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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Una felicidad terrorífica

Quiero ser feliz detail

Parece ser que fue Ingrid Bergman quien afirmó que la felicidad era tener buena salud y mala memoria. Estoy de acuerdo. Y cada año que pasa estoy más convencido de ello, ya que tengo peor memoria y voy manteniendo una salud aceptable. Por lo tanto y según la definición bergmaniana de felicidad, cada año que pasa soy un poco más feliz.

La felicidad se ha puesto de moda. Todo el mundo se ha empeñado en ser feliz, ignoro el porqué. ¿Quizá porque son infelices? Incluso las empresas se han apuntado a esta moda y también se han obligado en hacernos felices. "Empresas felices" las llaman. Ya no podremos ir a trabajar y punto. No podremos ir simplemente a realizar nuestras tareas sin más pretensión que llevar a casa un sueldo con el que alimentar a nuestra familia y, en segundo lugar, a nosotros mismos. No, eso ya no es suficiente. Ahora además tendremos que ir a ser felices.

 

Yo personalmente creo que esto de la felicidad es algo privado y que se basa en la confianza. Creo que con seguridad puedes confiar tu felicidad a tu pareja, y decirle: "quiero ser feliz contigo el resto de mi vida, quiero hacerte feliz y me gustaría que tú me hicieras feliz a mí". Pero sinceramente la felicidad no es algo que confiaría al vecino del segundo, que aunque no me llevo mal con él no me veo diciéndole en el ascensor: "me gustaría que me hicieras feliz". Ni, ¡por Dios!, le imagino diciéndome: "Raúl, te voy a hacer feliz". Si me dijera eso, la angustia y el terror serían tales que cada vez que me cruzara por la calle con él, huiría como alma que lleva el diablo temiendo qué podría estar planeando para hacerme feliz.

 

¿No sería lo mismo, o incluso peor, si fuera la empresa donde trabajo la que se empeñara en hacerme feliz? ¿No sería también terrorífico estar en mi puesto de trabajo esperando a que se pusiera en marcha algún plan cuyo objetivo fuera el hacerme feliz? Y qué me dices si un día, de manera repentina, tu jefe te llamara a su despacho y así de buenas a primeras te soltara algo como: "Dime cómo puedo hacerte feliz" mientras lentamente se fuera dibujando en su cara una gran, cálida y amable sonrisa. O peor aún, que el que te llamara fuera el director de recursos humanos. Brrrr… me entran escalofríos solo de pensarlo.

 

Recuerdo que hace años me contrataron para entrevistar y valorar a candidatos con el fin de realizar una promoción interna en la empresa. Me sorprendió la entrevista que realicé a una persona que lo primero que me aclaró fue que él no se había presentado a la promoción, le habían presentado. Después me explicó que él vivía en el campo, que trabajaba por necesidad y que trataba de hacerlo lo mejor posible, pero que que no estaba interesado en ninguna promoción. Él era feliz en su huerto con sus gallinas. ¿Imaginas su respuesta si la empresa le hubiera dicho que le iba a hacer feliz? Sí, nos la podemos imaginar.

 

Yo la verdad es que prefiero ser feliz en mi casa y con mi familia: sentado en el salón de mi casa jugando mis hijas, vaya. Es decir, quiero ser feliz como a mí me dé la gana, que por supuesto no tiene porqué ser de la misma manera que mis compañeros de trabajo, que supongo que tendrán su propia manera de ser felices. Ni tampoco quiero ser feliz de la manera que decida mi jefe, o el jefe de mi jefe, o el jefe del jefe de mi jefe.

 

Yo pediría a la empresa donde trabajase algo mucho más simple que la felicidad, aunque teniendo en cuenta la realidad que veo en las empresas parece mucho más difícil y complicado. Simplemente pediría que me dejasen hacer mi trabajo, que no me molestaran, que no me pusieran dificultades absurdas en mis tareas, que no me cambiaran las prioridades continuamente, que no me pidieran una cosa hoy y mañana la contraria, que no me hicieran participar en reuniones improductivas, que dejaran de ponerme plazos y objetivos imposibles, que me comunicaran lo que necesito para realizar mi trabajo… En resumen, que no me frustraran continuamente, que es muy diferente a hacerme feliz.

 

De esa manera podría salir de la oficina satisfecho con el trabajo realizado, marcharme a mi casa y, allí sí, ser una persona absolutamente feliz de la manera que me dé la gana.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

Comentarios

Raúl García 03/04/2018 22:21 #4
Gracias Roberto por tu comentario. Efectivamente las empresas pueden facilitar u obstaculizar, pero atribuirse el poder de dar la felicidad me parece cuando menos presuntuoso. Saludos, Raúl.
Raúl García 03/04/2018 22:20 #3
Muchas gracias Vanessa por tu comentario. Como bien dices cuando las expectativas se ven satisfechas se puede ser muy feliz, al igual de felices que estarán tus gatas cuando comparten el sofá contigo. Saludos, Raúl.
Roberto Romano 03/04/2018 12:16 #2
Totalmente de acuerdo con la reflexión de Raúl. En mi opinión la felicidad es algo personal, no obstante el entorno nos puede influenciar significativamente tanto positiva como negativamente. Las empresas pueden ejercer un efecto positivo si son capaces de generar entornos que den significado al trabajo, nos hagan sentir necesarios, nos valoren y proporcionen oportunidades de mejora, nos aporten los recursos necesarios y nos reconozcan. En estos entornos lo que les queda es respetar que cada persona encuentre por sí misma su propia felicidad.
Vanessa M. 28/03/2018 22:57 #1
No puedo estar más de acuerdo contigo. Recientemente he tenido una conversación muy similar en la que llegué a la conclusión de que yo también soy feliz en el sofá de mi casa con mi familia y mis dos gatas. Podría ganar más, tener una casa más grande y me sentiría más satisfecha pero no más feliz. Y en el trabajo, me conformo con que me digan lo que tengo que hacer y me den los medios para lograrlo. No parece tan difícil, verdad?

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