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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

Se nos está yendo de las manos

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El ocio juvenil e incluso Infantil se nos está yendo de las manos, sobre todo en los pueblos, donde se le concede más “libertad”. No es normal que un niño de 12 años esté fumando un pitillo y lo haga sin miedo ni pudor. Antaño si fumábamos lo hacíamos a más edad y a escondidas, escondiendo el tabaco en el calcetín o en otras partes.

 

En muchos pueblos, no hay policía local, o si la hay son vecinos del pueblo, y se hace “la vista gorda”, por no tener conflictos vecinales.

 

No es normal que un niño de menos de 15 años tenga fácil acceso al alcohol o se le pueda encontrar en la calle emborrachado. No es normal que los bares y discotecas dejen entrar a menores y nadie diga nada. Ni que se fume en los bares y no haya denuncias.

 

No es normal que nuestros jóvenes salgan de casa a la una de la madrugada. ¿Pues a qué hora volverán? Ni es normal ver a jóvenes que disponen de 40 euros para gastar en un día, o una noche (un joven que no se lo gana). ¿Cómo va a valorar el dinero? ¿Para qué va a querer luchar por su futuro si el económico ya se lo resuelven sus padres?

 

No es normal que haya que evacuar una discoteca porque se haya llenado de gas pimienta, o que a las dos de la mañana en ella se encuentren niños de ocho años.

 

Analicemos responsabilidades y soluciones

 

Obviamente en primer lugar los responsables son los padres, que deben poner límites y educar en la responsabilidad, y en el ejemplo. Es muy difícil que un padre que fume o beba (aunque sea un “cubatita” o unas cervezas) le diga a su hijo que no lo haga. De padre gato, hijos mininos.

 

Por ello los padres deben educar, hablar con sus hijos de las consecuencias, analizar cuando hay alguna noticia que hable sobre el tema e ir ayudando al joven a formar criterio y responsabilidad.

 

No deben ocultar las noticias de jóvenes que mueren por problemas de alcohol como el reciente Dj nórdico que falleció por estar viviendo noche tras noche entre alcohol.

 

Por otro lado, los centros educativos, debemos concienciarnos que antes de la instrucción está la salud. Necesitamos sesiones informativas serias, impactantes que verdaderamente lleguen a la emoción del joven y le hagan desistir en crear estos hábitos de fumar y beber que sin duda le traerán más disgustos que alegrías.

 

Estas sesiones no se pueden impartir por personas que al acabar la sesión informativa se salgan a fumar el pitillo fuera. Si no que deberían darlas personas que han sufrido un accidente por culpa del alcohol y están en silla de ruedas, o han perdido a un ser querido por ello.

 

Es inconcebible que en lugares donde se incumple la ley, bien por dejar entrar a menores, bien por dejarles consumir bebidas alcohólicas, o bien porque se fume en recintos cerrados, como digo es inconcebible que en el mismo local estén responsables municipales y no denuncien ni hagan nada: esto les convierte en cómplices de la ilegalidad.

 

Al mismo tiempo, cuando las medidas educativas fallan deben funcionan las coercitivas. Y ahí la policía debe cumplir su labor, no puede ser que la policía pase delante de chicos vomitando, orinando al lado de la discoteca, y no hagan nada.

 

En las ciudades es muy común que la policía notifique a los padres que sus hijos están consumiendo alcohol en las calles. Y muy normal que se multe por ello. En los pueblos que el policía es un vecino, se mira para otro lado

 

Y cuando la policía no cumple sus funciones, o mira para otro lado, esto se convierte en “la ciudad sin ley”.

 

Cómo dice el Juez Calatayud, “la ley y su aplicación, puede ser un recurso que puede ayudar a los padres a educar”.

 

Lo dicho, se nos está yendo de las manos.

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