Álvaro Ramos y Paula García, primeros en meta en la carrera que cada año recuerda el valor de donar órganos

La XII Carrera Solidaria de Alcer en Salamanca, que volvió a reunir a cientos de participantes, atletas y andarines, para concienciar sobre la donación de órganos

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El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 2 min.
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Salamanca volvió a demostrar que el deporte puede ser mucho más que una competición. La ciudad se echó a la calle este fin de semana para participar en la XII Carrera Solidaria de Alcer, una cita ya consolidada en el calendario deportivo salmantino que convirtió cada kilómetro recorrido en un mensaje de apoyo a la donación de órganos.

Desde primeras horas de la mañana, la plaza de Poeta Iglesias fue el punto de encuentro de cientos de corredores y andarines que, independientemente de la edad o la condición física, compartieron un mismo objetivo: respaldar una causa que salva vidas. El ambiente festivo y familiar marcó una jornada en la que el protagonismo fue mucho más allá de los resultados deportivos.

El recorrido, similar al de ediciones anteriores aunque con algunas variaciones, volvió a llevar a los participantes por algunos de los rincones más emblemáticos del casco histórico de Salamanca. A ello se sumaron las altas temperaturas y la exigente subida final por la calle San Pablo, factores que obligaron a los participantes a realizar un esfuerzo extra hasta cruzar la línea de meta.

La carrera mantuvo además su tradicional recuerdo a Carmelo Martín, figura clave dentro de Alcer y cuya huella sigue muy presente en esta prueba solidaria. Su memoria estuvo presente durante toda la jornada, en una cita que volvió a combinar deporte, convivencia y concienciación social.

En el apartado competitivo, Álvaro Ramos Rodríguez fue el vencedor de la clasificación absoluta masculina, mientras que Paula García se proclamó ganadora en categoría femenina. Sin embargo, más allá de los cronómetros, el verdadero triunfo fue colectivo. Cada participante contribuyó a reforzar un mensaje de solidaridad y esperanza que año tras año sigue ganando fuerza en las calles de Salamanca.

La respuesta ciudadana confirmó una vez más el arraigo de una prueba que ha sabido unir actividad física y compromiso social. Una edición más, Salamanca volvió a correr con el corazón y a demostrar que el deporte también puede convertirse en una herramienta para cambiar vidas.

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