el reto pasa por conseguir que el ejercicio clínico forme parte realmente de la atención sanitaria y que los profesionales especializados puedan trabajar junto al resto del equipo que atiende al paciente.

Y no habla únicamente de oncólogos. Incluye también a fisioterapeutas, profesionales de la rehabilitación y especialistas en ejercicio clínico, todos trabajando de forma coordinada.

"Que todos nos unamos y trabajemos en equipo para y por el paciente, como se hace en otros países, ni más ni menos".

Casla considera que esta necesidad no es exclusiva de Salamanca. "Creo que no solo en Salamanca, creo que sucede en toda España".

Por eso también da valor a iniciativas como la que la llevó a la ciudad, impulsadas por asociaciones de pacientes, hospitales y centros de investigación. Son espacios que permiten que la información llegue a más personas y que se hable de cuestiones que todavía no están plenamente incorporadas a la práctica asistencial.

"Cuantas más personas tenemos, siempre mejor".

Y ese es, en el fondo, el mensaje que atraviesa toda la conversación: hacer ejercicio durante un proceso oncológico no significa hacer más por obligación, sino encontrar la actividad que cada persona puede realizar, en cada momento, con las adaptaciones necesarias y dentro de un trabajo profesional y seguro.

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