Silueta original

Feliz con poco

Félix Martín Santos
@FMSFelizconpoco

Dehesa de Mambrillas de Lara: Aún pasta un rebaño de ovejas entre quejigos con rostro humano

En un área de la ladera septentrional de la burgalesa Sierra de las Mamblas se halla la dehesa de Mambrillas de Lara, que alberga uno de los quejigares más extensos y mejor conservados del planeta, en el que el dominante quejigo convive con otras especies arbóreas caducifolias como avellanos, arces, mostajos, algunas hayas, fresnos y melojos.

Este paisaje adehesado de centenarios árboles revela el interés de los autóctonos de muchos de estos pueblos serranos por preservar ciertos terrenos comunales para el aprovechamiento exclusivo de su ganado, sin la servidumbre de la otrora ganadería ovina trashumante del Honrado Concejo de la Mesta. Merced a ello, han podido legar a las generaciones venideras un excepcional patrimonio natural, para disfrute de propios y extraños, como también puede observarse en la vecina dehesa de Hortigüela así como en las dehesas de bastantes localidades de la cercana Sierra de la Demanda: Huerta de Arriba, Huerta de Abajo, Tolbaños de Arriba y Tolbaños de Abajo, entre otras.

 

TRAYECTO HASTA MAMBRILLAS

 

Si partimos de Burgos, capital, es preciso salir por la Autovía del Norte ó A-1 (la antigua nacional de Madrid). Tras nueve kilómetros de recorrido habrá que abandonarla para coger, a la derecha, la Nacional 234 (Burgos-Sagunto), que no abandonaremos hasta llegar a Mambrillas de Lara, pasando previamente por Olmosalbos, Hontoria de la Cantera, Cuevas de San Clemente y el alto de Mazariegos (1.060 m), ubicado a unos 32 kilómetros de la capital cidiana, desde donde se divisa, a la derecha, las cumbres más altas de la sierra de las Mamblas: la Muela (1.374 m.) y el Castillejo (1.347 m.).

 

A nuestra izquierda contemplaremos Peñalara, donde aún perduran vestigios de un castro celta y el famoso Picón de Lara, restos del castillo donde nació en el año 910 Fernán González, gran forjador de la Castilla medieval. Si avanzamos unos cinco kilómetros más llegaremos hasta Mambrillas de Lara, observando, a la derecha, en una especie de concavidad de estas montañas, su singular dehesa, principal protagonista de este contenido.

 

Antes de aproximarnos y adentrarnos en la foresta, quizá sea mejor dejar estacionado el coche en el pueblo, a fin de no deteriorar el camino roturado entre prados de buen pasto. Aunque, luego, habrá que tener mucho cuidado al atravesar la nacional 234. Al poco de hacerlo, veremos nuestro camino.

 

PANORÁMICA DEL SUAVE RELIEVE DE LA SIERRA DE LAS MAMBLAS

 

Antes de dejar nuestras huellas en el sendero, es posible que nos resulte placentero contemplar el romo relieve septentrional de las montañas de la Sierra de las Mamblas. Para ello, miraremos de frente, de izquierda a derecha, de sureste a suroeste, para ver, según las indicaciones del mapa IBERPIX 4, del Instituto Geográfico Nacional (IGN), las siguientes cumbres: cerro de San Cristobal (1244 metros de altura), muy próximo a Hortigüela; Cerro de la Cueva (1278 m.), donde está la cueva del Penuquillo; el Asentado (1232 m.), que por el norte acoge con el monte precedente gran parte del bosque caducifolio de la dehesa de Mambrillas; el Somo (1201 m.); Peña Alta (1217 m.); Covatero (1273 m.); la Muela (1374 m.) y el Castillejo (1347 m.), las dos cumbres más altas de esta sierra, como dijimos antes.

 

¿DE DÓNDE PROCEDE EL NOMBRE DE LAS MAMBLAS?

