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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

El otro es un bien, siempre es un bien

Patera detail

España se ve como la tierra de salvación y una promesa de esperanza para muchas personas que en sus países de origen no la tienen.

La actualidad se impone. Pateras desbordadas y barcos repletos de rescatados por las ONG arriban a nuestras costas y muchas vidas se salvan vidas gracias al esfuerzo y empeño de un gran equipo de voluntarios, profesionales Guardia Civil y fuerzas de seguridad y, también, de algunos políticos… España se ve como la tierra de salvación y una promesa de esperanza para muchas personas que en sus países de origen no la tienen.

 

El otro, conocido o desconocido, cercano o lejano, es un bien. El “otro” acude a nuestra vida pidiendo ser reconocido como tal, como un ser humano, como una persona con una dignidad infinita e inviolable. “Si no recuperamos la experiencia elemental de que el otro no es una amenaza, sino un bien para la realización de nuestra persona, será difícil salir de la crisis en la que nos encontramos en las relaciones humanas, sociales o políticas” [1].

 

Solo cuando somos capaces de encontrarnos cara a cara con el otro que se aproxima, podemos reconocernos y conocernos a nosotros mismos. El “otro” me posibilita ser un “yo”. La ignorancia consciente del otro que llama a nuestra puerta, la eliminación por acción u omisión del otro que deambula en un mar turbulento o en la calma del líquido amniótico del útero materno, nos conduce inexorablemente a nuestra autodestrucción como personas humanas, sociales y políticas.

 

La transcendencia de toda persona me sitúa ante el dilema de reconocerme a mismo como sujeto de valor para el otro y al otro como corresponsable de mi existir. No puedo, no podemos ignorar al que viene pidiendo y demandado una mano amable que le acoja, le escuche y le acompañe.

 

Ahora bien, no podemos olvidar como nación el legado de la Escuela de Salamanca, con Francisco de Vitoria a la cabeza, que nos dejó en herencia una forma ordenada para regular la relaciones entre los Estados y las personas que en ellos habitan a través de la ley y de los tratados internacionales. Primero las personas y luego la política; primero salvamos las vidas y luego la acción legislativa.

 

España con su Gobierno a la cabeza ha acertado en salvar vidas cuando Europa dio la espalda a los que vagaban por el mar sin puerto donde poder anclar. Pero ahora, por imperativo de su acción, le corresponde liderar la acción política para que el efecto llamada no sea fuente de mayores desgracias en el Mediterráneo. Sin embargo, este mismo gobierno que salva vidas en el mar, ha lanzado un canto de sirena a nuestras adolescentes para que no luchen por salvar a las vidas que crecen en ellas de forma inesperada.

 

He ahí la manipulación populista que impregna no solo la vida política, sino también nuestra propia existencia. Muchas veces somos víctimas de nuestra condición humana que lleva implícita la contradicción. Olvidamos fácilmente el valor de la persona, utilizando al “otro” en nuestro propio provecho. Cosificamos al ser humano que se aproxima y en vez de hacerlo “sujeto de bien”, lo convertimos en “objeto de beneficio” para su uso rentable en votos, afecto o riqueza.

 

Soy persona, soy un bien; eres persona, eres un bien. Lo demás ya vendrá y, entre todos y con la colaboración de todos, podremos arreglar los problemas que vayan surgiendo por salvar vidas, que es lo importante. Siempre y cuando la honestidad sea el motor de la acción que nos lleva a ayudar, lo contrario sería convertir al “otro” en objeto para mi bien.

 

 

[1] Carrión, J (2016). La belleza desalmada. Encuentro. Madrid. P. 40

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