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Feliz con poco

Félix Martín Santos
@FMSFelizconpoco

Consumo regular de brécol: Prevención de enfermedades crónicas

Las investigaciones científicas más recientes están revelando que el consumo regular de brécol puede incrementar la esperanza de vida en buena salud, dado que parece reducir la tasa de muerte global así como la específica por las principales causas de morbilidad y mortalidad.

Todo ello merced a su riqueza en nutrientes de alto valor biológico como los compuestos azufrados (glusosinolatos), de los que el sulforafano es su mayor exponente, responsables de sus excepcionales efectos antiinflamatorios, antioxidantes y desintoxicantes. Estas tres funciones son las que explican gran parte de los efectos saludables del brécol: antitumorales, protección cardiovascular, digestivos y neumológicos, entre otros.

 

En el artículo anterior detallamos la composición química del brécol y valoramos el gran efecto anticancerígeno de las crucíferas o brasicáceas, especialmente de cáncer de pulmón, mientras que en el que ahora empieza nos centraremos en la capacidad de reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, las enfermedades crónicas más prevalentes en el mundo occidental.

 

REDUCCIÓN DEL RIESGO DE ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

 

Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística español, las enfermedades cardiovasculares, como la cardiopatía isquémica (angina de pecho, infarto agudo de miocardio, miocardiopatía por enfermedad coronaria) y los accidentes cerebro vasculares (ictus) como el infarto cerebral por trombosis, representan la primera causa de muerte en mujeres y la segunda en hombres. Además, a partir de los 70 años son la principal causa de muerte en ambos sexos.

 

En las próximas líneas vamos a comprobar la capacidad de las verduras, en general, y de las crucíferas, en particular, con el brécol a la cabeza, para disminuir el riesgo de morir y enfermar por tales enfermedades.

 

Estudios norteamericanos

 

Asociación inversa entre infarto cerebral y consumo de frutas y verduras

 

Uno de los primeros trabajos que versaron sobre el tema corrió a cargo de miembros de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, quienes publicaron sus conclusiones en JAMA (octubre 1999). (1) Fueron Joshipura y Alberto Ascherio los que coordinaron un estudio prospectivo (de cohortes), en el que emplearon dos excepcionales muestras: 75.596 mujeres de 34 a 59 años de edad, pertenecientes al Estudio de Salud en Enfermeras (Nurses’ Health Study), y 38.683 hombres de 40 a 75 años del Estudio de Seguimiento de Profesionales de Salud (médicos, veterinarios, osteópatas, ópticos, entre otros). El seguimiento de ambos colectivos también fue muy notable: 14 años, a las mujeres; 8 años, para los varones.

 

La principal medida o resultado a evaluar fue la asociación entre la incidencia de infarto cerebral isquémico (por trombosis) con la ingesta de frutas y vegetales (por quintiles de ingesta). Pues bien, durante el periodo de seguimiento aparecieron una serie de casos de infarto cerebral (366 mujeres y 204 hombres) que permitieron, tras controlar los factores de riesgo cardiovascular (variables de confusión), comprobar que las personas que ingerían más frutas y verduras (5,1 piezas por día entre los hombres y 5,8 entre las damas) se beneficiaban con la reducción de un 31% del riesgo de desarrollar infarto cerebral (RR: 0,69; 95% CI 0,52 a 0,92), cuando se las comparaba con los que consumían menos (quintiles menores). Además, vieron un efecto dosis- respuesta, pues por cada incremento en una pieza o ración al día se observaba una reducción del 6% del riesgo de sufrir ictus.

 

Cuando particularizaron el tipo de verdura y fruta consumidos, observaron que los mayores beneficios se apreciaban en el colectivo de consumidores de verduras de la familia de las brasicáceas o crucíferas, donde el brécol es la gran estrella, pues el riesgo de infarto cerebral se redujo un 32%. Las segundas en el escalafón fueron las verduras de hoja verde, con una reducción del 21% del riesgo del ictus citado, seguido por los cítricos, que disminuyeron un 19% el riesgo de infarto cerebral.

 

“Estos datos revelan  que el consumo regular de frutas y vegetales, sobre todo crucíferas, exhibe un efecto cardiovascular realmente protector pues su consumo regular reduce significativamente el riesgo de infarto cerebral”, concluyen los autores del estudio.

 

Verduras saludables, cultivadas artesanal y ecológicamente: Huerto de Rafael Navarro, San Miguel de Valero, Salamanca.