 

Esta panorámica de suaves y romas cumbres (sinclinales colgados) es fruto de la erosión ejercida por el viento, el agua, el hielo, entre otros agentes erosivos, durante millones de años, sobre la orla mesozoica ibérica, previa a la Sierra de la Demanda.    

 

La imaginación popular ha comparado estas delicadas cumbres con las mamas femeninas, por lo que desde antaño recibieron el nombre latino de mammulas, que significa pechos de mujer.

 

Por lo mismo, Mambrillas procede de otro nombre latino, mambligas, esto es, mamblas pequeñas. Ya en 1587 aparecen documentos donde se nombra al actual Mambrillas como Mambligas.

 

A mi entender, tal denominación podría deberse a que las montañas que están justamente enfrente de Mambrillas, el Cerro de la Cueva y el Asentado, tienen menos porte y altura que las más occidentales, la Muela y el Castillejo.

 

CONEXIÓN CON EL CAMINO DE SAN OLAV

 

Ya en el camino de la dehesa, lo primero que encontramos a nuestra derecha son dos construcciones de piedra y teja roja, que aparentan tenadas, así como, un poco más adelante, una alargada nave que sirve tanto para almacenar heno como para encamar al rebaño de churras de Mambrillas.   

 

Primera señal del Camino de San Olav. Al fondo, de izquierda a derecha, El Cerro de la Cueva, El Asentado y el Somo.

 

Tras andar una centena de metros deberemos abandonar este primer camino para desviarnos a la izquierda por otro, marcado por una singular señal, que seguiremos durante medio kilómetro, al final del cual apreciaremos, a nuestra izquierda, una segunda señal de igual morfología que la primera: un pequeño poste de madera, en cuya punta biselada se adhiere una placa metálica con una cruz roja o de gules con los cuatro lados de igual longitud, rematados en tres puntas como triángulos de  cóncavos lados, englobada por símbolos del infinito enlazados, que corresponde al emblema del Camino de San Olav. Esta ruta de peregrinaje nos conducirá, atravesando la Sierra de las Mamblas, hasta un paraje de Covarrubias, el Valle de los Lobos, donde se ubica la ermita de San Olav, en honor de Olaf II de Noruega, rey que introdujo el cristianismo en su país en el siglo XI. Poco después de inaugurarse esta ermita (septiembre 2011), la Asociación para el Desarrollo de la Tierra de Lara ideó y planificó esta ruta de 60 kilómetros (desde Burgos capital hasta el Valle de Los Lobos), a fin de contribuir a la difusión de la ermita citada.

 

De todas formas, en el artículo siguiente abordaremos más este asunto, el de la promesa incumplida a una princesa noruega, doña Cristina, por parte de su marido, infante de Castilla, don Felipe, hermano de Alfonso X. Como entonces veremos, la construcción de la citada ermita acabó reparando el honor mancillado, la palabra incumplida, aunque fuera casi ocho siglos más tarde.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Segunda señal del Camino de San Olav. Al fondo el Cerro de la Cueva y el Asentado

 

Precisamente, la dehesa de Mambrillas de Lara es atravesada en parte por este Camino de peregrinaje, como a continuación veremos.

 

Cruz de San Olav englobada por el lazo del infinito: símbolo del Camino de San Olav

 

ADENTRÁNDONOS EN EL QUEJIGAR

 

Como acabamos de decir, durante esta primera parte de trayecto, la ruta que seguiremos se identifica con la del Camino de San Olav, cuyas señales identificativas nos sirven de guía. Así, pues, entraremos con la mirada puesta en la segunda señal, antes mencionada, dejándola a nuestra derecha, mientras andamos por un camino orlado por múltiples matas de estepa (Cistus laurifolius) con sus hojas lanceoladas u ovaladas similares a las del laurel, que en mayo dejan ver  unas flores con 5 pétalos blancos convergiendo en un centro amarillo (por los numerosos estambres gualdos del androceo).

