De la colisión de trenes en Villar de los Álamos al accidente del autobús escolar de Muñoz: dos fechas que dejaron decenas de víctimas y una profunda huella
Las dos grandes tragedias ferroviarias que marcaron para siempre a Salamanca
De la colisión de trenes en Villar de los Álamos al accidente del autobús escolar de Muñoz: dos fechas que dejaron decenas de víctimas y una profunda huella
El grave accidente ferroviario ocurrido en Córdoba vuelto a situar en primer plano la seguridad ferroviaria en España y ha reabierto viejas heridas en distintos puntos del país. El siniestro se produjo a la altura del municipio de Adamuz, cuando un tren con más de 300 pasajeros descarriló y colisionó posteriormente con otro convoy que circulaba por la vía contigua.
A raíz de este nuevo suceso, la memoria colectiva vuelve inevitablemente a otros grandes accidentes ferroviarios que marcaron la historia de España, entre ellos dos de los más relevantes ocurridos en la provincia de Salamanca, separados por trece años pero con consecuencias devastadoras. Sucesos separados por más de una década pero unidos por un mismo desenlace: decenas de muertos, numerosos heridos y un impacto social que aún perdura.
Ocurrieron en 1965 y 1978, en contextos distintos, pero ambos quedaron grabados para siempre en la memoria de la comarca.
Villar de los Álamos: la niebla resultó mortal
El 18 de diciembre de 1965, una espesa niebla cubría las vías ferroviarias a la altura de la estación de Villar de los Álamos. Eran poco después de las 9 de la mañana cuando el Sudexpreso París–Lisboa, que acumulaba más de cuatro horas de retraso, atravesó la estación sin detenerse.
En la vía contraria se encontraba parado el Ómnibus 1802, que cubría la ruta Fuentes de Oñoro–Medina del Campo, cumpliendo la normativa ferroviaria y esperando el cruce. Sin embargo, el Sudexpreso no frenó y la colisión fue frontal y devastadora.
El balance oficial fue de 31 personas fallecidas y más de 60 heridas, aunque algunas investigaciones posteriores elevan esa cifra. Muchos de los viajeros eran emigrantes portugueses que regresaban a su país para pasar las Navidades, lo que añadió un componente humano especialmente dramático a la tragedia.
La respuesta ciudadana fue inmediata. Hospitales, servicios de emergencia y cientos de salmantinos se volcaron en la atención a los heridos y en las donaciones de sangre. Aquel día, Salamanca se convirtió en un ejemplo de solidaridad ante el horror.

Muñoz: el futuro truncado del Campo Charro
Trece años después, la provincia volvió a enfrentarse a una tragedia aún más dolorosa. El 21 de diciembre de 1978, poco después de las 9 de la mañana, un autobús escolar fue arrollado por un tren en un paso a nivel sin barreras, en el acceso a la localidad de Muñoz.
El autobús había recorrido ya unos 40 kilómetros, recogiendo niños de distintas localidades del Campo Charro, y transportaba en ese momento a 97 personas. Tras recoger a los últimos alumnos en Muñoz, el vehículo intentaba reincorporarse a la N-620 cuando fue embestido por una locomotora de la Serie 321 de Renfe, que circulaba en dirección a Salamanca.
El impacto partió el autobús en dos. La parte delantera fue arrastrada unos 80 metros, mientras que la trasera quedó destrozada junto a la vía. El resultado fue estremecedor: 32 fallecidos, de los que 31 eran niños de entre 6 y 14 años, además de 61 heridos. Entre las víctimas mortales se encontraba también un padre que acompañaba a su hijo enfermo al centro médico. Localidades como La Sagrada, San Muñoz, Ardonsillero, Carrascal de Huebra y Muñoz perdieron en un solo instante a buena parte de la generación llamada a ser su futuro.
Ambos accidentes comparten un mismo legado: el dolor de las víctimas, la conmoción social y el recuerdo imborrable y aunque a lo largo de las últimas décadas se han registrado más fallecidos vinculados a accidentes ferroviarios -el último hace unos meses cuando un convoy arrolló a un camionero que había sufrido un accidente previo y había caído a la vía-, los sucesos de Villar de los Álamos y Muñoz siguen siendo considerados los más graves ocurridos en la provincia de Salamanca. El accidente de Córdoba vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de reforzar los sistemas de seguridad, revisar protocolos y no olvidar que, detrás de cada cifra, hay vidas truncadas y comunidades enteras marcadas para siempre.









