Juego Interno

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A veces un cúmulo suficiente de fracasos nos ayuda a entender quiénes somos, qué hacemos y qué pasos vamos a dar para conseguirlo. Otros, simplemente nos recuerdan lo amargo del fracaso y nos inducen a cometer un error aún más grave: abandonar.

Cómo te ves a ti mismo determina qué persona eres. ¿Y quién soy? En tus manos debería estar esa respuesta sin dar tan siquiera una posibilidad de que otros sean los que respondan por ti.

 

Es nuestro juego interno el que debería dictar esa respuesta en todo lo que concierne a nuestra vida, aficiones, proyectos. Esto es lo que significa tener el control sobre nuestras emociones y nuestro comportamiento. Cada vez que permitimos que lo externo influya en nosotros, lo externo se hace más grande. Cada vez que lo interno gana, ganamos nosotros y por increíble que parezca, ganan los demás. Ellos ganan la oportunidad de conocerte, de aprender de aquello que tengas que ofrecer y disfrutan de tu personalidad.

 

Dicho de otro modo. Cada acción, decisión o palabra que salga por tu boca debe responder a tu propia voluntad y deseo de hacer y decidir lo que quieras en ese momento. Entonces tus opiniones serán valoradas, tus palabras cobrarán fuerza y tu persona será respetada.
Cada vez que te acomodas a la voluntad de otros estás a merced de su propia voluntad y tus opiniones no serán tenidas en cuenta, te comportarás de forma incongruente y nada saldrá como tu deseas.

 

¿Tú qué haces con las personas que fingen otra personalidad distinta a la suya para acomodarla a tus expectativas? Sospechar de ellas porque ocultan algo. Porque que no son sinceros. ¿Cómo te hacen sentir? Seguramente incómodo. Pues así es como se sienten los demás cuando en lugar de poner tus valores en juego te dedicas a adoptar las opiniones de los demás.

 

Trabajar en tu juego interno no es rápido ni fácil. Los grandes cambios no llegan de la noche a la mañana. Normalmente son la acumulación de otros muchos más pequeños.

 

En ocasiones lo que nos parece algo nimio, sin importancia, puede suponer una diferencia en nuestra vida y, al entenderlo así, empezamos a darle más valor a lo que a priori no lo tenía. Recuerda que una montaña de arena es montaña por la acumulación de pequeños granos, uno tras otro, tras otro. Sucede lo mismo con nuestro juego interno. Un pequeño cambio tras otro, tras otro, se convierte en un cambio radical en nuestra manera de ver y sentir lo que somos y lo que hacemos.

 

¿Qué pequeños cambios crees que puedes hacer que marquen una diferencia en tu vida? ¿Los puedes hacer hoy mismo? Si la respuesta es sí, no esperes. Si aún los estás buscando, la respuesta sigue siendo la misma. No esperes. Encuentra aquello que puedas cambiar ahora mismo y que te empuje hasta el siguiente nivel.

 

Una de las armas más potentes de un buen juego interno es la voluntad de actuar. Es por eso que la gente de éxito siempre está en movimiento. Puede parecer una obviedad, pero la gente que se preocupa por su propio desarrollo es más consciente de la importancia que tiene moverse hacia sus objetivos, por pequeños que sean.

 

La dificultad radica en averiguar si nuestra procrastinación viene por falta de motivación, miedo o simplemente ignoramos el valor de ciertos asuntos.

 

Como dijimos antes, un grano de arena puede no tener importancia hasta que juntamos muchos granos y obtenemos una montaña. Igualmente ocurre con la procrastinación ligada a los cambios. Y aquí el camino es de doble sentido. La dilación o incluso abandono de pequeños cambios aparentemente de poca repercusión pueden acabar por hundirnos en la miseria, pero también el éxito repetido de llevar a cabo todo aquello que pueda mejorar nuestra situación nos puede poner en posición de potenciar nuestra calidad de vida y aprovechar las oportunidades que se nos presenten.

 

Cualquier tipo de tarea ocupacional está intimamente relacionada entre la falta de acción y la falta de confianza en uno mismo. Si pensamos seriamente que el resultado de nuestros esfuerzos será mediocre, retrasaremos todo lo posible cualquier cosa que tengamos que hacer, aún sabiendo que nos va a perjudicar.

 

Es fácil fracasar cuando no vemos las consecuencias de la falta de acción.

 

Alimentar la mente para sentirnos motivados todos los días es difícil y hay que hacerse a la idea.

 

Porque llegarán días en que sucederán cosas que desafiarán nuestra voluntad de seguir adelante y, de permitírselo, nos mantendrán atados, sin movernos, sin dar un solo paso, de forma permanente.

 

Nuestro juego interno se trabaja de dentro hacia afuera. Para ver cambios en el exterior primero debemos cambiar lo que hay en nuestro interior. Y la llave maestra la tenemos nosotros. A través de avanzar sobre los problemas, moviéndonos constantemente hacia la meta y mirando en nuestro interior tratando de averiguar qué falla y qué podemos hacer por cambiarlo y de esta forma, al ir dando pequeños pasos, elevar nuestra identidad hacia un nuevo nivel.

 

Moverte y cambiar. Suena fácil aunque es mucho más complicado de lo que parece. Un paso vale más que mil palabras. Prueba a cambiar algo en este instante que te produzca dolor, insatisfacción, y observa los resultados. No digas más veces mañana. Empieza ahora mismo.

Comentarios

Roberto Serna 06/12/2017 10:51 #3
Gracias por tu comentario! Es difícil ser y hablar claro, aunque hay que intentarlo. Hay que mantenerse fuerte. Un saludo!
Roberto Serna 05/12/2017 23:03 #2
Gonzalo gracias por comentar! Es difícil ser y hablar claro en tiempos tan complicados. Hay que mantenerse fuerte. Un saludo!
Gonzalo José 04/12/2017 14:35 #1
Roberto, me ha gustado tu artículo. Lo leo y vuelvo a leer, pues siempre se "pasa" algo que a la segunda te cala un poco más. Es la radiografía de una mente clara y, lo mejor de todo, entusiasta de la vida.

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