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La generación que ya no sabe escribir una postal
Un estudio de la ULE revela que el 95 % de los jóvenes nunca ha enviado una postal y destaca que la escritura a mano genera una conexión emocional más profunda
La comunicación ha cambiado radicalmente en apenas unas décadas. Los mensajes instantáneos, las redes sociales y los emoji han desplazado casi por completo a las cartas y las postales, hasta el punto de que la inmensa mayoría de los universitarios nunca ha enviado una. Así lo pone de manifiesto una investigación liderada por la Universidad de León (ULe), que evidencia cómo esta forma tradicional de comunicarse resulta prácticamente desconocida para buena parte de los jóvenes.
El estudio, publicado en la revista científica International Journal of Education & the Arts, contó con la participación de 116 estudiantes universitarios de León, Valladolid y Madrid. Uno de los datos más llamativos es que el 95 % de los participantes jamás había escrito ni enviado una postal, y algunos incluso tuvieron que preguntar aspectos tan básicos como dónde colocar el sello o cómo distribuir el texto y la dirección en el sobre.
Más allá de esa falta de familiaridad, la investigación quiso analizar cómo influye la escritura manuscrita en la forma de expresar emociones. Para ello, los estudiantes participaron en un taller creativo inspirado en las obras del artista Saul Steinberg, en el que personalizaron fotografías antiguas mediante dibujo, collage y caligrafía antes de redactar una postal dirigida a una persona cercana.
Los resultados reflejan que escribir a mano cambia la forma de comunicarse. El 94 % aseguró que este proceso les permitió pensar con más calma antes de elegir las palabras, mientras que el 87 % percibió que utilizaba un lenguaje más elaborado y cuidado que el que emplea habitualmente en aplicaciones de mensajería.
La dimensión emocional también quedó patente durante la experiencia. La nostalgia fue el sentimiento más repetido, presente en el 58 % de las respuestas, y nueve de cada diez estudiantes consideraron que una carta o una postal posee un valor afectivo superior al de un mensaje enviado por el móvil, precisamente porque permanece en el tiempo y puede conservarse durante años.
Otro de los aspectos que destaca el trabajo es la percepción de autenticidad. Aunque muchos participantes reconocieron sentirse más expuestos al escribir algo que no puede editarse una vez enviado, esa misma característica fue interpretada como una muestra de mayor sinceridad y compromiso con la persona destinataria.
Asimismo, el 84 % relacionó la escritura manuscrita con una conexión emocional más intensa y un mayor grado de satisfacción personal, mientras que el 90 % afirmó que este tipo de comunicación contribuye a fortalecer especialmente las relaciones familiares y afectivas.
Los investigadores consideran que estas conclusiones invitan a reflexionar sobre el papel que sigue teniendo la escritura a mano en una sociedad cada vez más digitalizada. Aunque las competencias tecnológicas ocupan un lugar central en la educación actual, el estudio subraya que dedicar tiempo a escribir sobre papel sigue ofreciendo beneficios difíciles de reproducir en una conversación rápida a través de una pantalla.
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