 

Consumo de verduras y prevención de enfermedades cardiovasculares

 

Estos mismos investigadores publicaron dos años más tarde (junio de 2001) en otra revista de gran prestigio, Annals Interna Medicine, sus conclusiones sobre la relación entre la ingesta de verduras y frutas con el riesgo de cardiopatía isquémica (infarto de miocardio no fatal y enfermedad coronaria fatal). (2) Para ello, efectuaron un estudio prospectivo con los mismos colectivos de enfermeras y de proveedores de salud masculinos (ambas muestras ligeramente mayores en este estudio) y durante el mismo periodo de control, 14 años a las mujeres y 8 años de seguimiento a los varones. También emplearon el correspondiente aparato estadístico, con estricto control de variables de confusión, buen análisis de periódicas encuestas de frecuencia de alimentos, entre otros aspectos técnicos.

 

Sus conclusiones tampoco dejaron en mal lugar a los consumidores de frutas y verduras: 20% de reducción del riesgo de enfermedad coronaria (riesgo relativo de 0,80; intervalo de confianza al 95% entre 0,69 y 0,93). Además, el beneficio se incrementaba a medida que aumentaba el consumo de vegetales: un 4% de reducción del riesgo de coronariopatías con cada incremento de una pieza o ración diaria.

 

Lombardas, ejemplo de brasicáceas o crucíferas. Huerto de Rafael Navarro. San Miguel de Valero, Salamanca.

 

Consumo de crucíferas y reducción del riesgo de muerte global y específica por enfermedades cardiovasculares: estudio en Asia

 

Las poblaciones asiáticas consumen grandes cantidades de verduras de la familia de las brasicáceas. Sin embargo, pocos estudios epidemiológicos de calidad contrastada habían valorado los potenciales efectos saludables de las mismas. Por eso fue muy meritorio el estudio realizado por Xianglan Zhang y colegas, cuyas conclusiones (estudio de cohortes) publicaron en el año 2011 en una revista científica de USA, American Journal Clinical Nutrition 3. Estos investigadores también estudiaron dos grandes muestras de personas: 74.942 mujeres de 40 a 70 años, pertenecientes al Estudio de Salud de Mujeres de Shanghai, seguidas y evaluadas periódicamente durante 10 años; y 61.500 hombres de 40 a 70 años, controlados durante 4,6 años, del Estudio de Salud en Hombres de Shanghai. Las variables principales del estudio fueron la ingesta de vegetales, por una parte, y la mortalidad total y la específica por enfermedades cardiovasculares, por la otra.

 

Los resultados confirmaron que la ingesta de verduras y frutas reduce el riesgo global de muerte (tasa de mortalidad total) tanto para los hombres como para las mujeres, observando una reducción proporcional del riesgo a medida que se incrementa la ingesta, especialmente de crucíferas. Así pues, la reducción del riesgo alcanzó un porcentaje del 22% para los que consumían más verduras de la familia de las crucíferas (quintil mayor de consumo), con respecto a los que consumían menos (HR: 0,78;  95% CI, 0,71-0,85). La disminución del riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares fue muy significativa, no así la muerte global por cánceres. Aunque ya sabemos, por estudios recientes, que el consumo de brécol y otras crucíferas reducen notablemente el riesgo de cánceres particulares, como los de colon, mama, próstata, vejiga y pulmón.

 

Los autores concluyen el estudio afirmando: “Nuestros hallazgos sirven para recomendar un aumento en el consumo de verduras, particularmente crucíferas, así como frutas, a fin de promover la salud cardiovascular y la longevidad global”.

 

Fruta de calidad: Cerezas a punto de coger.

 

Estudio europeo: EPIC (Investigación Prospectiva Europea sobre Nutrición y Cáncer)

 

El EPIC es un gran estudio epidemiológico prospectivo europeo (participan casi todos los países de Europa, incluyendo España) en el que se valora la relación entre el tipo de dieta y la presencia de cáncer y enfermedades crónicas.

 

Cuando los investigadores evaluaron la asociación entre el consumo de vegetales, legumbres y frutas con la mortalidad total y la específica por causa de enfermar, observaron en una gran cohorte de diabéticos (10.449 ), seguidos durante 9 años, que un incremento de 80 gramos al día de tales alimentos se asociaba a una reducción de un 6% de la tasa de mortalidad total (RR: 0,94).