 

Tras andar poco más de cien metros por un piso de fino pasto de gramíneas sobre las que surgen múltiples flores de manzanilla (en mayo-junio), volvemos a ver, a nuestra derecha, otra señal del Camino de San Olav, que nos invita a desviarnos por el sendero que anuncia.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Tercera señal del Camino de San Olav (22-04-2017)

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Gamones por doquier (22-04-2017)

 

Al poco de entrar, nos dan la bienvenida siete poderosos melojos (Quercus pyrenaica), a nuestra izquierda, y dos buenos ejemplares de fresno, a nuestra derecha, en tanto que en el suelo se despliegan multitud de gamones. No es raro escuchar en primavera el tamborileo del pico picapinos (Dendrocopos major).

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Fresnos de buen porte (18-05-2017)

 

Tras recorrer una centena de metros nos llama la atención, a nuestra izquierda, la presencia en una hondonada de unos cuantos ejemplares de fresnos, especies amantes del sol y de los terrenos fértiles con buena dotación de agua. En torno a los mismos se aprecian melojos de considerables dimensiones, que nos muestran sus hojas de corto peciolo y de limbo lobulado con profundas escotaduras (pinnatífido), que se aproximan al nervio central.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Melojo o reboll con sus hojas de limbo dividido en largos lóbulos que se aproximan al nervio central, con sus flores masculinas dispuestas en amentos amarillos péndulos. 16-05-2017

 

A continuación, ascenderemos un tramo curvilíneo para, nada más rematar la pendiente, observar, a nuestra izquierda, un notable quejigo (Quercus faginea) que muestra en su ancho tronco un gran orificio que conduce a un espacio hueco, utilizado como cama por ginetas y otros mamíferos.

 

Dehesa de mambrillas de Lara: hojas de quejigo con su limbo dentado, de haz lustroso y envés más pálido. 16-05-2017

 

Las hojas del quejigo, a diferencia de las del melojo, son más coriáceas y su limbo no tiene estrechos y profundos lóbulos sino pequeños dientes que lo recorren homogéneamente, algunos un poco punzantes. De todas formas, es muy común que ambos se hibriden.

 

Además, tanto el quejigo como el melojo son marcescentes, esto es, sus caducas hojas se mantienen sin caerse durante gran parte del invierno, a pesar de estar secas, adoptando unos tonos marronáceos.

 

Quejigo centenario con gran orificio en el tronco. 18-05-2017     

 

Quejigo horadado. 22-04-2017

 

Cuando llevamos recorrido como medio kilómetro, veremos cómo unas pequeñas encinas, alguna sabina y unos cuantos arces intentan ocupar su espacio ante el dominio abrumador del quejigo. Nosotros llanearemos un breve tramo para, luego, descender otro corto trecho, que nos permitirá descubrir, en la parte más declive del terreno y a nuestra derecha, numerosas matas de tomillo salsero (Thymus zygis) seguidas de primaverales prímulas (Primula veris) que nos muestran sus flores intensamente amarillas, pendiendo de largos tallos. Justo, enfrente, al otro lado del camino y antes de volver a empinarse el camino, se aprecian dos arces silvestres (Acer campestre) y un fresno.

 

El camino vuelve a empinarse: Dehesa de Mambrillas de Lara (22-04-2017)

 

Cuando estamos culminando esta pendiente, observaremos en lontananza, a nuestra izquierda, una buena panorámica de Peña Lara, al noroeste, y del pico Mencilla, al noreste.                          

 

CONVERSACIÓN CON UN PASTOR

 

Tras ascender un corto trecho llegamos a un alto desde donde se divisa bien la frondosidad arbórea de esta dehesa, que se despliega entre el Asentado, a nuestra derecha (SO) y un monte, a nuestra izquierda (SE), que, hasta hace poco, juraría que se denominaba Peña de la Torca. Sin embargo, en la aplicación IBERPIX 4, del Instituto Geográfico Nacional (IGN)), el nombre que identifica la citada cumbre es el de Cerro de la Cueva, como hemos referido anteriormente, en tanto que Peña de la Torca figura más al suroeste, denominando a otro paraje.

