Confianza y competencia I: Cómo ganarse la confianza

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El factor más relevante que podamos desarrollar, ya sea a nivel personal o a nivel profesional,  es el valor. Y del valor se alimentan dos que marcan el ritmo de nuestras acciones, como son la confianza en sus tres vertientes (confianza en uno mismo, confianza en los demás y ser digno de confianza) y la competencia, de la cual ya conocemos cómo conocimientos, habilidad y actitud son las raíces que la conforman.

Y hablo de valor porque así es como deben ser entendidas la confianza y la competencia. Porque sencillamente sin ellas, no valemos nada.

 

ENTENDER LA CONFIANZA

 

¿La confianza en uno mismo es la más importante para desarrollar todas las demás? En cierto modo sí, aunque no completamente. Lo explicaré con un ejemplo.

 

En una reunión de trabajo se pide a los participantes que expongan su punto de vista sobre un tema en particular. ¿En qué me ayuda tener autoconfianza? Fácil. Saber desenvolverte y expresarte con precisión y determinación te ayudará a exponer con convicción tu punto de vista. ¿Podrán los demás confiar en mí cuando se trate otra situación similar? Definitivamente sí. Pero en esa situación particular porque es donde has demostrado tus cualidades. ¿Significa esto que yo también podré confiar en los demás? Me temo que no. Eso depende de ellos, de su actitud, de sus conocimientos y de su forma de ponerlos en juego en el lugar y momento oportunos. Exactamente igual que sucede contigo.

 

Como dice George Fischer, antiguo director ejecutivo de Motorola: "Lo fundamental es poseer una base principios y valores. Saber lo que se representa y vivir con arreglo a esos valores morales."

 

Confiar en uno mismo es lo que nos permite la posibilidad de extender la confianza en los demás, pero solo ellos son los responsables de ganarse ese lujo. Y también es lo que nos posiciona como dignos de confianza. La incongruencia, como ya hemos hablado más veces, es un fallo de carácter y no de competencia. Y esto tiene un precio que será más alto o más bajo en función del tipo de error cometido. Las personas comprendemos los fallos en competencia pero sucede que a menudo no perdonamos los que se cometen por parte del carácter. Estos últimos son una traición a la confianza entre las personas, a la relación entre ambas y por ende mucho más complicados de restaurar. Una persona, por ejemplo, puede fallar por diversos motivos en áreas de su vida en las cuales sus capacidades no eran las correctas o estaban lo suficientemente desarrolladas. Si un amigo nuestro no se entrena para ser un buen portero y en un partido le marcan varios goles, no dejará de ser nuestro amigo, por mucho que quisiésemos ganar ese partido. O si nuestro jefe no puede resolver un problema que ha surgido de repente y le vemos pidiendo ayuda a sus empleados, tampoco le retiraríamos la confianza y buscaríamos de inmediato un nuevo empleo. Trataríamos de resolver una situación que afecta a toda la empresa a la vez que se aprende de lo ocurrido y se trata de mejorar las competencias de todos, tanto líder como empleados. Todo esto son fallos de competencia y la competencia se puede desarrollar. Se puede aprender a crecer. Es algo que cualquier persona entiende.

 

Los fallos de carácter son algo que puede afectar de forma definitiva a cómo vemos y respondemos ante todo aquello que nos rodea.

 

Como cuando vemos a alguien eludir una responsabilidad hasta el último momento tras cometer un error, esperando a que pase la tormenta y así librarse de dar explicaciones y del problema causado. Es una conducta muy cobarde. Y desgraciadamente común. O cuando tratamos de librarnos de algo a lo que ya nos habíamos comprometido previamente alegando estar muy ocupados y sin tiempo. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez? ¿Cómo afectó eso a la relación con tus compañeros, amigos o pareja? ¿Y si te lo hicieran a ti, cómo afectaría eso a tu confianza? ¿Lo pasarías por alto o sencillamente dejarías de proponer nada al esperar de nuevo el mismo resultado? ¿No sería mejor elegir más sabiamente a qué nos comprometemos y no fallar a los demás una vez tras otra?. Lo mismo ocurre cuando alguien trata de hablar con su jefe y este le dice una y otra vez que está demasiado liado y que le diga "corriendo" lo que sea, tan solo para evitar el enfrentamiento. Todas estas pequeñas cosas afectan y destruyen poco a poco la confianza.

 

Por eso hablamos de confianza y competencia en términos de valor. Porque eso es lo que se necesita para adquirirlas y aplicarlas. ¿Se puede aumentar la confianza que tenemos en nosotros mismos y en los demás? Sí, se puede. Cambiando nuestra conducta. Nuestra conducta es siempre cuestión de elección. Y para que los demás cambien la suya es necesario que nosotros cambiemos primero la nuestra.

 

Como dice Stephen R. Covey: "Lo único que tenemos que hacer es ver, hablar y comportarnos de formas que inspiren confianza."

 

Comentarios

Roberto Serna 02/04/2018 10:30 #2
Gracias Teresa por leerme. Estoy de acuerdo contigo! Es la falta de coherencia y no la preparación lo que echa al traste todo y, al final, dejan sin valor a las personas. Un saludo Teresa!
Teresa 28/03/2018 17:08 #1
Qué bien me viene leer tus artículos para conocerme un poquito más a mí misma; mis reaciones, mis impulsos, mis miedos, y mis triunfos también, claro que sí. Si yo diera más importancia a mis fallos de carácter que a los de competencia, creo que sería mucho más feliz ( procurando cambiar esos fallos, por supuesto). Lo voy a intentar, lo prometo. Gracias Roberto.

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