 

Con respecto a la mortalidad por enfermedades cardiovasculares la reducción del riesgo fue aún mayor: 12% (RR: 0,88 [95% CI 0,81-0,95]). Para el resto de enfermedades crónicas tampoco fue desdeñable: 10% de disminución del riesgo. Sin embargo, para la mortalidad por cáncer no vieron resultados similares. Su trabajo lo publicaron en abril de 2008 en la revista oficial de la Sociedad Americana de Nutrición. (4)

 

Reducción de la mortalidad por cánceres: ¡Cómo no!

 

Es preciso advertir que también existen estudios epidemiológicos que revelan una reducción del riesgo de muerte por cánceres entre las personas que consumen regularmente verduras, especialmente de la familia del brécol (crucíferas), como el llevado a cabo por miembros del Departamento de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, de Baltimore (EEUU). Estos investigadores comprobaron significativas disminuciones del riesgo de mortalidad total (37%), de muerte por enfermedades cardiovasculares (24%) así como de muerte por cáncer (35% de reducción del riesgo, con un HR de 0,65, cuyo intervalo de confianza al 95% osciló de 0,45 a 0,93). Aunque el estudio fue prospectivo (13 años de seguimiento de sujetos previamente sanos), la muestra fue relativamente pequeña (apenas 1000 personas). Publicaron su trabajo en American Journal of Epidemiology (marzo de 2004). (5)

 

Hipótesis más plausibles

 

El meollo patogénico de las enfermedades cardiovasculares como el de otras enfermedades crónicas y cánceres tiene que ver tanto con fenómenos inflamatorios crónicos como con el estrés oxidativo, en ocasiones, orquestado por una deficiente desintoxicación.

 

Resulta que estas enfermedades se inician y desarrollan por la inflamación prolongada de la íntima arterial que hace que paulatinamente se vaya acumulando y oxidando el colesterol y, por ende, engrosando la pared y reduciendo la luz por donde circula la sangre oxigenada. Cuando la estrechez de la luz supera el 80% surgirá la clínica del angor pectoris, mientras que cuando la placa ateromatosa se ulcera y, luego, se trombosa, se pasará de la estenosis a la obstrucción, de la isquemia (reducción del flujo sanguíneo arterial) e hipoxia a la anoxia (falta de oxígeno a las células), lo que originará la muerte o necrosis isquémica del órgano en cuestión, esto es, el infarto, bien de miocardio, de cerebro, intestino, etc.

 

El periodo de inducción no es precisamente corto, sino de varias décadas de vida, aunque depende de la intensidad y suma de factores de riesgo a los que se someta el individuo. Obviamente, un gran fumador, bebedor, amante del sedentarismo y de las comidas copiosas, ricas en ácidos grasos saturados, es más probable que debute precozmente con un infarto agudo de miocardio, por ejemplo, sobre la cuarta o quinta década de la vida. Con demasiada frecuencia es causa de muerte súbita. Aunque paradójicamente la obstrucción coronaria se desarrolle tras toda una vida de estilos de vida deplorables (periodo de inducción muy largo).

 

Si queremos prevenir este cruel panorama sólo existe una estrategia, la de adoptar estilos de vida saludables: no fumar, no beber alcohol o hacerlo en mínimas cantidades, practicar actividad física aeróbica regular, beneficiarse de la Dieta Mediterránea, donde el aceite de oliva virgen extra es un gran protagonista al igual que la ingesta diaria de frutas y verduras, sobre todo crucíferas, entre las cuales el brécol o brócoli es la más beneficiosa. No desdeñar unos buenos cafés especiales (3 a 4 al día), pues también contribuyen a reducir el riesgo de procesos cardiovasculares.

 

Todo este cóctel de estrategias de salud tiende a converger en un doble efecto: antiinflamatorio y antioxidante, que actuando sobre la íntima arterial, logran evitar el descalabro propio de la arteriosclerosis o, en su defecto, a retrasarlo hasta edades más longevas.

 

En este momento podemos preguntarnos cuáles son los mecanismos utilizados por el consumo regular de brécol. Pues los mismos que los exhibidos para reducir el riesgo de tumores malignos, referido en el artículo anterior: antiinflamatorio, antioxidante y desintoxicante. Recordémoslos brevemente.