 

Cuando el camino vuelve a descender vuelve a mi mente el recuerdo agradable de la conversación que mantuve en abril de 2017 con un pastor.

 

Según descendía lo vi sentado a un lado del camino, junto a una oveja y su cría. Cerca debía de estar el rebaño a tenor de los numerosos balidos que dominaban el ambiente.

 

Pastor junto a una oveja y su cordero (22-04-2017)

 

 

 

Descendí lentamente, dando tiempo a que el pastor me viera y se incorporara. De esta guisa, al llegar a su nivel, busqué su mirada y le saludé:

 

 —Buenas tardes. ¿Qué tal anda?

 

—Pues ahora poco. De pie me encuentro. Hace un rato, sentado estaba— me respondió con cierta agudeza y no poca sorna.

 

Observé a un hombre delgado, de pelo canoso y generoso, cubriéndole gran parte de la frente, nariz aguileña, tez curtida por el sol, ojos vivos, de iris verde. Vestido con un mono azul, entreabierto, que dejaba ver una camisa de cuadros, con tonos azules, blancos y rosas. Del hombro izquierdo le pendía una chaqueta de cuero marrón grisáceo, raída y gastada por el uso. Su semblante sereno y un tanto receptivo, a pesar de la huidiza respuesta, me animó a reanudar la conversación.

 

—Mire, tengo una duda que quizá usted pueda resolverme. Se trata del nombre de la cumbre de ese monte de la izquierda— miro de frente, hacia el sur, señalando la vertiente septentrional de las laderas que arropan este bosque caducifolio—.  Es que en los mapas del Instituto Geográfico Nacional figura con el nombre de Cerro de la Cueva y no Peña de la Torca, como hasta ahora creía yo. ¿Sabe usted, pues, cuál es su verdadero nombre?

 

—En los diez años que llevo pastoreando este rebaño nunca he oído el nombre de Peña Torca. Más será el segundo, el pico de la Cueva, pues en él se encuentra la cueva del Peluquillo. Aunque vaya usted a saber. No es raro que la gente emplee nombres diferentes para llamar al mismo sitio—pondera su respuesta.

 

—Hombre, lo de la Cueva tiene sentido. Aunque en el mapa pone Cueva del Penuquillo.

 

—En el mapa ese pondrá lo que quiera, pero yo la conozco como cueva del Peluquillo —responde con convicción— Además, por aquí dicen que es tan larga que si uno se mete dentro de ella puede llegar hasta Mambrillas.

 

—¡Vaya! ¡Eso que me cuenta sí que es singular!

 

— De todas formas, no se crea… yo no he visto ningún agujero ni salida de cueva alguna en el pueblo.. puso en duda la longitud y destino de la tal cueva y dio por zanjado el tema.

 

Se aproxima el rebaño de churras (22-04-2017)

 

Churras del rebaño de Mambrillas de Lara

 

Perros vigilantes del rebaño de churras de Mambrillas de Lara (22-04-2017) 

 

En poco tiempo nos vimos rodeados por numerosas ovejas, acompañadas por dos buenos perros. Abusando de la paciencia del pastor, cambié de tema y continué con más preguntas.

 

— ¿Ese rebaño es suyo? ¿Es usted de Mambrillas?

 

—No, ni el rebaño es mío ni soy de Mambrillas. Mi madre me alumbró en Cubillo del César. Aunque al poco de nacer, mis padres se trasladaron a Quintanalara, donde siempre he vivido. El padre de mi jefe sí que es de Mambrillas — dio cumplida respuesta a mi sarta de preguntas.

 

—Es una suerte que todavía puedan verse rebaños como éste, pastando libremente por el campo, nutriéndose de buena hierba, que crece junto a plantas aromáticas, como el cantueso, espliego y tomillo. Seguro que tanto la leche como los quesos y, sobre todo, los corderos, son de una gran calidad —intenté iniciar un nuevo tema, mientras disfrutaba de su compañía.

