Honrar al pasado, vivir el futuro
Quisiera aprovechar mi futuro, los días, meses o años que resten tras la prejubilación, para dar sentido a mi pasado. Carece de coherencia lamentar lo que queda atrás, aquello hacia lo que el tiempo no nos permite volver; diría que lo esencial es mirar hacia adelante, seguir caminando por esa vía de único sentido que es la vida y refrendar que quien fui es reflejo exacto de quien soy en realidad, de quien seré también mañana.
No obstante, hoy quiero mirar un instante hacia atrás, siquiera un instante.
Comencé mi carrera profesional con todas las dudas del mundo, con todas, te lo aseguro. Mas creo que le doy hoy carpetazo con todas las certezas. Algo en mi interior me dice que es así.
Te cuento dos de ellas:
Siempre que me fue posible me apoyé en personas inteligentes, no para decirles QUÉ tenían que hacer y perseguirles con controles y exigencias, sino para que ellos me dijeran a mí CÓMO lograr nuestros objetivos; nos enfrascamos juntos en obtener el éxito y, modestamente, siento que nos fué bien. No valoro mi aportación en aquellos momentos como especialmente singular, entiendo que debo el éxito que alcanzamos a cuantos pusieron su granito de arena más que a mi capacidad de liderazgo. No tengo más que palabras de agradecimiento para todos ellos. Tuve la suerte de estar, casi siempre, rodeado de personas admirables. Ojalá sepan vislumbrar lo mucho que les debo y cuánto agradezco su colaboración.
Inevitablemente, me topé también, en el pasado, con algunos elementos a quienes, al modo de Alatriste, habría que calificarlos de despreciables bribones. No rendimos, entonces, nuestra espada ante ellos y hoy no son más que polvo sobre un mueble viejo. No valían nada entonces, no son nada hoy.
Ralph Waldo Emerson decía que "todo héroe se aburre al final de su carrera"; es posible. Yo me he deslizado, en ocasiones, por ese aburrimiento; no porque me haya considerado jamás un héroe, al contrario, sino porque a lo largo de mi carrera profesional, cuando no percibí el trabajo como un reto, sino como una imposición, eso me condujo a un cierto abatimiento y me faltaron ganas por seguir luchando. No me resulta sencillo encontrar un desafío que me obligue a sacar lo mejor de mí. Ruego comprensión a quienes mi comportamiento entonces les hizo más complicada su existencia. Las personas somos un conjunto extraño de neuronas, sentimientos, bilis y afectos. Somos un bicho raro. Así, yo podría participar como figurante, sin necesidad de ningún disfraz, en la peli Monstruos S.A.; soy consciente… un bicho raro, gordo e intenso, sin maldad.
Se me escapa qué tesoros habré dejado por descubrir si hubiera actuado en el pasado de manera distinta, pero sí alcanzo a saber, enteramente, lo que me encontré tras cada decisión tomada entonces: Os he conocido a todos vosotros. Ese es el tesoro que me llevo. Os doy las gracias.
Hoy, 15 de mayo de 2.026, ha sido mi último día en el trabajo.
Vivamos, ahora, el futuro honrando al pasado. Quizás me lo he ganado. Sólo quizás… qué puedo hacer.
Etzazue ezer puskatu ni kanpoan nagoen bitartean (No rompáis nada mientras esté fuera...).