 

Efecto antiinflamatorio

 

Se debe principalmente a la inhibición que ejerce el sulforafano sobre el gran promotor de todos los fenómenos inflamatorios, el factor nuclear kappa B (NF-kappa B), que de esta suerte ya no podrá inducir la síntesis de múltiples sustancias inflamatorias, de complejos nombres (IL-6, IL-beta, TNF-alfa, INOS, COX-2…). (6,7)

 

Efecto antioxidante del brécol

 

Se debe a su riqueza en antioxidantes de primer orden como la vitamina C, la vitamina E, el beta caroteno (provitamina A), flavonoides como la quercitina y el kaemferol, carotenoides, como la luteína y la zeaxantina, minerales como el manganeso y el zinc. Aunque el mayor efecto antioxidante inherente al consumo regular de brécol es indirecto, esto es, se deriva de su efecto desintoxicante, que a continuación resumiremos.

 

Efecto desintoxicante

 

El efecto depurativo y desintoxicante de las crucíferas, multiplicado en el brécol, se debe a la capacidad de su producto estrella, el sulforafano, de activar el denominado factor nuclear eritroide dos (Nrf2), el cual estimula a los genes responsables de optimizar la función celular. Siendo los más importantes  os que codifican la síntesis de las enzimas principales de fase II: la glutatión -S-transferasa (GST), la uridinadilfosfato-glucuroniltransferasa (UGT) y, sobre todo, la quinona reductosa (QR). Su capacidad para neutralizar radicales libres derivados del oxígeno, como el superóxido (O2-) y el hidroxilo (OH) es realmente intensa.

 

También la capacidad del sulforafano para inhibir enzimas de fase I tiende a evitar la proliferación de metabolitos tóxicos de efectos oxidantes y proinflamatorios.

 

Reducción o neutralización de factores de riesgo cardiovascular por parte de las crucíferas

 

Efecto hipocolesterolemiante

 

El consumo regular de brécol se asocia a una significativa reducción de la concentración sanguínea de colesterol, merced a una acción de las fibras que aporta (1 gramo de fibra por cada 30 gramos de brécol): la de secuestrar en la luz intestinal a las sales biliares, promoviendo su expulsión por las heces, una vez que han cumplido su función digestiva (emulsionante de grasas). Esto fuerza al hígado a atrapar más colesterol para contribuir a la síntesis de ácidos biliares. En consecuencia, los niveles sanguíneos de colesterol descienden significativamente, sobre todo del dañino LDL.

 

Efecto protector de las lesiones vasculares de la diabetes

 

Las complicaciones más temibles de la diabetes son las que se derivan de la inflamación de los pequeños vasos sanguíneos (vasculitis), responsables de la retinopatía, de la neuropatía y de la nefropatía diabéticas. Pues bien, parece que parte de estos fenómenos inflamatorios de las pequeñas arterias tienden a ser reducidos por los compuestos químicos del brécol, especialmente del sulforafano.

 

Posible efecto protector neumológico

 

Las enfermedades crónicas más prevalentes en la esfera neumológica son el asma y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), las cuales provocan insuficiencia ventilatoria obstructiva de diverso grado (detectada en la espirometría), en la primera de carácter reversible; en la segunda, en cambio, la obstrucción bronquial es de carácter irreversible.

 

La causa fundamental de la EPOC es el tabaquismo, que hace que el fumador inhale continuamente tóxicos generadores de radicales libres que contribuyen a inflamar y dañar a los bronquios y al parénquima pulmonar, lo que tiende a destruirlos progresivamente. De ahí que la obstrucción bronquial detectada en la espirometría sea irreversible y, mientras se siga inhalando tabaco, progrese aceleradamente hasta acabar matando a ese 20-25% de fumadores que desarrollan EPOC, salvo que, en sus fases iniciales, les convenzamos para que dejen de fumar. Tal cese tabáquico también beneficia al fumador con EPOC avanzado, al menos prolonga su vida.

 

En el asma la etiología es más variopinta, pues se combinan causas alérgicas con otras de etiología no alérgica. Con demasiada frecuencia vemos sinusitis maxilares con bronquitis descendentes que llegan a complicarse con obstrucciones bronquiales variables y reversibles, esto es, con asma puro y duro. A estas situaciones la gente solía y aún suele denominarlas “catarros mal curados”.  En cualquier caso, en ambas situaciones lo que subyace son procesos inflamatorios crónicos que afectan a la pared bronquial.

 

También en ambos procesos se pueden desencadenar exacerbaciones por aumento de la contaminación atmosférica y por infecciones de las vías aéreas, que incrementan la inflamación preexistente.