 

—¡Hombre, claro! Puede estar seguro de que los corderos de estas churras son mucho mejores que los de las que viven en establos y tenadas. Fíjese, el cordero que ha visto antes con su madre hace muy poco que ha nacido aquí, en plena dehesa. No como otros que nacen en cautividad, como sus madres. Todos tristes. La madre de éste, en cambio, está muy contenta. 

 

—Por lo que veo, la alegría de la reciente madre tiene un doble origen: por una parte, por tener un nuevo retoño; por otra, por intuir que siempre disfrutará de estos pastos y de esta libertad— continué con la línea argumental del pastor.

 

—Pues mire usted, cuando dentro de un año y medio me jubile, no creo que nadie tenga ganas de cuidar este rebaño como lo hago yo— me respondió con cierto aire melancólico.

 

Yo también me entristecí un poco, pues cada vez quedan menos pastores. Cuando los más viejos se jubilen, no parece que haya mucha gente dispuesta a coger el testigo, como refirió nuestro hombre, probablemente uno de los últimos pastores castellanos. Por ello, me atreví  a pedirle permiso para fotografiarle.

 

—¿No le importaría que le hiciera un par de fotos? Son para plasmarlas en un artículo que estoy elaborando sobre las maravillas de esta dehesa. Su rebaño y usted forman parte de ambas— le adulé, más por merecimiento personal que para que me concediera el favor de fotografiarle, que, por otra parte, creí que rechazaría.

 

—No sé… soy bastante feo— me contestó, sonriendo, para a continuación preguntarme—: ¿Entonces, eso que ha estado escribiendo es para ese artículo que está haciendo? Porque llevo un rato viéndole cómo no para de mamporrear ese cacharro que tiene entre manos.

 

Andrés, junto a su perro. (22-04-2017)

 

 ---Dice bien, escribo tecleando el móvil. En una aplicación del mismo, apunto nombres de plantas, de árboles, los pájaros que oigo, así como las distancias, la orientación y otros detalles. Luego, fotografío lo más relevante —empiezo con mis explicaciones—. Ya, en casa, intento dar cuerpo a un contenido que pueda servir para publicarlo en Tribuna de Burgos, un periódico que sólo aparece en internet. Si usted apareciera le aportaría un componente más humano, más cálido y creíble— respondo a sus preguntas, sin olvidarme de las fotos personales.

 

—Bien, puede hacerme algunas fotos— me dijo, sorprendiéndome agradablemente.

 

Tras agradecerle su gesto, procedí a fotografiarle, aunque con cierto nerviosismo, pues sentía que estaba robándole parte de su intimidad.

 

Andrés, posiblemente uno de los últimos pastores castellanos. (22-04-2017)

 

Finalmente, le agradecí el tiempo dedicado y, tras conocer nuestros nombres, nos despedimos.

 

—Muchas gracias, Andrés. Ha sido muy amable conmigo. Es posible que, a partir de ahora, me vea más veces por aquí, haciendo fotografías y escribiendo los nombres de plantas y pájaros, durante las diversas estaciones del año.

 

—Entonces, aquí nos veremos. Vaya usted con Dios.

 

Recuerdo que aquel día, cuando regresé a casa, casi lo primero que hice fue encender el ordenador para introducirme en IBERPIX 4 y, así, salir de dudas. Para mi sorpresa, observé el nombre de cueva del Peluquillo cuando aumentaba medianamente la imagen del mapa, mientras que cuando procedía a incrementarla más, me bailaban las letras, pues la ele se tornaba en ene, pasando de Peluquillo a Penuquillo, por lo que Andrés no andaba desencaminado. Tiempo más tarde, observé que algunos internautas identifican el Cerro de la Cueva con Peña de la Torca. Algo que no coincide con lo señalado en el mapa IBERPIX 4, como antes referimos.

