Silueta raul garcia diaz original

Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

El diálogo más habitual es también el más insulso y el más desaprovechado

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«¿Qué tal?» Probablemente esta sea una de las frases que más decimos o escuchamos al cabo del día. «Bien, ¿y tú?», y esta sea la contestación que más usamos o escuchamos ante la primera pregunta. Este diálogo, que puede ser el más habitual entre personas, suele terminar con un «bien». Y nos quedamos tan satisfechos con esta demostración de formalismo y desinterés mutuo.

 

Es cierto que las palabras están marcadas por los elementos paralingüísticos y nuestro lenguaje no verbal. Es decir, por el cómo decimos las palabras: la entonación, la velocidad, el volumen, las pausas que realizamos y por nuestros gestos. Así que una pregunta tan específica como «¿qué tal?» puede esconder innumerables significados dependiendo de cómo utilicemos esos elementos paralingüísticos y nuestro lenguaje no verbal.

 

Le imprimimos un claro significado de reprimenda cuando le hacemos la pregunta a alguien que nos la ha jugado en el trabajo. En ese caso preguntamos «¿qué tal?» asintiendo con la cabeza repetidamente, frunciendo el ceño, mirando fijamente a nuestro interlocutor, empleando una entonación ligeramente plana y marcando con dureza las dos palabras. Obviamente lo que estamos diciendo en realidad es: «te habrás quedado a gusto después de esta jugarreta que me has hecho, ¿verdad?».

 

También podemos transmitir con esas mismas dos palabras cierto sentido de complicidad. Por ejemplo cuando un compañero ha conseguido una promoción que pensamos que se merece. En ese caso sonreímos abiertamente, levantamos las cejas, alargamos la vocal de la última palabra y enfatizamos la entonación interrogativa sonando como un «¿qué taaaaal?». Que se podría traducir como: «creo que me tienes que contar algo bueno que te ha pasado, ¿verdad?».

 

Pero el diálogo que he expuesto en el primer párrafo en muchas ocasiones es insulso, soso, e insípido. Porque lo utilizamos como un simple saludo, sin ninguna intención de conocer cómo está la otra persona. Y lo peor de todo es lo que realmente estamos transmitiendo cuando actuamos así: «No sé qué decirte, así que voy a disimular haciéndote una pregunta que tanto tú como yo sabemos que es un simple saludo para salir del paso. Por favor, no la interpretes como un deseo honesto de saber cómo estás, con un simple bien me quedaré a gusto. Si cumples este pacto me puedes preguntar lo mismo, entonces yo también te contestaré de igual manera. Después podemos irnos cada uno por nuestro camino habiendo cumplido con un ritual formal e intrascendente que no nos complicará la vida».

 

Unas palabras que pueden transmitir un interés honesto por alguien es algo que no deberíamos emplear a la ligera. Es como si tuvieras el superpoder de la teletransportación y lo usaras para ir del sofá al frigorífico y del frigorífico al sofá. Vamos, un desperdicio. Y es que la pregunta «¿qué tal?» tiene un gran poder. El poder de hacer que otra persona te cuente de verdad cómo le va: qué es lo que le ha entristecido, qué le ha animado, porqué está defraudada, qué le ha sacado de quicio, porqué está agotada, porqué se siente impotente, porqué está eufórica, qué es lo que le ha dado energía, en qué ha fracasado, porqué está ilusionada, qué le ha hecho sonreír hace un rato o qué esperanzas tiene en la vida.

 

Tal y como afirmó Franklin D. Roosevelt, «un gran poder conlleva una gran responsabilidad». Utiliza a partir de ahora el poder de la pregunta «¿qué tal?» con la responsabilidad que merece, interesándote honestamente por la otra persona cada vez que la uses. No desaproveches su poder.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

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