25 años del 'otro' récord mundial de Salamanca: el día que Jonathan Edwards hizo las paces con el viento
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25 años del 'otro' récord mundial de Salamanca: el día que Jonathan Edwards hizo las paces con el viento

Pantallazo de un momento del salto de Edwards en Las Pistas

El 18 de julio de 1995 uno de los mejores atletas de la historia dejó su impronta para siempre en las pistas del Helmántico. 

Si el atletismo de Salamanca tiene una cumbre histórica, sin duda está en el pasillo del salto de altura. Allí cimentó Javier Sotomayor su condición de mito batiendo, por dos veces, el récord mundial de la especialidad y dejándolo la última ocasión en 2,45 metros, una cima que nadie ha vuelto a sobrevolar. Pero la leyenda de la pista de los récords no estaría completa sin la participación de un delgado, blanco, creyente y tímido atleta: Jonathan Edwards.

 

El inglés, considerado el mejor triplista de la historia, hizo en Salamanca su despegue en una tarde en la que, por fin, hizo las paces con el viento. Fue el 18 de julio de 1995, hoy hace 25 años, en el que fue su año más glorioso, que ya es decir. Cómo no, fue en el extinto Gran Premio Diputación que hace diez temporadas dejó de disputarse. Y unió para siempre el nombre de Salamanca a otro de los grandes momentos de la historia del atletismo y a una de sus grandes leyendas.

 

El inglés distaba mucho del estereotipo de atleta explosivo de su especialidad, ni en lo físico ni en lo personal. Delgado y poco musculado, sus fuertes creencias religiosas le llevaron a tomar una decisión, no competir en domingo, lo que le apartó de varios grandes campeonatos. Ya había sido olímpico por dos veces (Seúl y Barcelona) y era fijo en las grandes citas, pero sin resultados destacables. En 1993, tras meditarlo con su padre, un pastor anglicano, decidió empezar a competir en domingo y llegaron los primeros éxitos.

 

Con todo, nadie contaba con que aquel 1995 Edwards, a sus 29 años de edad, se iba a convertir en amo y señor del triple salto, y tuvo que fraguar en Salamanca. Cuando llegó a la pista del Helmántico, el británico llevaba todo el verano persiguiendo ese récord mundial. Así que lo de aquella tarde en Salamanca estaba casi cantado: el récord del mundo de 17.97 metros de Willie Banks tenía los días contados. Pero había que contar con el 'permiso' del viento.

 

Antes de llegar a Salamanca, el 25 de junio, en la Copa de Europa de Lille, había logrado dos saltos estratosféricos: 18.43 metros (+2.4) y 18.39 metros (+3.7), con viento superiro al legal ambos, con lo que no fueron homologados, pero los más largos que se han dado nunca en una competición pero no reconocidos en el mejor concurso de la historia del triple. El día del récord en Salamanca también hacía viento y la competición en el pasillo de saltos se hizo en dirección favorable. El primer salto de Edwards (17,39 metros) se hizo con viento fuerte pero legal (1,9 m/s) y en el segundo llegó la apoteosis.

 

 

Edwards regaló a la parroquia salmantina un salto primoroso. Las claves de su estilo, la velocidad (tenía buenas marcas en 100 y 60 lisos) y la fluidez con la que, sin perder ni un ápice de la carrera, enlazaba primer y segundo salto para llegar fresco a su potente tercer salto. Merece la pena buscarlo en YouTube pero por si acaso, os dejamos un enlace. Batida y 17,98 metros, con 1,8 ms/s de viento, un centímetro más que el récord de Banks vigente desde 1985. Récord mundial, el tercero de las pistas de Salamanca tras los dos de Sotomayor (1988 y 1993).

 

Aquella tarde en Salamanca fue la primera de la colección de actuaciones asombrosas de aquel año. Aquel mismo verano, en el Campeonato del Mundo de Gotemburgo, batió dos veces su récord de Salamanca en el plazo de diez minutos: 18,16 y 18,29, primer atleta en saltar con viento legal más de 18 metros. El tímido Jonathan se convertía en toda una estrella del atletismo. Dominó su prueba durante una larga era, pero 1995 fue su año.

 

Su marca de 1995 sigue siendo el triple salto más largo que se ha dado nunca en España y figura orgullosa en la lista federativa junto al nombre de esta ciudad. Edwards regresó años después, en 1999, a Salamanca para competir ya como uno de los grandes ídolos de la historia del deporte salmantino.  La última vez que le vimos saltar todavía conservaba su prodigiosa técnica, ese fluir elástico, veloz y potente. Un espectáculo de una vez en la vida. El mismo estilo que una vez le llevó a lo más alto en las pistas del Helmántico, la tarde que se reconcilió con el viento.