 

Iberpix 4. Sierra de las Mamblas con el nombre de Cueva del Peluquillo.

 

IBERPIX 4. Sierra de las Mamblas. Ampliando más se observa el nombre de cueva del Penuquillo

 

EN POS DEL BOSQUE HUMANIZADO DE ENRIQUE DEL RIVERO

 

Después de descender el breve tramo de cuesta en el que se desarrolló la conversación con Andrés, volveremos a ver, a nuestra derecha, una señal del Camino de San Olav, en tanto que, a nuestra izquierda, apreciaremos un ramal descendente, que no seguiremos, pues ascenderemos por el sendero principal, o sea, el que corresponde al camino del santo noruego.

 

Dehesa de Mambrillas: Ascendemos hacia el bosque humanizado guiados por el emblema del Camino de San Olav

 

De esta suerte, tendremos la oportunidad de gozar con la contemplación de quejigos de un porte excepcional, sobre todo a la izquierda del camino, bastantes de los cuales tienen efigies de  autóctonos de los pueblos cercanos, impresas en grandes láminas adheridas al tronco.

 

Se debe a un trabajo de Enrique del Rivero, reconocido naturalista, fotógrafo y periodista burgalés, con el que pretendió homenajear, en octubre de 2012, a un buen número de ancianos naturales del alfoz de Lara (cincuenta), enraizándolos con estos centenarios quejigos, algunos de más de 500 años de antigüedad, que hunden sus raíces en esta fértil tierra.

 

“Se trata de poner en relación a la gente que vive y ha vivido en Tierra de Lara, que ha asistido a la transformación del mundo, que ha pasado de una agricultura y ganadería casi neolíticas a la modernidad, esos resistentes, con ese bosque formidable, con árboles que son, también, resistentes, quejigos que han sido modelados por generaciones de lereños”, explicaba el autor al periodista del  Diario de Burgos que lo entrevistó en septiembre de 2012.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara. Enraizados

 

Dehesa de Mambrillas de Lara:  Bosque humanizado, con alguna efigie medio desprendida de su tronco

 

Aunque la idea inicial era mantener fijas las fotografías a los citados árboles durante sólo una temporada o un tiempo limitado (del 12 de octubre hasta el 4 de noviembre de 2012), siguen en su sitio, casi incólumes (alguna “medio suelta”), más de un lustro después. Desconozco si esta era la idea original de la Asociación Tierra de Lara, cuando, en su momento, la organizó.

 

No obstante, a Enrique del Rivero hay que agradecerle su fervor por homenajear a gente tan querida, algunos ya fallecidos, como alguna vez me refirió Andrés, el pastor de Mambrillas, con el que procuro conversar cada vez que lo veo cuidando su rebaño por estos lares.

 

“El resultado quiere ser un armonioso y poético modo de asimilar la resistencia de la naturaleza, personalizada en los añejos árboles, con la tenacidad de los habitantes de la zona. Las sabias arrugas de la vida que surcan los rostros de los más ancianos de Lara – en las que es fácil rastrear el ADN de todas las generaciones pasadas- se van a fundir con las cortezas y los musgos de unos robustos árboles, de impactantes siluetas, que llevan siglos vigilando desde lo alto de la comarca”, así explicaba Enrique del Rivero el objetivo de su proyecto.

 

Además de recrearnos con la visión de estos longevos quejigos, disfrutaremos con la contemplación, a nuestra izquierda, en el tramo final de la cuesta, de un arbusto caducifolio, muy común en esta dehesa, la barbaleña o matacana (Viburnum lantana), que en abril nos muestra una exuberante floración, con sus cinco pétalos blancos soldados en un tubo, agrupadas en corimbos, donde destacan los cinco estambres filamentosos de anteras amarillas. Su fruto es una drupa que se tiñe de rojo al madurar.

