Un siglo entre La Bouza y los grandes hoteles: Leonor cumple 100 años en Santa Marta

Madre de cinco hijos y profesional incansable, la centenaria celebra una vida marcada por el sacrificio y el recuerdo imborrable de su marido Baltasar

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El autor esIsabel Andrés Rodríguez
Isabel Andrés Rodríguez
Lectura estimada: 2 min.

La residencia Colisée de Santa Marta de Tormes se ha vestido de emoción y gratitud para celebrar el centenario de Leonor Perfecto Montero, una mujer cuya vida resume la historia de toda una generación marcada por el esfuerzo, la entrega y el amor a la familia.

Leonor cumplió 100 años el pasado 1 de mayo y lo hizo rodeada de familiares, amigos y trabajadores de la residencia, que quisieron acompañarla en una fecha tan señalada. Tampoco faltó la concejala de Mayores del Ayuntamiento, que le entregó un ramo de flores como homenaje institucional a una vida larga y llena de experiencias. Además, la residencia le hizo entrega de una placa conmemorativa en reconocimiento a su trayectoria vital.

Nacida en 1926 en La Bouza, un pequeño municipio del oeste salmantino situado junto a la frontera con Portugal, Leonor creció en una época marcada por las dificultades. Como tantos niños de entonces, apenas pudo disfrutar de la escuela. La necesidad obligaba a trabajar desde muy joven para ayudar en casa y contribuir al sustento familiar.

Aquellos años duros no impidieron que encontrara el amor. Conoció a Baltasar, el hombre con el que compartió su vida y del que, según cuentan sus allegados, sigue profundamente enamorada pese a que falleció hace ya once años. Juntos formaron una gran familia con cinco hijos __EMDASH__de los que viven cuatro__EMDASH__, además de nietos y bisnietos que hoy representan uno de sus mayores orgullos.

Quienes la conocen destacan su enorme capacidad de sacrificio y dedicación. Trabajó durante toda su vida y desarrolló gran parte de su carrera profesional como gobernanta en el Hotel Monterrey y en el Gran Hotel, donde no solo desempeñó su labor con profesionalidad, sino donde también forjó amistades que aún recuerda con cariño.

Aunque el paso del tiempo ha ido debilitando sus fuerzas y la memoria comienza a escaparse lentamente, Leonor mantiene intacta la sensibilidad con la que ha afrontado siempre la vida. Sus familiares aseguran que aún conserva "el latido del corazón que un día soñó, amó y creyó", incluso conviviendo con el silencio de las ausencias.

A sus cien años, Leonor sigue agradeciendo cada nuevo amanecer, cada abrazo y cada gesto de cariño que recibe diariamente. Una vida centenaria construida sobre el trabajo, la familia y la capacidad de seguir adelante, incluso cuando el tiempo deja huellas inevitables.

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