18 horas de avión desde Taiwán para volver a casarse en Salamanca

Encontrarse una boda en la Plaza Mayor es algo común, sólo que la última que hemos podido ver no es una celebración al uso. Para empezar, eran las diez de la mañana de un miércoles de febrero, una hora y un día en los que lo último que esperas ver en el ágora salmantina es una novia de blanco y un novio de traje. El cortejo estaba formado por media docena de chicos y chicas asiáticos que hacían fotos a la pareja, que posaba sonriente delante de la fachada del Ayuntamiento. La estampa llamaba la atención, así que había que saber algo más.

 

En un inglés digno, nos enteramos que vienen de Taiwán y que sí, eso es una boda. Bueno, en realidad, una reboda. Nos preguntan de dónde somos, y cuando se enteran que somos de la ciudad, se desata la historia. En un español perfecto se presentan: son Estela y Javier (sus nombres españoles), se conocieron hace ocho años en Salamanca estudiando español (cómo no) y se han casado, pero querían hacerse las fotos en la ciudad en la que nació su amor. No les han importado las 18 horas de avión, ni a ellos ni a sus amigos. Les felicitamos. Lo que ha unido Salamanca...