 

Dehesa de Mambrillas de Lara: Barbaleña (Viburnum lantana). 22-04-2017

 

Al poco de rebasar el primer kilómetro de la ruta, el camino se divide en dos ramales: uno, a nuestra izquierda, recorrerá la dehesa de oeste a este hasta salir a un camino que, en trayecto descendente y circular, nos acercará al punto de partida; el otro, formando parte de Camino de San Olav, remontará la dehesa por el oeste (a nuestra derecha) hasta acceder a un alto y pasar a la vertiente sur de estas montañas, lo que nos permitirá encumbrar el Asentado y el Cerro de la Cueva, ambos a nuestra izquierda, o bien, seguir por el Camino de San Olav hasta llegar al Valle de los Lobos, donde se ubica la ermita de este santo noruego. Pues bien, de esto hablaremos más detenidamente en el siguiente artículo, donde también aportaremos fotos ilustrativas de esta singular flora y de la diversas panorámicas de esta dehesa, tanto desde dentro de la misma cuanto desde las cumbres próximas. ¡Ah, volveremos a conversar con Andrés, uno de los últimos pastores de Castilla y León!
 

 

                                                             Dr. Félix Martín Santos

 

 

       

Comentarios

Jan 06/08/2018 19:38 #12
Sentado estoy ahora mismo en el alto de la cueva, en las tenadas junto a la carretera he visto un perro que si no es el mismo que sale en la foto con el pastor se le parece mucho, del pastor y las ovejas ni rastro, se habrá jubilado ya.
Fernando 22/02/2018 23:31 #11
Ha sido un placer la lectura de tu artículo. Es como si te hubiera acompañado en el paseo. La conversación con el pastor muy interesante lo mismo que la idea del bosque humanizado. Muchas gracias, Félix. Esperamos tu siguiente entrega con ilusión.
Pedro Artola 12/02/2018 21:22 #10
Gracias Félix por este nuevo artículo: “Dehesa de Mambrillas De Lara” - ¡Que bien descrito está! Contiene tantos detalles que desconocía. Me comprometo a fijarme y a escuchar más en lo que pasa a mi alrededor cuando estoy en medio de la naturaleza. Que tanta belleza no pase desapercibida, aunque no sepa como se llama lo que veo o de qué especie es y, también me comprometo a cuidarla todavía más para dejarla en las mejores condiciones posibles para nuestros hijos. Animarte Félix también a elaborar nuevos capítulos. ¡GRACIAS!
María Jesús Hernández 12/02/2018 19:16 #9
Gracias Félix por tu espléndida y completa descripción de la burgalesa Sierra de las Mamblas con su dehesa y su delicado relieve cuajado de especies caducifolias longevas. En esta visita panorámica nos has mostrado el Camino de Olav identificado por la Cruz de gules y encantado por una princesa. No han faltado esas ovejas churras tan blancas y bien cuidadas por Andrés. El nombre de la Sierra trae a mi recuerdo al herrero de Mamblas (Ávila) que no paraba de trabajar al igual que Vulcano en su propia fragua y ha revivido en mí el tan conocido y utilizado refrán. Felicidades por tu trabajo bien hecho.
Jesús María Martínez Saiz 11/02/2018 10:05 #8
Precioso artículo y muy ecológico especialmente cuando reflejas el ecosistema de la zona de la sierra de Mamblas. Me ha encantado que hayas reflejado el tema de la ganadería burgalesa con las ovejas churras y la penuria que están pasando los pastores de Castilla. ya quedan muy pocos y no existe una generación que vaya a renovar . La ruta ya la conocemos nuestro grupo de montañeros y al estar tan cerca de Burgos la solemos hacer con frecuencia saliendo a una hora normal por la mañana y pudiendo llegar a regresar a comer a Burgos o bien hacer la ruta entera y acabar en Covarrubias. Es muy aconsejable hacer esta ruta y los primeros días de mayo y primavera y también y los días de otoño cuando el bosque cambia de color y coge unos tonos preciosos. Muchas gracias amigo Félix por la divulgación de estos bellos espacios naturales que tenemos cerca de Burgos.