 

Pues bien, con tanta inflamación crónica es fácil sospechar que el consumo regular de brécol pueda ofrecer una cierta protección broncopulmonar, que a lo mejor tienda a reducir el riesgo de asma y EPOC. Algo de esto debieron de pensar investigadores de la UCLA (Universidad de California-Los Angeles) para convencer a responsables de la EPA (Agencia de Protección Medioambiental de USA), Institutos Nacionales de Salud de EEUU y del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Medioambiental, también de USA, para que financiaran un estudio experimental con el que pretendían valorar la capacidad del brécol necesaria para reducir la inflamación de las vías aéreas que pudiera conducir a una reducción del riesgo de rinitis crónica, asma y EPOC. Su trabajo lo publicaron en marzo de 2009 en Clinical Inmunology. 8 Resumámoslo en las siguientes líneas.

 

El equipo de investigadores, liderado por Marc Riedl, trabajó con 65 voluntarios que fueron repartidos en un grupo que ingirió brotes de brécol, la mayor fuente de sulforafano, durante tres días,  y un grupo placebo, que tomaron brotes de alfalfa, carentes de sulforafano.

 

Al principio y al final del estudio, se hicieron enjuagues nasales con objeto de recoger muestras celulares en las que se pudiera evaluar el gen o genes de enzimas antioxidantes (de fase II) como el de la glutatión-S-transferasa (GSTP1) y el de la quinona oxidorreductasa (NQO1).

 

Los resultados del estudio fueron realmente esperanzadores, pues se apreció un incremento significativo de enzimas antioxidantes entre los que recibieron cantidades de brócoli de 100 gramos o más, cuando eran comparados con los del grupo placebo. Además, la intensidad de la respuesta era mayor a medida que el consumo de brécol se incrementaba, dado que los que consumieron 200 gramos al día respondieron con un aumento del 101% de la enzima GSTP1 y un incremento del 199% de NQO1, la mayor enzima antioxidante que existe.

 

Según los citados investigadores, el tratamiento con brotes de brócoli no se acompañó de efectos secundarios a resaltar, por lo que parecía seguro y efectivo para reducir la oxidación producida por los temibles radicales libres.

 

“Este es uno de los primeros estudios que revelan que el brécol ejerce potentes efectos antioxidantes, por lo que podría servir para paliar los procesos inflamatorios y, por lo tanto, para establecer potenciales tratamientos para varias enfermedades respiratorias”, sentencia Marc Riedl.

 

A mi entender, todo parece estar en mantillas, aunque estos resultados son muy prometedores y quizá sirvan para elaborar nuevas terapéuticas para tratar las enfermedades respiratorias más prevalentes. El tiempo lo dirá.

 

Brécol: crucífera por excelencia.

 

Otros efectos saludables del brócoli

 

Reducción del riesgo de ceguera asociada a la edad

 

La ceguera asociada a la edad se produce por la degeneración de las células de la mácula lútea, área de mayor agudeza visual de la retina. Usualmente la exposición solar y de la luz azul va oxidando las células de esta superficie retiniana. Sin embargo, existen unos carotenoides capaces de resistir la oxidación, por su fuerte carácter antioxidante: la luteína, ubicada en la periferia de la mácula; la zeaxantina, localizada en el centro de esta área. También se sabe que la ingesta regular de alimentos ricos en estos carotenoides logra incrementar la concentración en la mácula de los mismos, lo que se asocia a una notable reducción del riesgo de degeneración de esta superficie retiniana y, en consecuencia, una relevante disminución del riesgo de ceguera. Pues bien, el brécol al igual que otras crucíferas es una excelente fuente de luteína y zeaxantina.

 

Protección cutánea

 

Últimamente la investigación científica sobre las propiedades del brécol está revelando la gran protección de la piel que ejerce el sulforafano, liberado por la acción de la mirosinasa sobre la glucorafina, tras masticar el brécol. Los potentes efectos antioxidantes de este producto azufrado, por su intervención sobre los enzimas de fase II (estimulándolos) y de fase I (inhibiéndolos) incrementan la capacidad metabólica y desintoxicante de la propia piel, lo que la permite resistir más efectivamente el potencial daño en el DNA cutáneo ejercido por las radiaciones ultravioletas A y B9.

