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Reflejo de la realidad

Pablo Ramos Hernández

Ama a tu prójimo (excepto si es homosexual)

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La pasada semana hemos sabido que el Arzobispado de Alcalá de Henares ofrece terapias para “curar” la homosexualidad, más allá de la legalidad de las mismas (aunque está claro que la legislación madrileña prohíbe expresamente estas acciones) para cualquier persona estas acciones deberían ser reprobables.

 

A pesar de ello, se ha conocido que la Conferencia Episcopal ha avalado estos cursos y ha mostrado su apoyo a Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares. La posición de la Conferencia Episcopal, que la posiciona no solo contra las personas LGTBI+ sino contra la propia legislación, es repugnante.

 

En un Estado democrático y de Derecho, como en el que vivimos, no se puede amparar todo en la libertad de expresión o en la de culto y mucho menos para defender acciones ilegales y cursos que lo que realmente buscan es fomentar el odio hacia un colectivo concreto.

 

La Iglesia, y ciertas organizaciones y partidos políticos, se creen que pueden hacer y decir todo lo que consideren oportuno sin importar argumentos legales ni argumentos éticos. Estas ideas eclesiásticas que dicen defender el amor, pero propagan odio, no son ni aceptables ni tolerables.

 

No debemos nunca olvidar, como mínimo, el aspecto humano de todo este asunto. Muchas personas jóvenes que forman parte de los colectivos LGTBI+ pasan una época de dudas, de enfrentamientos consigo misma, de preocupación y de miedo debido a su identidad u orientación.

 

La sociedad debería proteger y ayudar a esas personas en esos momentos de crisis personal creados, en suma, por la discriminación existente contra las personas LGTBI+, pero en lugar de ello se permite que cualquiera realice acciones y lance mensajes LGTBIfóbicos con total impunidad.

 

Mientras hay un Obispado que dice que la homosexualidad se puede “curar”, hay niños y niñas sufriendo porque sienten miedo de decir que son homosexuales debido a la reacción de su entorno. Mientras hay un autobús que dice que los niños tienen pene y las niñas vagina, hay niñas trans y niños trans que no terminan de comprender lo que les pasa y que, una vez que lo entienden, sienten que la sociedad les rechaza por lo que son y sienten.

 

Las personas LGTBI+ sufrimos discriminaciones diarias (algunas más graves y otras menos, algunas más implícitas y otras más explícitas) y, en los últimos tiempos, hemos tenido que vivir una escalada de este tipo de actitudes porque ciertas entidades han decidido que su fin político e ideológico es destruir los derechos por los que tanto hemos tenido que luchar.

 

No se nos olvide nunca, tanto a quienes formamos parte de alguno de los colectivos LGTBI+ como al resto de personas discriminadas, que los derechos cuesta conseguirlos, a veces siglos de lucha, pero que se pueden perder en un solo día. Ningún derecho está garantizado y menos con la propagación de este tipo de discursos.

 

Es cierto que no es sorprendente que el obispo Reig Pla organice y avale estos cursos, en realidad entra dentro de la normalidad conociendo su ideario, pero eso no implica que este acto deba ser condenado menos severamente.

 

Este obispo, que debía haber sido apartado de sus responsabilidades hace mucho tiempo, ejemplifica una forma de entender la religión católica, una forma (todo hay que decirlo) que desprecia al poder político ajeno y se excusa en los “temas de fe” para hablar sobre lo que no tendría nada que decir.

 

En definitiva, esta forma de hacer religión, que en realidad es hacer política encubierta, no busca apoyar a las personas creyentes, sino ponerlas en la tesitura de que la homosexualidad, y por suma todas las demás orientaciones e identidades, son extrañas a “lo natural”, un concepto tan manido y absurdo que se descalifica por sí mismo, pero que es lo único que tienen estas personas retrógradas para apoyar una idea de odio contra lo que no comprenden ni quieren entender.

 

Por si hubiera alguna duda: los homosexuales no necesitamos ser “curados”, ni hay “cura” para la homosexualidad. Lo que sí se cura y se trata es la LGTBIfobia, el odio a quien es diferente es solo un síntoma de que algo no va bien en una persona y cuando se utiliza el odio para defender ideas no se puede esperar que se propague ningún mensaje de amor.

 

Me gustaría terminar con una llamada de atención. Unas elecciones, como las que viviremos en los próximos meses, puede servir para mucho o para nada. Es absurdo quedarse en casa y llorar porque hemos perdido nuestros derechos como personas LGTBI+ debido al resultado electoral.

 

No olvidemos que, a fin de cuentas, este tema es político y hay partidos claramente alineados en esto con el obispo Reig Pla y su discurso de odio. No podemos callar porque ese es el peor pecado de todos. Tenemos que activarnos y tenemos que trabajar para que estas ideas desaparezcan o, al menos, que se demuestre que son minoritarias.

 

Hay que trabajar, hay que alzar la voz y hay que parar a quienes solo quieren hacer un país en base al odio que sienten por todas las personas que no piensan ni sienten ni aman como ellas. Tenemos la obligación moral, como ya hicieron las pasadas generaciones, de luchar por nuestros derechos, de defender lo que nos pertenece hasta donde sea necesario y el primer paso es un acto político: participar en las elecciones y apoyar a quienes van a defender los derechos LGTBI+.

 

* El autor es Doctorando en la Usal en Estudios Interdisciplinares de Género

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