Azucena Pérez Piedrahita 05/02/2018 11:58 #7
Gran lección de Naturaleza y de humanidad, con la descripción de una ruta plagada de árboles singulares y con la presencia de un pastor cuidando su rebaño en perfecta armonía con el medio natural. Agradezco tu lenguaje cálido y vigoroso, muy bien construido, y aportando muchas dosis de emoción. Invitas a realizar esta ruta, incluso a los que viven lejos de Burgos. Intentaré hacerla, aunque antes esperaré a leer esa segunda parte, que ya tengo ganas de leerla y verla.
Inmaculada Hernández Rodríguez 03/02/2018 17:34 #6
Félix, que agradable me ha resultado la lectura de tu artículo. Son muchas e interesantes tus aportaciones, tales como: la presentación de la Sierra de las Mamblas con sus cumbres, la etimología y evolución del término Mambrillas, la, el camino de San Olav, la ilustración mediante reportaje fotográfico de las bellas descripciones de la vegetación de la dehesa. Tiene que se una gozada pasear por estos parajes en el mes de abril y disfrutar de la floración de la matacana y de sus árboles centenarios. Destacas el compromiso de la gente en la defensa y protección de su patrimonio natural, sin duda es digno de elogio. Por esto mismo, está muy bien el homenaje a los ancianos del alfoz de Lara en los árboles enraizados que exhiben las efigies, muestras de tenacidad y resistencia. Muy entrañable la conversación con Andrés. Muchas gracias por tu esfuerzo y dedicación .
Pedro 01/02/2018 19:22 #5
Muchas gracias, Félix, por el primero de tus dos artículos sobre la dehesa de Mambrillas de Lara, en el corazón de la Tierra de Lara, que atesora tantos tesoros naturales e históricos, como bien apuntas. Como en otras ocasiones anteriores, tu detallada y amena descripción de este lugar es una invitación evidente a recorrerlo. Está muy a mano y tiene fácil acceso desde la carretera de Soria. Y, sin embargo, es necesaria gente como tú, con estos artículos, para recordarnos todo lo que tenemos en nuestra tierra por descubrir. Por si alguien no lo sabe aún: allí existe una asociación, la A D Tierra de Lara, que lucha por mantener con vida un territorio hoy en día apenas poblado. Ya mencionas, Félix, en tu artículo algunas de las iniciativas que dicha asociación ha llevado a cabo. Todos los meses hay actividades que devuelven la vida a esta comarca, al menos, los fines de semana. Como bien indicas, entre lo mejor figura la espléndida naturaleza que allí puede contemplarse. Y en ese magnífico entorno natural, gente comprometida con su tierra, que se esfuerza para que la vida de sus pueblos siga en pie. Ojalá, que tu artículo anime a mucha gente a acercarse hasta allí, pasar un buen rato paseando por la dehesa y adentrarse también por otros lugares de la Tierra de Lara.
Serafín Mansilla Heras 01/02/2018 17:15 #4
Estupendo reportaje que pone en valor el patrimonio natural de la zona de Lara y que incita a visitarlo. Me han parecido muy apropiadas las fotos, que nos ayudan a conocer y diferenciar la rica vegetación de esta dehesa. En próximas visitas, prestaré más atención a las diferentes variedades. Espero también con impaciencia el próximo artículo. Muchas gracias, Félix.
Juan Hortigüela López 01/02/2018 11:39 #3
Cómo he disfrutado leyendo tu artículo. Ya tengo muchas ganas de leer la segunda parte. Otorgas una calidez, emoción, incluso pasión a tus narraciones que no puedo por menos que gozar con ellas, más cuando se trata de unos paraje que conozco bien, desde mi niñez. Has logrado hacer una descripción muy completa de la botánica, del paisaje y de un ser humano, que parece entrañable, Andrés el pastor de churras. Es una pena que queden tan pocos pastores. son muchas cosas, mucho conocimiento el que nos pueden aportar.enhorabuena y muchas gracias por todo.

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