"Pelea de taberna" en las Cortes de Castilla y León
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Pedro Santa Brígida
Periodista

"Pelea de taberna" en las Cortes de Castilla y León

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El debate político actual en España es un tanto barriobajero, a menudo carente de nivel intelectual, con demasiados portavoces hooligan, sin que la mayoría de las veces se responda a las preguntas, donde la pose o el titular gracioso dirigidos a la prensa priman sobre las explicaciones razonadas. El show mediático y las redes sociales han convertido -a nivel nacional, autonómico y local- las cámaras de represención popular en circos de tres pistas. 

 

Esta semana el vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Francisco Igea, publicó un twitter en el que se recogían unas imágenes (sin sonido) del final de la Comisión de Empleo e Industria de las Cortes en la que dos procuradores, después de una acalorada bronca, casi llegan a las manos. La imagen del socialista Pedro González avanzando en tono amenazante hacia el popular Alberto Castro, mientras se interponían otros compañeros de escaño ha generado la correspondiente polémica en la institución, en twitter y en algunos medios de comunicación.

 

Pedro González es empleado de Renault, veterano sindicalista de UGT en Palencia y Valladolid, acostumbrado a las movilizaciones laborales y a las pancartas. Alberto Castro es empleado de Banca, ha ocupado cargos públicos destados en Zamora. Ambos deberían pedir disculpas formales en Las Cortes (no en las redes sociales) por su mal ejemplo.

 

En el PSOE argumentan que la rección casi macarra de González fue motivada por los insultos recibidos por parte de Castro: "cabrón" y "payaso". En el PP dicen que el procurador socialista es conocido por su habitual falta de educación y que se pasó de la raya ese día (fue expulsado de una Comisión en septiembre de 2020). El autor del twitter, Igea (Cs), calificó las imágenes de intolerables y de "pelea de taberna".

 

El ejemplo es penoso porque, entre otras razones, los ciudadanos nos merecemos mayor respeto. En política no vale todo -o no debería- y mofarse sin escrúpulos del contrario demuestra escasa cultura democrática. El ingenio y la ironía, tan necesarios en el debate público, son sustituidos por la ofensa, la burla y el insulto. Demasiadas veces los oradores dirigen los mensajes a sus propias filas, a su clan ideológico, demostrando que les importa un bledo el conjunto del pueblo al que representan (presuntamente). "Defiendo sólo a mis votantes", mantienen orgullosos algunos cargos electos de esta tierra (y de todas).

 

En las sesiones de control al Gobierno del Congreso de los Diputados últimamente asistimos a un auténtico diálogo de besugos. La oposición pregunta, el presidente o ministro de turno no responde y suelta un mitín sobre la ultraderecha (antes era al contrario). Ocurren situaciones similares en los plenos y comisiones de ayuntamientos, diputaciones, parlamentos regionales, en las cámaras Baja y Alta, en la eurocámara...

 

Los líderes políticos están, en general, pésimamente valorados por los ciudadanos. A nivel nacional no aprueba ni uno, muchos de ellos más cercanos al muy deficiente que al simple suspenso, y a nivel autonómico sólo el presidente Alfonso Fernández Mañueco supera el cinco por los pelos. Unos cuantos deberían hacérselo mirar.

 

En toda esta historia, también se ha llevado un montón de palos el vicepresidente Igea en las redes sociales, o sea, el mensajero es el culpable, que nos dirían a los periodistas. La pena es que no se escuchara el tono de la discusión, las expresiones concretas, entre González y Castro. Sería muy edificante, seguro. La reacción del uno yendo hacia el otro como si estuvieran en una "pelea de taberna" y los que estaban allí poniéndose en medio no tiene precio. Lo que nos faltaba por ver. ¿Qué será lo próximo?

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