 

Estabilización del metabolismo de la vitamina D

 

La osteoporosis es una enfermedad ósea que acaba surgiendo a medida que el ser humano envejece, siendo especialmente susceptibles las mujeres, pues ya desde la menopausia, con la pérdida estrogénica, empiezan a sufrir procesos de desmineralización ósea. Sus consecuencias son una causa de sufrimiento humano: las fracturas vertebrales y las fracturas del cuello del fémur. Las primeras suelen afectar a los cuerpos vertebrales lumbares, con pérdida de la estabilidad de la columna y, a veces, provocando dolores por compresión radicular. Cuando las que se fracturan son las vértebras dorsales existe un significativo riesgo de sufrir una insuficiencia ventilatoria restrictiva (detectada por espirometría) por reducción del área de la jaula torácica, al demolerse parte del bastión posterior (el eje vertebral dorsal), lo que puede desembocar en insuficiencia respiratoria (reducción de la presión parcial de oxígeno arterial), que obligue a oxigenoterapia domiciliaria y a ventilación mecánica no invasiva.

 

La fractura de cadera por osteoporosis tampoco es moco de pavo, pues en torno al 50% de las personas que la sufren se quedan inválidas, a veces, en silla de ruedas. Por otra parte, cerca del 30% suele morir durante el primer año, bien por neumonías (al principio) o por embolias pulmonares.

 

Conociendo este triste panorama, la estrategia médica consiste en prevenir tal osteoporosis mediante el aporte diario de vitamina D y de calcio, así como ciertos medicamentos reforzadores de la estructura ósea (difosfonatos).

 

El brécol no es una fuente relevante de vitamina D, pero sí de vitamina K y de vitamina A (en realidad de beta-caroteno, precursor de la vitamina A), los cuales son fundamentales para equilibrar y estabilizar el metabolismo de la vitamina D, evitando las perjudiciales situaciones de hipervitaminosis D, secundarias a su administración diaria, a veces excesiva (o mal metabolizada).

 

En fin, espero y deseo que tanto este artículo como el del mes precedente sirvan para animar a la gente a consumir más vegetales, en general, y más crucíferas, en particular, con su producto estrella, el brécol. La inversión en salud derivada de tal conducta se aproxima a la que experimenta un fumador cuando abandona su pernicioso hábito.

 

 

Bibliografía:

 

1. Joshipura KJ, Ascherio A, Manson JE, et al. Fruit and vegetable intake in relation to risk of ischemic stroke. JAMA 1999;282:1233–9.

 

2. Joshipura KJ, Hu FB, Manson JE, et al The effect of fruit and vegetable intake on risk for coronary heart disease. Ann Intern Med 2001;134:1106–14.

 

3. Cruciferous vegetable consumption is associated with a reduced risk of total and cardiovascular disease mortality.  Xianglan Zhang, Xiao-Ou Shu, Yong-Bing Xiang, Gong Yang, Honglan Li,Jing Gao, Hui Cai, Yu-Tang Gao, and Wei Zheng. 2011 American Society for Nutrition.

 

4. Nothlings U, Schulze MB, Weikert C, et al. Intake of vegetables, legumes, and fruit, and risk for all-cause, cardiovascular, and cancer mortality in a European diabetic population.J. Nutr 2008;138:775–81.

 

5. Genkinger JM, Platz EA, Hoffman SC, Comstock GW, Helzlsouer KJ Fruit, vegetable, and antioxidant intake and all-cause, cancer, and cardiovascular disease mortality in a community-dwelling population in Washington County, Maryland. Am J Epidemiol 2004;160:1223–33.

 

6. Prawan A, Saw CL, Khor TO, et al. Anti-NF-kappaB and anti-inflammatory activities of synthetic isothiocyanates: effect of chemical structures and cellular signaling. Chem Biol Interact. 2009 May 15;179(2-3):202-11. 2009.

 

7. Sulforaphane and its methylcarbonyl analogs inhibit the LPS-stimulated inflammatory response in human monocytes through modulating cytokine production, suppressing chemotactic migration and phagocytosis in a NF-κB- and MAPK-dependent manner. Reddy SA, Shelar SB, Dang TM, Lee BN, Yang H, Ong SM, Ng HL, Chui WK, Wong SC, Chew EH. Int Immunopharmacol. 2015 Feb;24(2):440-50. doi: 10.1016/j.intimp.2014.12.037. Epub 2015 Jan 10.

 

8. Clinical Inmunology: March 2009, volumen 130.  Issue 3. Pages 244-251. “Oral sulforaphane increases phase II antioxydant enzymes in the human upper airway”. M. A. Riedl, A Saxon, D. Díaz Sánchez.

 

9. Nrf2 Activation Protects against Solar-Simulated Ultraviolet Radiation in Mice and Humans Elena V. Knatko, Sally H. Ibbotson, Ying Zhang, Maureen Higgins, Jed W. Fahey, Paul Talalay, Robert S. Dawe, James Ferguson, Jeffrey T.-J. Huang, Rosemary Clarke, Suqing Zheng, Akira Saito, Sukirti Kalra, Andrea L. Benedict, Tadashi Honda, Charlotte M. Proby and Albena T. Dinkova-Kostova Cancer Prev Res (Phila) June 1 2015 8 (6) 475-486; DOI:10.1158/1940-6207.CAPR-14-036. 

 

 

Comentarios

Inmaculada Hernández Rodríguez 19/09/2018 19:37 #6
Félix te felicito por tu magnífica exposición sobre los beneficios que las frutas y verduras aportan a nuestra salud. Gracias por realizar un trabajo donde resplandecen el rigor, la claridad, el método de estudio, las dotes pedagógicas. Las conclusiones obtenidas vienen avaladas por prestigiosas Instituciones de diferentes países . Nosotros que disponemos de los productos de la Dieta Mediterránea, estamos concienciados, a través de tus artículos en este blog, de la importancia de su consumo. Hoy nos lo recuerdas de nuevo. Nos has explicado muy bien el meollo patogénico de las enfermedades y la forma de combatirlo mediante la ingesta de frutas, de crucíferas, especialmente de brécol dentro de una Dieta adecuada. Al final nos invitas a su consumo para poder disfrutar de sus múltiples efectos beneficiosos. De nosotros depende que lo pongamos en práctica porque ello redundará en beneficio de nuestra salud y de nuestro bienestar.
Conchita Hidalgo Rodríguez 18/09/2018 12:33 #5
Después de esta clase de verdadera educación sanitaria, intentaré comer más brócoli, un alimento que rara vez consumo. Pero lo has explicado tan claro, con tan rigurosa información, con fuentes tan fiables y, como siempre, muy bien explicado, haciendo fácil lo difícil, que no puedo, por menos, que empezar a comer este gran alimento. Muchas gracias.
Jesús Mª Martínez Sáiz 14/09/2018 07:30 #4
Muchas gracias por tu gran articulo sobre este "alimento milagroso" . Hace un año me comentaste las propiedades del Brócoli y desde entonce lo tomo una vez a la semana y la verdad que si se nota que he bajado el nivel de colesterol (a lo mejor es por el conjunto de la dieta mediterranea). Me gusta consumirlo cocido, al vapor, a la plancha, frito. También lo he probado crudo en ensaladas, es delicioso y mantiene todos sus nutrientes. En el Mercadona lo venden en distintos formatos, en bolsas para microondas, mezclado con otras verduras, solo...etc. es muy facil conseguirlo y encima a un buen precio....
Feli Zárate Redondo 13/09/2018 13:46 #3
De nuevo te publican un gran artículo sobre nutrición, en este caso, sobre los efectos saludables del brécol. Tu esfuerzo por entenderte logra su objetivo, estimulándonos para consumir más de esta crucífera. No dejes de ofrecernos tan buenos y "saludables" artículos, placenteros de leer y estimulantes para seguir adoptando estilos de vida saludables. Muchas gracias.
Javier Gallego 06/09/2018 16:54 #2
Enhorabuena Félix por el extraordinario trabajo de divulgación que realizas. Este segundo artículo sobre las capacidades del Brécol (y otras crucíferas) para reducir el riesgo de desarrollo de algunas de las enfermedades más mortíferas de nuestro tiempo, me vuelve a animar a consumir este tipo de verduras que, en general, no abundan en mi dieta. Muchas gracias por tu claridad, profesionalidad y redacción que hacen de tus trabajos una fuente conocimiento para todos. Un abrazo,
Susana González Gómez 06/09/2018 12:46 #1
Estupendo artículo, gran continuación del anterior sobre los efectos saludables del brécol. Como siempre, me has dejado todo muy claro, cómo su riqueza en nutrientes consigue sus efectos antioxidantes, antiinflamatorios y antitumorales, explicado muy didácticamente y con tu agradecida calidez en el lenguaje científico, que hace que se pueda leer con más empatía. Enhorabuena y muchas gracias.

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