Javier alvarez fari%c3%b1a original

‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

A solo un paso

%c3%81rboles detail

Por aquí, a tan solo un paso, el zumbido de cientos, quizá miles de vehículos roza el asfalto cada día. Su estela apresurada rasga el aire en estampida, de izquierda a derecha, de allá para acá, siempre firmes en su marcha, día y noche, bajo la lluvia, la niebla y el sol. Ninguno se detiene en este lugar tan familiar. Parece un sitio de tantos otros, pero no lo es y por suerte está justo ahí, a un lado de la calzada -o al otro-. Es allí donde crecen ese puñado de árboles y arbustos abrazados a la ribera, donde se cobijan esos polluelos y tienen su madriguera aquellos zorros. Justo ahí al lado, nace y perece la vida en secreto. El protagonismo de los cantos, de sus ramas y sus luchas, se ahoga perdido en un suspiro tras la ventana de cada uno de esos viajeros. En apenas un parpadeo. Hasta siempre.

 

En este lugar la brisa crea el movimiento como un hola y un hasta pronto. Armónica y reservada, fluye meciéndose acomodada sobre las hojas agarradas al cielo; también se desliza frotando su cuerpo por la piel del río hasta erizar sus olas. A menudo su hálito es bosquejado en el firmamento por el albo de una pluma pendiente del estío o se expande atrapado por un olfato precavido. Su explosión de formas se contonea en cada dirección, descontrolado y con musicalidad, como el torso desnudo de la belleza. Y es un espectáculo que florece aquí al lado. En otro guiño disfrazado.

 

Este es un rincón de muros reconciliados con el horizonte, donde las plantas pugnan por el favor del sol y prestan sus cuerpos a la sombra. A sus faldas, junto a los pies de hierro del chopo y entre el cabello del matorral, se escucha la respiración del planeta. Por aquí el pulso vital de las criaturas es sobrecogedor. Puedo verlo maravillado si me esfuerzo. A cada instante, en cada momento, buscan incansablemente el mismo sentido de su existencia. Sus vidas rinden culto a las altas formas. Ascienden hasta las estrellas, tocan su propósito y se dejan caer exhaustas sobre el vientre materno, en su lecho. En ese mismo tálamo, victoriosas, entregan su llama reconciliadas con su destino y pasan a ser dignas espectadoras de un nuevo viaje. Hasta pronto.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: