Silueta raul garcia diaz original

Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Si quieres un café, pregunta

Si quieres cafe pregunta detail

La semana pasada mi hija Sara de cinco años me preguntó: «Papá, ¿por qué los números no se acaban nunca?».

Sinceramente no esperaba defraudar tan pronto a mi hija, esperaba al menos que llegara a los trece o catorce años. En fin, le dije que me parecía una pregunta muy interesante y que la razón por la que los números no se acababan nunca era que los números son infinitos. Respiré aliviado cuando vi que la respuesta parecía satisfacerla. Así que logré conservar el título de padre sabelotodo un poco más de tiempo. A ver cuánto me dura.

 

En los cursos que imparto sobre hablar en público, siempre doy algunas pautas para responder a las preguntas que el público realiza. Lo primero que hay que hacer cuando te preguntan es, evidentemente, agradecer la pregunta. Los dos motivos principales por los que se suele aconsejar hacer esto son: el primero, que otras personas se animen a preguntar, ya que con tu agradecimiento estás premiando que te hagan preguntas; el segundo es porque así tienes unos preciosos segundos para empezar a elaborar la respuesta que quieres dar.

 

Pero incluso en aquellas situaciones en las que no te encuentras hablando en público, uno tiene que agradecer las preguntas que le hacen, sean las que sean. Y son tres los motivos fundamentales para ser agradecido con la persona que te pregunta en el supermercado por qué compras esa marca de yogur, o con una compañera de trabajo que te pregunta el motivo de hacer ese informe, o con tu hija que te pregunta por los números mientras desayunáis una relajada mañana de primavera.

 

El primer motivo es que si esa pregunta ha surgido por algo que has dicho o hecho, esa pregunta es un claro síntoma de interés y atención hacia tus palabras o tus acciones. Lo que es de agradecer. Actualmente vivimos en una época en la que es difícil concentrar la atención en algo durante más de unos segundos. Que una persona haya prestado atención a lo que has dicho o a lo que has hecho y que de ello le haya surgido una pregunta, es motivo de admiración y de agradecimiento. Incluso de una invitación a un café.

 

El segundo motivo es que sea cual sea la pregunta que te haga la persona, te acaba de hacer entrega del título de experto en el tema sobre el que te interpela. Porque si te interroga sobre un asunto en particular es porque considera que le puedes arrojar algo de luz sobre ese asunto. Y eso, sin ninguna duda, es motivo de agradecimiento. Incluso de una invitación a un café.

 

El tercer motivo es que gracias a esa pregunta vas a poder profundizar en tus conocimientos sobre ese tema. Vas a poder interpelarte sobre por qué haces o dices ciertas cosas. O mejor aún: vas a poder poner en tela de juicio tus ideas y pensamientos. Y eso no tiene precio. Eso es un auténtico regalo que te han hecho simplemente haciéndote una pregunta. Pocas verdades absolutas existen y muchas de nuestras creencias y de nuestros pensamientos, después de mucho tiempo de estar con nosotros, las tomamos como verdades absolutas que no contrastamos nunca. Que venga alguien y nos fuerce a explicitar nuestros argumentos es motivo de un agradecimiento verbal. Incluso de una invitación a un café.

 

Dicen que no hay preguntas tontas. Yo creo que sí que las hay. Son aquellas que están hechas con mala idea, que tratan de dejarte en ridículo, que se hacen con ironía y sarcasmo, que intentan manipularte, etc. Esas preguntas lo único que merecen es el silencio como respuesta.

 

Las preguntas sinceras, honestas, educadas, directas, interesantes… esas merecen un agradecimiento. Y sí, cuando a mí me hacen una pregunta de esas… invito a café. Así que ya sabes.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: