Silueta original

Feliz con poco

Félix Martín Santos
@FMSFelizconpoco

Camino de San Olav: Desde las Tenadas del Cerro hasta la ermita de San Olav

En un paraje de Covarrubias (Burgos), el Valle de los Lobos, donde la encina es la señora y la sabina una mera invitada, se halla un edificio moderno (siglo XXI) que sorprende tanto por su atrevida originalidad cuanto por su profunda y meditada simbología: la ermita de San Olav, construida con el propósito de que la promesa dada por un infante castellano, don Felipe, a su esposa, la princesa Cristina de Noruega, pueda, por fin, casi ocho siglos más tarde, cumplirse.

En el artículo del mes precedente, tras referir los hechos históricos y los valores naturales que adornan a Mambrillas de Lara, relatamos la ruta entre este pueblo y las Tenadas del Cerro, pertenecientes al término municipal de Covarrubias, lo que nos permitió atravesar la Sierra de las Mamblas de norte a sur. De esta suerte, pudimos recrearnos con la descripción del bosque caducifolio de la dehesa de Mambrillas, orientada al norte, que alberga uno de los más extensos quejigares del mundo (el quejigo es exclusivo de la península ibérica y del norte de África), donde también proliferan melojos, mostajos, arces, avellanos, fresnos y  hayas. Después, ya en el sector meridional de las Mamblas nos sumergimos en los dominios de la encina y, sobre todo, de la sabina, pues el Camino de San Olav atraviesa una parte del Parque Natural de los Sabinares del Arlanza, uno de los sabinares más extensos y mejor conservados del planeta. Finalmente, llegamos a unas ancestrales cabañas de ovejas, las Tenadas del Cerro, a las que dedicamos unas líneas y unas fotos, a fin de recordar su valor antropológico y, por ende, la necesidad de conservación, pues una de las tres está en franca ruina en tanto que las otras dos luchan por mantenerse, aparentemente  desprovistas de cuidado y vigilancia, salvo la que ofrece la Muela (1.374 metros de altura), infértil e ineficaz, a pesar de su imponente silueta y su descarada mirada.

 

  Camino de San Olav: Tenada del Cerro con la vigilante Muela (10-03-2019)

 

Tenada del Cerro, con los montes de Peña Cervera, en lontananza

 

El Camino de San Olav abandona al de Covarrubias para acceder al Valle de los Lobos

 

Si desde las tenadas del Cerro proseguimos media centena de metros más veremos dos nuevas señales del Camino de San Olav: una, situada a la derecha del camino; la otra, visible al otro lado del mismo, esto es, a nuestra izquierda, a fin de indicarnos que por ahí debemos introducirnos, en ángulo recto, dejando, pues, el camino principal, el que nos conduciría hasta Covarrubias. En marzo de este año, pude comprobar que la ubicada a la derecha había sido sustituida por una más explícita, pues figuraba el nombre de nuestro destino en letras mayúsculas: “CHAPEL ERMITA”.

 

De las Tenadas del Cerro a la ermita de San Olav: Señal  en el camino de Hortigüela a Covarrubias que indicaba que había que girar en ángulo recto a la izquierda (28-10-2017)

 

De las Tenadas del Cerro a la ermita de San Olav. Hay que abandonar el camino a Covarrubias para dirigirse a la ermita (10-03-2019)

 

Camino de San Olav: Señal indicativo del camino a una cincuentena de metros de las Tenadas del Cerro (Covarrubias)

 

Caminando entre sabinas, enebros de la miera y encinas hasta una bifurcación sin el emblema de San Olav

 

Quiero precisar que la primera vez que recorrí este último tramo del camino (25-05-2017), no observé ninguna señal con el emblema de San Olav que me guiara durante el trecho que me quedaba por hacer (unos dos kilómetros y medio). Sin embargo, cuando lo efectué en otoño de ese mismo año (28-10-2017), ya con el trayecto memorizado, pude observar las conocidas señales de este camino tanto sobre los postes citados como sobre piedras de la ruta, a modo de sello. Empecemos, pues, a describirlo.

 

Nada más abandonar el ancho camino por el que habíamos andado hasta ahora, progresaremos  por un estrecho sendero de ocre tierra, inicialmente rodeados de sabinas, enebros de la miera y encinas, con un estrato arbustivo constituido por tomillo salsero y algunas matas de abrótano macho. Nos estamos dirigiendo hacia el sureste.

 

 

Camino de San Olav: Paseando entre encinas, sabinas y enebros de la miera

 

Al poco de introducirnos parece haber una desviación a la derecha, poco trazada y aparente, que no debemos seguir, dado que el camino discurre zigzagueando, en ese punto, por la izquierda, como bien nos indica un poste señalizador del camino. 

 

Cuando en marzo de este año volví a recorrer esta emblemática ruta, me sorprendió observar en este mismo sector, a la derecha, una serie de restos circulares de ceniza y tierra quemada, al menos cuatro, que se adentraban en el sabinar. ¿Qué objeto tiene esto? ¿Por qué han hecho fuego en paraje tan sensible?

 

 

De las Tenadas del Cerro a la ermita de San Olav: restos de fuego ¿Por qué?10-03-2019

 

Camino de San Olav: áreas circulares de tierra quemada    10-03-2019

 

De las Tenadas del Cerro a la ermita de San Olav  10-03-2019

 

 Camino de San Olav: Sendereando apretados entre encinas.

 

Tras recorrer de esta forma, como medio kilómetro de ruta, nos adentraremos en un espeso encinar, donde la mayor estrechez del sendero nos permite caminar bajo un dosel de ramas de longevas encinas, colonizadas por múltiples líquenes, que nos indican lo puro e incontaminado que se conserva este bosque mediterráneo. 

 

Camino de San Olav: Caminando bajo un dosel de ramas y hojas de encina, colonizadas por líquenes.

 

Camino de San Olav: Líquenes colonizando ramas de encina

 

Camino de San Olav: Encinas mostrando sus amentos masculinos, cuando quedan unos dos kilómetros para llegar a la ermita de San Olav.

 

Además, a finales de mayo podremos contemplar sus flores masculinas, amentos amarillos más o menos colgantes, en tanto que los femeninos parecen esconderse más (pequeñas, con cortos pedúnculos).

 

Tras llanear durante este tramo inicial de unos ochocientos metros, empezaremos a descender, justo en un punto donde aparece una señal con el emblema de San Olav y el camino parece abrirse a nuestra derecha para ofrecernos una panorámica, al sur y en lontananza, de las montañas de Peña Cervera, el Pico Valdosa y el repetidor de Tejeda.

 

Camino de San Olav: Mirador de las montañas de Peña Cervera, el Pico Valdosa y el repetidor de Tejeda.

 

Camino de San Olav: Mirador de las montañas de Peña Cervera, el Pico Valdosa y el repetidor de Tejeda.

 

Luego, el sendero desciende durante unos doscientos metros para, inmediatamente, trazar una curva a la derecha que nos descubre una bifurcación: por el ramal de la izquierda, el camino se torna ascendente, en tanto que por el de la derecha parece descender impetuosamente. Cuando me adentré hasta aquí en mayo del 2017, me dominaron las dudas, pues no había ninguna señal que me indicara por dónde seguir.

 

Cuando queda poco más de 1,5 km para llegar a la ermita de San Olav, aparece esta bifurcación sin la señal orientadora del Camino de San Olav. (25-05-2017)

 

Menos mal que ahora vivimos en la era de la comunicación y de la información, por lo que gran parte de los excursionistas van bien provistos de sistemas de posicionamiento global, merced a la recepción de señales emitidas por una red de satélites, esto es, de GPS.

 

Por eso en mayo del 2017, mi aplicación del móvil, con GPS incorporado, me indicó que tanto el camino de la derecha como  el de la izquierda  conducen al paraje donde se halla la ermita de San Olav. Decidí ir por el de la derecha, dado que el trayecto es sensiblemente más corto y quizá pudiera evitar la tormenta que se avecinaba, lo que, en ese momento y en ese día, resultó ser una decisión acertada, pues la tormenta con escalofriante aparato eléctrico me pilló en el atrio porticado de la ermita de San Olav.

 

De las Tenadas del Cerro a la ermita de San Olav: en marzo del 2019 se veían dos señales indicando el camino a seguir, durante el último kilómetro y medio de recorrido, para llegar a la ermita.

 

Cuando volví a repetir esta ruta durante un día luminoso del otoño del 2017, pude ver señales con el emblema de San Olav, que me guiaban por el camino de la derecha, el más breve. Al volver a efectuarla durante esta primavera pude apreciar el esfuerzo por mejorar la señalización, pues vi los emblemas de San Olav sobre dos planas rocas que custodiaban esta entrada: una, a la derecha, sombreada por las encinas; la otra, a la izquierda, a merced del sol y de la lluvia, rodeada de sus congéneres pétreos.

 

Camino de San Olav: Descenderemos por el camino pedregoso de la derecha

 

Descendiendo por un camino pedregoso

 

Nada más coger este camino, observaremos que el lecho arcilloso por el que hasta ahora habíamos caminado, se torna en un inestable piso pedregoso, que no abandonaremos durante un buen tramo (como unos 600 metros), mientras descendemos por una especie de estrecho vallejo entre laderas cubiertas de encinas que evitan la erosión del declive terreno, aunque no la presencia y caída de numerosas  piedras calizas. Si paramos un poco y miramos atrás, veremos más nítidamente por dónde estamos bajando.

 

Camino de San Olav: Descendiendo entre laderas pedregosas.

 

Al medio kilómetro de descenso por este camino pedregoso, empezamos a ver algo el horizonte, justo cuando a nuestra derecha aparece un enhiesto paredón calizo, del que parece saludarnos la raíz de una encina, que surge péndula de una grieta superior.

 

Cuando queda poco más de un km para llegar a la ermita de san Olav, aparece un paredón rocoso con una saliente raíz de encina. (El crepúsculo amenazaba el 25-05-2017).

 

Cuando queda poco más de un km para llegar a la ermita de san Olav, aparece un paredón rocoso con una saliente raíz de encina. (Radiante luz el 28-10-2017)

 

A continuación, andaremos un tramo más por este pedregal para, luego, encontrarnos, a nuestra derecha, una superficie de tierra, antaño cultivada, que parece estar en barbecho.

 

Tras proseguir un poco más, ya por un sendero de piso mullido, veremos un vertical paredón calizo que, al nivel del sendero, se abre para dejarnos pasar entre dos colosos pétreos.

 

Camino de San Olav: Paredón calizo que de lejos parece cerrarnos el paso.

 

Cerca de la ermita de San Olav pasamos entre enhiestas calizas sedimentarias, tras descender un kilómetro por un piso pedregoso.

 

Desde que dejamos la  señal del Camino de San Olav más cercana a las tenadas del Cerro hemos andado dos kilómetros, con tramos un tanto diferentes: primero, llaneando entre sabinas, enebros de la miera y encinas; más tarde, atravesando un denso encinar, donde se estrechaba el sendero; posteriormente, descendiendo por el ramal derecho de una bifurcación, por el que hemos de asegurar la pisada durante un tramo pedregoso de aproximadamente un kilómetro de longitud; finalmente, volviendo a llanear por un lecho de tierra y yerba hasta llegar a este paso entre paredes calizas.

 

Campos de cereales y de nogales previos a la ermita de San Olav

 

Al poco de atravesar la empalizada caliza, el camino discurre un buen tramo (unos 300 metros) entre trigales, que dejan ver sus espigas teñidas de verde durante el mes de mayo. Luego, a la derecha, observaremos una plantación de nogales, dispuestos en columnas de tres y de  cuatro hasta completar quince ejemplares, que se yerguen sobre una tierra bien arada por el hombre, con objeto de evitar el crecimiento de diversas herbáceas que pudieran competir con sus raíces arbóreas por el líquido elemento.

 

Camino de San olav: Cuando quedan menos de medio kilómetro a la ermita, el sendero discurre entre trigales. 25-05-2017

 

Plantación de nogales a escasos metros de la ermita de San Olav

 

Ya sólo nos queda avanzar unos pocos metros más hasta que nuestro sendero desemboca en el camino que viene del puente de Valdetorres, muy cerca de Covarrubias, momento en el que sólo debemos girarnos a nuestra izquierda para contemplar la singular imagen de la ermita de San Olav, con su torre exenta.

 

Nada más desembocar en el camino de Valdetorres aparece a nuestra izquierda la ermita de San Olav.

 

.Ermita de San Olav: obra de arte del siglo XXI

 

Cuando hemos llegado a nuestro destino es momento de contemplar con respeto y solemnidad esta singular obra de arte, construida, como dijimos antes, para honrar la memoria de la princesa Cristina de Noruega, que, por fin, pudo ver cumplida la promesa que le hizo su marido, el infante don Felipe, hace casi ocho siglos: la edificación de una iglesia bajo la advocación del patrono de su país, San Olav.

 

Graderío junto a la ermita de San Olav, con la torre exenta al fondo.

 

Reconozco que cuando la presencié por primera vez obtuve impresiones ambivalentes: por una parte, cierto disgusto porque me parecía ver, a distancia, una construcción fabril, más de cerca, el vagón de un antiguo ferrocarril; por otra parte, me infundía ánimo la sensación de vigor y poderío emanada de sus acerados materiales, con su original combinación de formas y volúmenes, con un curioso graderío delante de su imponente torre de oxidado acero, enfrente de la fachada norte del edificio, mientras el canto de mirlos, pinzones y petirrojos dulcificaban el paraje.

 

Ermita de San Olav. Covarrubias.

 

Posteriormente, a medida que me aproximaba e intentaba interpretar su significado,  se acrecentaban las sensaciones placenteras y de afecto por esta ermita, considerada como la primera construida en el siglo XXI. Aunque el mayor placer lo obtuve cuando volví a visitarla, tras leer  las claves de su construcción, magníficamente explicadas por Pablo López Aguado, uno de los dos arquitectos responsables de su diseño. El otro es Jorge González Gallego, ambos de la Escuela de Arquitectura de Valladolid.

 

Selección de los arquitectos responsables

 

Llegado a este punto, bueno es que precisemos que los dos arquitectos anteriormente citados no fueron elegidos al azar sino que debieron superar un concurso, el convocado, en abril del 2002, por la Fundación Kristina de Noruega en colaboración con el Ayuntamiento de Covarrubias, la Escuela de Arquitectura de Oslo y la Escuela de Arquitectura de Valladolid, patrocinado por la Real Embajada de Noruega en España. 

 

El jurado, constituido por arquitectos de reconocido prestigio de ambos países, tras evaluar los 32 proyectos presentados, concedió una mención de honor a siete proyectos en tanto que a tres los calificó con un accésit. Sin embargo, fue el Patronato de la Fundación Princesa Kristina de Noruega la que decidió el proyecto ganador, el de los arquitectos anteriormente mencionados, pues era el que se ajustaba mejor  a las funciones del edificio, tanto a las religiosas cuanto a las culturales.

 

En las siguientes líneas vamos a describir esta singular construcción, cuya planta, con la cabecera orientada al este, representa el cuerpo de San Olav encerrado en su armadura de acero, según Pablo López. Primero vamos a referir las características geométricas del edificio,  luego, describiremos el exterior  y, más tarde, continuaremos con el interior.

 

Unidad geométrica del edificio: ángulos de 95o y 105o

 

Los arquitectos de esta ermita decidieron que los ángulos que otorgaban tanto una mejor acústica como un mejor control del espacio eran los de 95 o y 105 o , que al ser mayores que el de 90 o , ofrecen una singular perspectiva, como por ejemplo, en las esquinas, donde podemos apreciar simultáneamente el paramento que tenemos enfrente y el perpendicular a nosotros.

 

El esfuerzo unificador fue notable, pues plasmaron estos ángulos en toda la construcción, esto es, en planta, en sección, en alzado, en la geometría de las armas icónicas (hacha, lanza y espada), en la proyección de las facetas de los pilares de piedra del interior, en el desarrollo de la torre exenta así como en su hueco de campanario. Por si esto fuera poco, también emplearon los citados ángulos en el diseño del terreno urbanizado y del anfiteatro del exterior, en los cortes de los canalones, etc.

               

Descripción del exterior

 

Primero describiremos su fachada sur, el atrio, orientado al oeste, la fachada norte y, finalmente, la fachada este. Luego describiremos la torre y el graderío.

 

Fachada sur

 

Cuando nos aproximamos por el sur, vemos un hermético paramento acerado, desprovisto de fuentes de iluminación natural, pues no vemos ventanas ni otros vanos por donde pudiera entrar la luz solar. Enseguida, nos llama la atención, la presencia de una especie de caja rectangular que sobresale del conjunto, con una cruz en la parte orientada al este, en tanto que en la porción frontal de la misma, la meridional, aparece superpuesta una pequeña lámina acerada, con dos cuadrados superiores (uno negro, el otro marrón, de acero oxidado) y dos rectángulos inferiores (también negro y marrón, con coincidencia cromática en la diagonal).

 

Ermita de San Olav: Fachada sur.  

 

Este espacio que sobresale corresponde a la sacristía interior, cuando se utiliza para fines religiosos, o al camerino de los artistas y músicos, cuando se trata de fines culturales. La lámina adherida o superpuesta es corrediza, a fin de dejar ver la  luz natural, tras activar el correspondiente mecanismo corredizo.

                              

Fachada oeste y  atrio porticado

 

Si avanzamos hacia el oeste, veremos una pequeña rampa de cemento, que nos permite acceder a un atrio de madera de pino, ubicado junto a un pequeño paramento metálico, orientado al oeste, sobre el que destaca una cruz, en el cuadrante superior derecho, en tanto que del izquierdo surge un canalón metálico.

 

Fachada occidental y atrio de madera de pino

 

Sólo tenemos que remontar la rampa para situarnos en el cálido atrio porticado. Los autores decidieron hacerlo bajo y profundo, con objeto de que los peregrinos o visitantes ocasionales puedan protegerse de las inclemencias meteorológicas, tanto de la lluvia y frío como del tórrido calor, al tiempo que, sentados en el banco, se beneficien con la contemplación del paisaje. Pablo López y Jorge González, quisieron honrar a los atrios porticados españoles, tan comunes en la puerta de las iglesias y ermitas, donde la gente se socializaba con primor.

 

En este pórtico, podemos ver, de frente, un tablero de corcho, donde figura el horario y teléfonos de contacto. Por encima del cual, aparece el emblema del Camino de San Olav, indicándonos que estamos en un punto de sellado del mismo. Más a la derecha, se observa una nota explicativa del origen del edificio y de las funciones del mismo. En la parte inferior, hay un banco corrido, también de madera de pino.

 

A nuestra izquierda, o sea, al norte, tenemos la puerta de acero del edificio noble, sobre la que destaca una cruz, cuyo brazo largo está cubierto, en parte, por una funda de cuero.  A la izquierda de la misma está grabada la siguiente inscripción: CAPILLA St OLAV KAPELL.

 

 

A nuestra derecha,  mirando al sur, hay una alargada ventana horizontal que nos deja ver el encinar vecino y la superficie por donde accedimos a la ermita.

 

Ermita de San Olav:Ventana alargada, orientada al sur, del atrio

 

Fachada norte      

 

Después de ver el atrio porticado, nos dirigiremos hacia el norte, bordeando el edificio en dirección hacia el graderío y torre, que dejaremos a nuestra espalda, con objeto de apreciar la fachada septentrional de esta ermita.

 

Si la recorremos de izquierda a derecha, de oeste a este, veremos una serie de detalles que rompen la monotonía de sus planchas de acero. Lo primero que nos llama la atención es la presencia de una cruz, en la parte alta, orientada, obviamente, al norte. A continuación, observaremos una parte del sistema de iluminación fundamental de la ermita, el constituido por la presencia de tres ventanas, de formas angulosas, cuya chapa de acero exterior, la que ahora vemos, penetra en el interior, exhibiendo tanto por fuera como por dentro la imagen de un arma: hacha, lanza y espada.

 

Los arquitectos de esta obra quisieron recordar con estas originales ventanas cuáles fueron  las armas que causaron las heridas y, posterior, muerte de San Olav. Como ya dijimos en el artículo anterior, Olaf II sufrió un hachazo en su rodilla, una lanzada en el pecho, y un tajo de espada en el hombro. En consecuencia, los iconos del hacha, lanza y espada aparecen secuencialmente en los paramentos septentrionales de esta construcción. Además, para enfatizar la gravedad de las lesiones con armas tan contundentes, que, sin duda, perforaron la armadura del rey noruego, penetrando trozos del metal en los tejidos heridos, decidieron prolongar la lámina acerada externa hasta el interior de la ventana, lo que, por otra parte, genera una especie de abocinamiento que circunscribe o focaliza mucho la iluminación, como acontece en las iglesias prerrománicas, en las que tanto se inspiraron los autores de esta ermita.

              

  Ermita de San Olav: Ventana hacha de la fachada norte

 

Ventana hacha de la fachada norte de la Ermita de San Olav. Por delante, Miguel Jorge, entrañable amigo, guía y protector de la ermita.

 

Ermita de San Olav: Ventana lanza de la fachada septentrional.

 

Ermita de San Olav: Ventana espada de la fachada norte.

 

De esta forma, se consigue ocultar la fuente de luz al tiempo que se exhibe su halo, lo que posibilita vaciar el icono del arma, el cual, al entrar en la capilla, puede apreciarse  iluminado y recortado en un plano oscuro, en tanto que al salir se observa vaciado en negro sobre la iluminada chapa.

 

Ermita de San Olav: Fachada norte, con el portón/ventanal abierto,.

 

En la fachada norte, por delante de la ventana lanza, aparece un gran portón/ventanal, que sólo se descorre o abre en los actos culturales, lo que aumenta extraordinariamente la iluminación del interior. Aunque su función principal es la de permitir que el espacio reservado para el coro de la iglesia se convierta, ahora, en un escenario, en el que se puedan representar obras de diversa naturaleza para un público sentado en las gradas de enfrente, entre la torre y la ermita.

 

Fachada este

     

El gran protagonista de esta fachada es un gran ventanal, detrás del cual aparecen siete vigas paralelas de madera de pino, que remedan la celosía de muchas iglesias medievales y que, en nuestra ermita, representan la principal fuente de luz difusa, que recae sobre el espacio reservado al santuario, esto es, el presbiterio, donde  la estatua del santo, quedará en contraluz.

 

Ermita de San Olav: Celosía de la fachada este

 

Pablo López Aguado apuntaba en su informe sobre las “Claves de la capilla y torre de San Olav”, que, a través de esta fuente luminosa, “se disfruta del verde del sabinar, cuyo tono reflejado impregna la luz de este ventanal. Su carácter de perenne es muy adecuado como metáfora de transcendencia”.

 

Todo muy atinado, excepto la presencia de sabinar, pues enfrente de esta gran celosía sólo se halla una joven  y pequeña sabina, el resto son encinas. Es, pues, el verde perenne del encinar el que impregna el citado ventanal.

 

Descripción del interior

 

Describiremos los diversos espacios interiores siguiendo el orden de distribución de los mismos, percibido a medida que avanzamos por el interior de la ermita, como sigue: galería de acceso, el nártex, patio y pieza de servicios, la nave/platea, la sacristía/camerino, el pulpito/tribuna, el coro/escenario, el presbiterio y altar.

 

Galería de acceso

 

Nada más entrar por la puerta ubicada en el atrio nos encontramos con un estrecho y alargado pasillo, casi en penumbra, pues la única fuente de luz es la que entra tenuemente por la ventana hacha. De esta suerte, nuestros ojos enfocan el espacio situado al fondo, el del púlpito, donde hay una cruz, iluminada por la ventana lanza y realzada por la clara madera del presbiterio.

 

En realidad, los arquitectos responsables de este edificio, quisieron que esta oscura galería ejerciera una función de filtro entre un exterior luminoso, de generosa naturaleza, y la nave principal. El color oscuro de la madera de wengé (negro rojizo o marrón) empleada en paredes y  techo de esta galería consigue el efecto propuesto.

 

A medida que avanzamos, podremos observar cómo el color de la madera utilizada va progresando en claridad, pues pasamos de la oscuridad de la galería (por el dominante wengé) a colores progresivamente menos oscuros, como el sapely y el cedro, hasta llegar a los aún más claros del presbiterio y altar, donde prevalecen el cerezo y el abedul. Con estos dos últimos se quiso hacer un guiño a los grandes patrocinadores de esta obra, esto es, al ayuntamiento de Covarrubias, mediante el empleo de la madera de cerezo, árbol muy abundante y mimado en Covarrubias; y al gobierno de Noruega, donde el abedul se desarrolla abundantemente.

 

Ermita de San Olav: Galería de acceso

    

“Circunstancialmente, este espacio puede acoger exposiciones temporales, como la estéticamente muy desafortunada que actualmente lo ocupa”, refería Pablo López en su didáctico y exhaustivo informe.

 

Los carteles que siguen expuestos en las paredes de esta galería parecen darle la razón a nuestro arquitecto.

 

El nártex

 

¿Qué es el nártex?

 

Nada más traspasar la galería, nos encontramos con un espacio de mayor altura, aunque no tanta como la de la nave o sala siguiente, es el nártex, superficie destinada, desde el Medievo, a los penitentes y catecúmenos (no bautizados), donde se colocaba la pila bautismal, por lo que también ejerce la función de baptisterio. 

 

Ermita de San Olav: Imagen parcial del nártex.

 

Ermita de San Olav: El nártex, con la pila bautismal, separado de la nave por dos poderosos pilares, con la puerta abierta del patio exterior, que deja pasar la luz

 

Ermita de San Olav: Vista del nártex desde la nave, con la puerta de acceso al patio exterior cerrada.

 

 

¿Cómo es la pila bautismal de nuestra ermita?

                  

Nuestro nártex también posee una pila bautismal de piedra, octogonal, con una imagen de San Olav grabada, al lado de un pequeño pocillo, donde se deposita el agua del bautismo.

 

Ermita de San Olav: Pila bautismal con la imagen tallada de San Olav

 

Nuestros arquitectos asociaron el ocho al bautismo porque Cristo fue circuncidado (rito asociado al bautismo) al octavo día. Además, también fueron ocho los pasajeros del arca de Noé que se salvaron de las aguas, algo muy utilizado, posteriormente, en temas bautismales.

 

¿Cómo son y de qué están constituidos los antefijos y los pilares de piedra que separan el nártex de la nave?

 

La superficie del nártex de la ermita de San Olav está separada de la nave por dos grandes pilares de piedra caliza, cada uno elaborado con una sola pieza, de tres toneladas de peso, de 3 metros 40 centímetros de alto y con una base de 60 x 60 cm.

 

La iluminación de este espacio se consigue a través de un hueco rasante de techo a suelo que genera una luz indirecta, la cual se refleja en el tono cálido de la madera de sapely.

 

Ermita de San Olav: pila bautismal y luz indirecta en el nártex, por el hueco rasante de suelo a techo, reflejándose en la madera de sapely.

 

También es una superficie de transición al pequeño patio exterior y de acceso a los servicios, muy necesarios en las actividades culturales del edificio.

 

Inscripciones en los pilares

 

En el pilar izquierdo, según miramos hacia la nave, se aprecia en su tercio medio la siguiente inscripción: SUPER HANC PETRAM, en tanto que en el derecho puede verse grabado en su parte inferior la palabra OLAF. ¿Qué nos pretenden decir los arquitectos con estas inscripciones? Pues, según Pablo López, tales palabras pretenden mostrar la duplicidad de confesiones cristianas, o sea, la católica de España y la luterana de Noruega.

 

Ermita de San Olav: Pilar que separa el nátex de la nave, con la inscripción SUPER HANC PETRAM (sobre esta piedra)

 

El significado de SUPER HANC PETRAM, es “sobre esta piedra”, que forma parte de una conocida inscripción católica de la basílica de San Pedro en Roma: TV ES PETRUS ET SUPER HANC PETRAM AEDIFICABO ECCLESIAM MEAM, esto es, “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”.

 

Dado que los arquitectos de esta obra seleccionaron la parte central de la cita, su lectura admite dos interpretaciones: los católicos pueden sobreentender el resto de la misma, mientras que los protestantes e incluso los no creyentes pueden quedarse con la traducción literal, “sobre esta piedra”, a fin de dar relevancia a los grandes pilares pétreos que soportan el peso de la techumbre de esta edificación, con una vigas rojas, simbolizando la sangre del mártir.

 

Por otra parte, Olaf es el patrono nacional de Noruega y, por ello, se le adscribe al protestantismo imperante en este país escandinavo, aunque también sea un santo de la iglesia católica.

 

¿Qué son los antefijos?

 

Son dos grandes sillares situados por encima de los pilares, que, aunque no se apoyan directamente sobre ellos, simulan los clásicos capitales con que se rematan las columnas. Tanto sus medidas (60x60x150 cm) como su peso (1300 kg cada uno) son bastante respetables, extendiéndose de dentro a fuera.

 

Si nos fijamos bien descubriremos que sobre su superficie aparecen unas tallas singulares. Así, el que está situado a la izquierda de la nave (lado del Evangelio) tiene grabado, por dentro, la imagen femenina del Sol; por fuera, tiene tallado el escudo de Noruega: un león rampante con corona, sosteniendo un hacha con las dos manos. Pretende representar a la princesa Kristina de Noruega.

 

Ermita de San Olav: Antefijo que muestra una luna masculina como representación del infante don Felipe.

 

Su esposo, el infante don Felipe de Castilla, está representado mediante una imagen masculina de la Luna, visible en la parte interna del sillar derecho (lado de la Epístola), en tanto que en la parte externa puede apreciarse el escudo de Castilla.

 

Los relieves internos, del Sol y de la Luna, son idénticos a los observados en la vecina ermita visigótica de Quintanilla de las Viñas.

 

Ermita de San Olav: fachada norte sobre la que se aprecia la parte externa del nártex de la que surgen los antefijos con los escudos de Noruega y de Castilla y León.

 

 Ermita de San Olav: Escudo de Noruega grabado en la parte externa del antefijo izdo

 

Ermita de San Olav: Escudo de Castilla y León grabado en la cara externa del antefijo derecho

 

A mi entender, la calidad de la talla de los relieves internos es aceptable, todo lo contrario que la exhibida en la parte externa, pues, por ejemplo, el que representa a Castilla y León tiene una talla desigual y desproporcionada en la imagen del castillo y muy desafortunada en la imagen del león, que parece más un gato que el rey de los felinos.

 

Según Pablo López, la talla de estos sillares también pretende ser una metáfora del matrimonio de Cristo con su iglesia.

 

Texto entre los antefijos de piedra

 

Los arquitectos que diseñaron esta iglesia concibieron una inscripción votiva mediante un texto en latín, entre los antefijos de piedra.  Con ella, la Fundación Kristina de Noruega, pretende cumplir, por fin, la promesa del infante don Felipe a su joven esposa: la  construcción de una iglesia en honor de San Olav.

 

El texto grabado es el siguiente:

 

     NOS· KRISTINA· TVM NOMEN FERENTES· VOTVM · QVOD PRO VTRIVSQVE POPVLI AMICITIA SUSCEPIMVS· TIBI SOLVIMVS· IN HONOREM TVM ATAVIQUE TVI SANCTI OLAVI K ATQ AD MAIOREM DEI GLORIAM · IOHAÑE CAROLO XXXVI AR· HARALDO VERO ANN XXI.

 

La traducción es como sigue: Nosotros que llevamos tu nombre, Kristina, cumplimos hoy la promesa que se te hizo por la amistad de dos pueblos, en tu honor y en el de tu antepasado Olav el santo, y a mayor gloria de Dios. Reinando Juan Carlos en su 36º año, 21º de Harald.

 

Ermita de San Olav: el acceso desde el nártex a la pieza de servicios está separado por un pequeño patio exterior.

 

El patio y la pieza de servicios

 

El diseño de este pequeño patio exterior es para que los que, durante los actos culturales, deseen utilizar los aseos no se topen directamente con ellos, nada más salir del edificio noble. De esta forma, este patio permite una sutil transición del recinto sagrado o/y cultural y la pieza de servicios, la cual contiene una especie de salita de espera con un banco en hornacina en el muro, desde la que se accede a dos servicios adaptados para discapacitados así como un almacén y cuarto de máquinas, como por ejemplo, las del aire acondicionado.

 

La nave/platea

 

Según mi criterio, el ingenio de los arquitectos brilla en la concepción de esta sala, pues el techo es recorrido por siete vigas, desde los pilares que la separan del nártex hasta el altar y santuario, donde se apoyan en siete pies de apoyo, remedando,  a este nivel, el aspecto de una celosía, tan del gusto medieval. Además, al converger todas en el santuario, aumentan la sensación perspectiva de fuga y, por ende,  la dimensión de la sala parece mayor de la real.

 

Ermita de San Olav: La nave con las 7 vigas de pino que recorren su techo hasta desembocar en el santuario, donde descansan sobre 7 verticales vigas, adoptando la forma de celosía. En la foto se observa el portón/ventanal del coro absolutamente abierto, a fin de facilitar ciertos actos culturales.

 

Ermita de San Olav: Nave con el portón del coro cerrado, mostrando cómo las vigas recorren el techo hasta apoyarse en el altar en 7 vigas verticales, entre cuyos espacio entra la luz a modo de una celosía medieval.

 

Ermita de San Olav: Vista de la nave desde el nártex, con el presbiterio y altar al fondo.

 

Otro detalle a considerar, es la disposición escalonada de los paneles del techo en forma de dientes de sierra, lo que mejora la acústica y la iluminación.

 

Llegado a este punto es fácil que nos invada el prurito por conocer el motivo por el que los arquitectos de esta original obra eligieron el número siete para las vigas y apoyos correspondientes. Para ello, no hay mejor respuesta que la ofrecida directamente por López Aguado: “El número siete tiene una gran importancia en la tradición cristiana: siete son los sacramentos, y siete las virtudes que se oponen a los siete pecados capitales. Siete iglesias de Asia se citan en el Apocalipsis, el libro leído con más interés en la Edad Media”.

 

Por otra parte, esta sala dispone de dos orientaciones o usos diferentes: uno, el puramente religioso, cuando los fieles se disponen mirando de frente, al este, en el sentido del presbiterio, donde está el altar y el santuario, dejando a su izquierda, al norte, el espacio elevado destinado al coro; dos, el uso meramente cultural, para el que los espectadores dirigen su mirada al coro, ahora convertido en escenario, dejando a su derecha, en un plano secundario, el  altar y el santuario.

 

La sacristía/camerino

 

Este espacio está oculto en el paramento, a nuestra derecha, según miramos hacia el altar, necesitando correr su deslizante puerta para acceder al mismo. Se trata también de un espacio de doble uso, pues, por una parte, sirve como sacristía para el cura, mientras que, por otra, se comporta como un auténtico camerino para los artistas.

 

Una vez ubicados en él, observaremos un gran ventanal, orientado al sur, protegido por una contraventana corrediza de acero, que, cuando está cerrada, otorga intimidad y quietud, y cuando se descorre se alegra el ambiente, tanto por el torrente de luz que penetra cuanto por la contemplación del paraje natural circundante.

 

El púlpito/tribuna

 

Seguimos describiendo espacios con la doble función mencionada, la religiosa y la cultural. Así, entre el coro y el presbiterio se encuentra un espacio elevado, iluminado por la ventana espada, que se comporta como púlpito, desde el que se efectúan las lecturas y homilías, y como tribuna, para impartir docencia y conferencias durante los actos culturales.

 

Dispone de la única cruz del interior de la iglesia. En el exterior, como antes dijimos, existen cuatro cruces, cada una orientada a un punto cardinal.

 

Ermita de San Olav: Púlpito/tribuna, con su cruz y su ventana espada. Con el portón del coro cerrado, la iluminación es más tenue, dependiendo fundamentalmente de la procedente de la ventana espada.

 

Ermita de San Olav: Púlpito/tribuna, con su cruz y su ventana espada. El portón abierto del coro aumenta la iluminación en exceso.

