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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

La suerte de tener un abuelo

Hoy los abuelos se han convertido en una pieza imprescindible en el funcionamiento de la sociedad, de las familias y en la educación de los niños.

El cuenco

Había una vez un pobre viejo que no veía apenas, tenía el oído muy torpe y le temblaban las rodillas.

¿Por qué mienten nuestros hijos?

Depende de la edad, en las edades tempranas, muchos niños mienten porque no saben diferenciar, entre la mentira y la broma, entre mentir y la fantasía. Hasta los 4 años los niños funcionan por el principio de complacer a los padres y si algo hace mal y creen que pueden enfadarlos, pues lo ocultan. Por lo tanto hasta los siete años más que mentir, fantasean.

Qué hacer y decir cuando alguien pierde a un ser querido

Debemos entender que el proceso de duelo tiene diversas fases: Primero se niega, se racionaliza, luego se pasa por una fase de rabia, de tristeza, de miedo, y finalmente el duelo se cierra con unas fases de perdón y gratitud.

CARTA DE UN PADRE BIEN INTENCIONADO

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Mi querido Fred: el favor que me pides en tu carta es insignificante, por cierto.   Tu hijo, Juanito no está muy contento con el empleo; tú crees que tal vez se sentiría más feliz en otro y sabiendo que el presidente de una gran empresa es amigo mío, me preguntas si yo podría llamarlo por teléfono y recomendarle  a tu chico.

 

Entre hermanos

Las relaciones entre hermanos son muy especiales. Los primeros lazos son los que formamos con nuestros hermanos y hermanas. Nadie más comparte nuestra misma historia familiar.

CLAVOS

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Érase una vez un chico con mal carácter. Su padre le dio un saco de clavos y le dijo que clavara uno en la verja del jardín cada vez que perdiera la paciencia y se enfadara con alguien.

¿CÓMO SE APRENDE INGLÉS?

Primero una reflexión, el aprendizaje de una segunda lengua es como un viaje en tren, de cero a siete años es como un viaje en AVE, vamos a toda velocidad, de siete a catorce vamos en Talgo, también muy deprisa, de catorce a veintitrés años vamos en tren burra, y después de los veintitrés, solo nos queda sentarnos en el andén y ver pasar los trenes.