Walls convierte la Plaza Mayor de Salamanca en un himno generacional en FÀCYL

El murciano presenta El día que me olvides en un concierto vibrante, emocional y con alma de estadio

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Walls en el Fàcyl en Salamanca (Fotos: Arai Santana)
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 2 min.
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La Plaza Mayor de Salamanca volvió a demostrar por qué es uno de los escenarios más especiales cuando de un concierto se trata. Bajo la noche templada de FÀCYL, miles de personas esperaban la salida de Walls con esa mezcla de ansiedad y euforia que acompaña a los artistas que ya han dejado de ser promesa para convertirse en realidad. Y Ginés Paredes Giménez apareció exactamente como se esperaba de él: sin artificios innecesarios, con actitud de rockstar contemporáneo y la sensación de estar viviendo el momento más importante de su carrera.

El murciano aterrizó en Salamanca en plena consolidación de su nueva etapa artística, marcada por El día que me olvides, un disco más orgánico, emocional y claramente influenciado por el pop-rock noventero que ha debutado en el número uno de ventas. Pero más allá de cifras o reconocimientos, lo que se respiró en la Plaza Mayor fue la confirmación de que Walls ya juega en otra liga.

Había narrativa, intención y una conexión constante con un público que coreó cada tema como si llevara años formando parte de su propia biografía. La transición del rapero de batallas al frontman de grandes escenarios ya no sorprende: simplemente parece inevitable. El repertorio se apoyó especialmente en su último trabajo, donde Walls se muestra más vulnerable y honesto que nunca. Temas como "Flores mustias", "Conmigo no lloras" o "Vulnerable" sonaron enormes en directo, ganando todavía más intensidad entre guitarras contundentes y un público entregado. La emoción alcanzó uno de sus puntos más altos con "¿Cuántas penas vale tu amor?", una de las piezas más íntimas del álbum, donde el artista conecta con la memoria, la familia y sus raíces desde un lugar completamente sincero.

Pero si algo caracteriza a Walls es su capacidad para equilibrar sensibilidad y energía. Salamanca también vibró con su lado más eléctrico y descarado con canciones que transformaron la Plaza Mayor en una especie de festival de guitarras, pogos contenidos y estribillos generacionales. Ahí apareció ese ADN punk y callejero que todavía conserva de sus inicios y que conecta tan bien con una generación que busca artistas imperfectos, reales y sin pose.

El concierto también dejó espacio para mirar atrás.  La Plaza Mayor respondió como se responde a los artistas que consiguen generar identidad colectiva. Había adolescentes, veinteañeros y también público más adulto compartiendo canciones sobre amor, ansiedad, familia o miedo al olvido y viendo cómo rugió la Plaza Mayor en FÀCYL, cuesta pensar que esto último vaya a acompañar a Walls. 

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