 

El coro/escenario

 

Para actos culturales puede emplearse tanto como espacio cerrado cuanto como espacio abierto. En el primer caso, sirve de escenario con una acústica privilegiada para escuchar con nitidez actuaciones musicales, pues “el abocinamiento de su geometría y la relación con los escalonamientos de los techos permite una calidad y calidez adecuadas del sonido, lo que permite tanto la música como la palabra sin amplificar”, según refiere Pablo López en su brillante informe sobre “Claves de la capilla y torre de San Olav”.

 

Ermita de San Olav: Coro/escenario con el portón/ventanal cerrado. (06-06-2017)

 

Ermita de San Olav (Covarrubias): Coro/escenario con el portón abierto, dejando entrar la luz al tiempo que se contempla el graderío y el arranque de la torre. (06-06-2017)

 

La gran capacidad absorbente de los materiales empleados en esta capilla contribuye a acortar el Tiempo de Reverberación (tiempo que permanece el sonido flotando antes de extinguirse) hasta alcanzar un valor óptimo, según Miguel Jorge, gran amigo, que dedica una parte de su tiempo a mostrar esta ermita a los que tienen la suerte de acercarse a contemplarla. Así me lo refirió: “Cuando Ricardo, un joven músico, estuvo, hace un tiempo, analizando la acústica de nuestra capilla comprobó que tenía un Tiempo de Reverberación ideal: 0,3 segundos”.  Gran logro, pues en un locutorio de radio este tiempo oscila de 0,2 a 0,4 segundos.

 

Cuando se convierte en un espacio abierto, tras abrir el cierre metálico del portón/ventanal, observaremos las gradas y el arranque de la torre. De esta suerte, puede incrementarse sensiblemente el auditorio, desde las poco más de cien personas que caben en la sala interior hasta las que puedan distribuirse sentadas en las gradas y en torno a la torre. Ahora, la acústica depende de la especial distribución de este emblemático valle, rodeado por el encinar y por los estratos sedimentarios calizos, que otorgan una apreciable acústica, aunque mejorable con la amplificación correspondiente.

 

En caso de emplear este espacio para los actos religiosos, su función es la de coro, donde pueden situarse los músicos y corales. Además, según nuestro arquitecto, es el lugar adecuado para colocar a los novios que van a casarse.

 

El presbiterio y altar

 

La iluminación de este espacio depende, por una parte, de la tenue luz que entra por la ventana espada del púlpito y, por otra, de la potente luz que penetra a través de la moderna celosía constituida por los siete pilares verticales, que sirven de apoyo a las vigas que recorren toda la sala. Justo en ese espacio más elevado, pleno de luz, donde convergen las vigas citadas, se ubica una estatua de San Olav, en un cuadrado marcado en el pavimento.

 

Ermita de San Olav: Presbiterio, altar, santuario. (06-06-2017)

 

Después de describir los espacios interiores así como el exterior de la ermita, dedicaremos las siguientes líneas a la torre exenta.

 

Torre

 

Se decidió que la torre de esta construcción se alzara fuera de la misma, a fin de aprovecharla como elemento de cierre del auditorio externo generado por la pendiente natural de este pequeño valle y por el resguardo lateral ofrecido por el encinar y los enhiestos sedimentos calizos. Además, la terraza con  bancos corridos, a modo de gradas, constituye una especie de platea, en tanto que la pendiente suprayacente es idónea para sentarse o, si hubiera mucha gente contemplando alguna manifestación cultural, para apiñarse de pie.

 

Ermita de San Olav: Aterrazamiento con bancos corridos a modo de gradas, con la torre al fondo. (23-05-2017)

 

Ermita de San Olav: Vista de la Torre rodeada de farallones rocosos y el denso encinar.

 

En principio, tras analizar la relación entre la altura de los montes circundantes y la profundidad del espacio hasta la capilla, la torre exenta de esta capilla iba a tener una altura de 30 metros, mas, luego, los arquitectos responsables decidieron que tuviera una altura un poco menor (29,7), a fin de hacerla coincidir con la fecha en la que murió San Olav: el 29 de julio del 1030. 

 

Según mi criterio, el análisis de esta construcción despierta un notable sentimiento de admiración por el trabajo realizado por Pablo López y Jorge González, pues, además de cuidar todos los detalles de su original diseño, la dotaron de una fuerte carga simbólica.

 

Así, por ejemplo, decidieron otorgarle una triple función a la torre: la primera y principal, la de albergar el campanario; la segunda, la de servir de hito visual en el paisaje, sobre todo cuando contemplamos el conjunto de frente, dado que si lo observamos lateralmente, la relevante altura de los farallones calizos que la rodean amortigua bastante el efecto visual; la tercera, comportarse como un auténtico mirador (ubicado a los 24 metros de altura) del bello entorno natural, merced a la existencia de un balcón en su parte superior, que, por desgracia, es poco operativo por carecer de una escalera pública que reúna unas aceptables condiciones de seguridad y comodidad, como consecuencia de las limitaciones presupuestarias.

 

El campanario dispone de una campana, de nombre Kristina, donada por la ciudad de Tonsberg, de donde era natural nuestra princesa noruega. En su superficie está grabada la siguiente frase: “DONUM A TONSBERG ANNO MMXI). 

 

No olvidemos un último detalle de esta campana: su tañido es en el tono de La.

 

En fin, después de observar con ojos y mente abierta esta construcción artística, he podido mejorar mi pobre impresión inicial, hasta considerarla una excepcional obra de arte, lo que hace que me reafirme en una vieja idea: “No juzguemos las cosas a la ligera, pues nos quedaremos con lo superficial y vacuo. Sólo un análisis profundo puede permitir comprender la esencia de ciertas obras complejas y originales, cuyo atractivo no resalta con una simple mirada sino buceando en su interioridad.". 

 

                                                              Dr. Félix Martín Santos

 

Comentarios

Inmaculada Hernández 24/05/2019 20:00 #8
Félix espléndidos los comentarios que has realizado sobre el camino que nos lleva a la ermita de San Olav y magníficos el análisis, estudio y descripción del edificio. Son muchos los aspectos que podríamos destacar, entre ellos: ._ El conocimiento que tienes sobre el camino que has recorrido y disfrutado en diferentes ocasiones. ._ La observación, entusiasmo y respeto que reflejas en tu exposición. ._ Lo interesante de las tres zonas que atraviesan esta ruta: senderos de ocre de tierra, camino entre laderas pedregosas, y los campos de cereales y plantaciones de nogales. ._ La belleza de los líquenes colonizando las encinas, símbolo de la pureza e incontaminación del paraje. Sin duda ninguna, el plato fuerte de tu exposición es la ermita de San Olav con su torre exenta. Son muchos e interesantes los aspectos que has tratado y magistralmente expuestos. A modo de síntesis podemos señalar los siguientes: ._ El representar su construcción el cumplimiento de una promesa realizada hace casi 800 años ._ El juego de formas y volúmenes del edificio ._ La utilización de materiales como el acero y la madera cuya gradación de colores de más a menos oscuros crea diferentes ambientes junto a la forma de iluminación utilizada. ._ El carácter ambivalente de la construcción ._ Su profunda y amplia simbología representada en la forma de las ventanas, o de la pila octogonal del baptisterio; el significado de las inscripciones, de las 7 vigas o de los escudos. ._ La elevación de la torre entre farallones rocosos y un denso encinar y la triple función que desempeña. Mil gracias por todo tu gran trabajo realizado con entrega y sabiduría.
María Jesús Hernández 23/05/2019 14:02 #7
Félix gracias por explicarnos de forma tan detallada el camino de San olav acompañado de espléndidas fotografías de quejidos y sabinares extensos y bellos. La verdad es que cuando llegas a la Ermita de San Olav te quedas un poco sorprendida con la construcción del Siglo XXI un tanto fría. Sin embargo al terminar el artículo tan minuciosamente descrito se aclaran los detalles de tan original diseño: la representación del cuerpo de San Olav encerrado en su armadura, los ángulos de construcción para mejorar la acústica y aprovechar el espacio, las ventanas en forma de armas y la altura de la torre coincidiendo con una fecha muy significativa. Enhorabuena y que pases un feliz verano
María Jesús Hernández 23/05/2019 14:02 #6
Félix gracias por explicarnos de forma tan detallada el camino de San olav acompañado de espléndidas fotografías de quejidos y sabinares extensos y bellos. La verdad es que cuando llegas a la Ermita de San Olav te quedas un poco sorprendida con la construcción del Siglo XXI un tanto fría. Sin embargo al terminar el artículo tan minuciosamente descrito se aclaran los detalles de tan original diseño: la representación del cuerpo de San Olav encerrado en su armadura, los ángulos de construcción para mejorar la acústica y aprovechar el espacio, las ventanas en forma de armas y la altura de la torre coincidiendo con una fecha muy significativa. Enhorabuena y que pases un feliz verano
Marina Arredondo García 07/05/2019 14:49 #5
¿Quién iba a pensar que esta ermita de aspecto triste y desangelado pudiera poseer tanta belleza, simbología y riqueza? Tras leer tu artículo me he dado cuenta de lo importante que es ver las cosas con calma, fijándome en todos los detalles, aunque cuando vaya tendré memorizado lo que has contado, pues así la podré disfrutar mucho más. Como siempre, haces fácil y comprensible lo complejo y enrevesado. Es un placer leer tus posts, verdaderos artículos, por su exhaustividad y rigor, explicados muy didácticamente. muchas gracias.
Pedro Artola 06/05/2019 23:50 #4
Estimado Félix: Leyendo este artículo, uno se hace más consciente de las maravillas que hay a nuestro alrededor: " Uno de los más extensos bosques de quejidos y sabiñares del mundo". ¡Y tan cerca de nuestra ciudad! En cuanto a la ermita, la primera imagen, como bien dices, da la sensación de ser una construcción febril, pero según vas profundizando en la lectura, vemos que todo en el diseño de la misma, tiene una explicación y un porqué, pero hay que tener la paciencia de llegar al final del significado de las cosas evitando los juicios rápidos a los que estamos tan acostumbrados. Gracias por esta nueva entrega. Saludos
Juana Hortigüela Pérez 02/05/2019 19:51 #3
Cuando vuelva a visitar esta ermita lo haré bien preparada, con tu artículo que ya he imprimido en bloque y si no, con el móvil intentaré conectarme para verlo. Ahora ya entiendo la simbología de este edificio, que es espectacular. todo el artículo es una pura delicia, demostrando tus conocimientos botánicos y de arte, didácticamente explicados, con un lenguaje de altura, literario. La frase final con la que rematas el artículo es toda una enseñanza vital, aplicable a múltiples situaciones: “No juzguemos las cosas a la ligera, pues nos quedaremos con lo superficial y vacuo. Sólo un análisis profundo puede permitir comprender la esencia de ciertas obras complejas y originales, cuyo atractivo no resalta con una simple mirada sino buceando en su interioridad." Muchas gracias y enhorabuena.
Hotel doña Sancha 02/05/2019 17:38 #2
Increíble y detallada la descripción de este bonito camino y de el por qué de esta construcción, como decimos a nuestros clientes cuando les invitamos a visitar la capilla de San Olav, o les encantará o les defraudará y por eso les digo que lean las claves y así lo entenderán. Muchas gracias por el reportaje que por supuesto compartimos en nuestras RRSS. Saludos desde Covarrubias
Pedro 02/05/2019 10:20 #1
Nuevamente, Félix, hay que agradecerte la detallada descripción que haces del último tramo del Camino de San Olav en este segundo artículo. Precisamente, el 18 de mayo se celebra la III Marcha de San Olav, sobre la que me permito adjuntar varios enlaces para invitar a todo el que lo desee a que se sume a esta nueva iniciativa de la A. D. Tierra de Lara, inscrita, además, en los actos del Bienio Pidalino en Burgos: https://www.tierradelara.es/iii-marcha-camino-de-san-olav/ https://www.tierradelara.es/iii-marcha-camino-de-san-olav-informacion/ https://www.tierradelara.es/iii-marcha-camino-de-san-olav-concierto-de-silverius-de-ura/ Pedro

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