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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

El carro, el fútbol y las buenas o malas decisiones

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"Una vez rota la rueda del carro, alguien te dirá por dónde no tenías que haber pasado"

Un dicho mongol (en realidad no sé si es mongol, pero tiene toda la pinta) dice más o menos así: "una vez rota la rueda del carro, alguien te dirá por dónde no tenías que haber pasado". España fue eliminada del Mundial de Rusia el pasado domingo y muchos analistas, comentaristas, seguidores futboleros y no futboleros estos días están explicando qué es lo que no se debía de haber hecho y qué es lo que se tenía que haber hecho. Es decir, por dónde no tenía que haber pasado la carreta.

 

Es un error muy habitual pensar que una decisión es buena si conduce a un buen resultado y es mala si el resultado obtenido es malo. Es normal, nadie quiere equivocarse. Pero todos los profesionales sabemos que una decisión es buena o es mala independientemente del resultado. O dicho de otra manera, una decisión mala no es la que lleva a un mal resultado, ni una decisión buena es la que lleva a un buen resultado. Lamentablemente una buena decisión puede llevar a resultados catastróficos e inesperadamente una mala decisión puede llevar a resultados magníficos.

 

Pondré un ejemplo. Voy por primera vez a un restaurante a comer y me ofrecen dos primeros platos y dos segundos. Elijo un gazpacho y un entrecot a la plancha. Cuando pruebo el gazpacho está terriblemente salado y el entrecot es una suela negra de zapato. El resultado de mis elecciones fue bastante negativo, pero la pregunta es: ¿Decidí bien? Probablemente sí.

 

Una buena decisión depende de la información que uno tenga en el momento en el que tiene que tomar la decisión. Cuanta más información se tenga, mejor decisión se podrá tomar. Por eso solemos fijarnos en la comida que ya hay en las mesas de otras personas antes de pedir. Cuanta más información, mejor decisión tomaremos.

 

Otro ejemplo. Imaginemos que hoy por la mañana quiero ir al centro de la ciudad andando. Me asomo a la ventana y observo unas nubes grises sobre mi cabeza que me hacen sospechar que quizá pudiera llover. Trato de obtener más información sobre la meteorología que me espera en las próximas horas y abro la aplicación del tiempo en mi móvil de última generación. Interesante… hay un 10% de probabilidad de lluvia en las próximas 2 horas y después cae a un 0%. Decido no llevar el paraguas y salgo a la calle. Mientras cruzo el puente sobre el río Pisuerga cae un chaparrón que me deja duchado para varios días. El resultado de mi decisión no fue bueno. ¿Decidí bien? Probablemente sí.

 

Aunque una buena decisión depende de la cantidad de información que se tenga, nunca se tendrá toda la información. Quizá debería haber consultado la web de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), o debería haber llamado a mi abuela por teléfono, que cada vez que va a llover le duele el codo. Pero aunque me hubiera conectado directamente con el satélite Meteosat, nunca hubiera podido tener a mi disposición toda la información que existe en el mundo, referente al tiempo que iba a hacer hoy por la mañana en Valladolid para analizarla y decidir. Si esperásemos a tener y evaluar toda la información disponible jamás decidiríamos. La parálisis por el análisis lo llaman.

 

Vamos a por un tercer y último ejemplo. Llevo varias semanas con fuertes dolores en la rodilla derecha. He ido a varios especialistas y me han recomendado que me opere. Según los especialistas tengo un 92% de probabilidades de volver a poder correr un media maratón, un 7% de probabilidades de no volver a hacer ningún deporte y un 1% de perder la pierna. No contento con la opinión de estos especialistas, busco por internet personas que ya han sido operadas de mi misma dolencia. Sólo encuentro puntuaciones de 5 estrellas sobre 5 en los comentarios de operados de rodilla en el foro al que me conecto. Incluso una de las doscientas cuarenta y siete personas operadas de las que leo sus comentarios, dice que después de la operación ha corrido 8 ultra trails en 4 meses. Además escribo un email al mayor experto en operaciones de rodilla y me contesta diciéndome que si él fuera yo, se operaba sin dudarlo. Después de tres meses evaluando mis diferentes alternativas y calculando el valor esperado de cada uno de los resultados tomo la decisión de operarme. Durante la operación tienen que amputarme la pierna. ¿Decidí bien? Es posible.

 

Todas las decisiones que tomamos en la vida, son decisiones con incertidumbre. Es decir, las diferentes alternativas son más probables o menos probables, pero todas son posibles. Por eso no existen fórmulas mágicas, y por eso el truco que usa tu amigo para que su hijo se coma el brócoli es probable que a ti no te funcione.

 

Una buena decisión es aquella que se toma con un buen método utilizando la máxima información que se tenga en el momento de la decisión. Una vez conocido el resultado es muy sencillo decir qué se debió hacer de otra manera, por dónde no tenía que haber ido el carro o cual era la alineación equivocada.

 

De lo que nadie suele darse cuenta es que su decisión correcta podría haber desembocado en otro resultado peor aunque quizá menos probable: podíamos haber sido eliminados en la fase de grupos. Aunque eso tampoco significaría que fuera una mala decisión. (Otra razón por la que los fracasos solo te enseñan lo que no debes repetir, no lo que debes hacer). Para evaluar si una decisión fue buena o mala deberíamos estudiar el proceso utilizado y la información utilizada. Pero eso sería muy aburrido.

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

Comentarios

Raúl García 06/07/2018 09:58 #2
Hola Gustavo, gracias por comentar. Es cierto. Mi alternativa, de todas las demás alternativas posibles, no tiene porqué ser mejor y, como bien dices, nunca lo sabremos.
Gustavo 03/07/2018 11:33 #1
Nunca puedes saber que hubiera pasado tomando la decisión alternativa, los daños o beneficios colaterales, las segundas, terceras,... derivadas. Puedes imaginar lo que hubiera pasado presuponiendo que todas las demás variables se habrían mantenido igual. Pero eso nunca lo sabremos, porque estaríamos en una realidad distinta.

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