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Educacción Digital

Andrés Seoane Fuente

¿Qué dice Google del futuro de las profesiones? (III)

Universidad isabel i detail

La tercera entrega de análisis acerca del informe ‘El trabajo del futuro’ elaborado por el Observatorio ADEI –entidad promovida por Google-, desglosará la información relativa al trabajo. ¿Qué ha sucedido con otras revoluciones? ¿Qué decisiones se deben tomar para aprovechar el escenario que presenta la transformación digital? ¿Cuáles son los principales retos? Vamos con ello.

La disrupción digital que está haciendo temblar los cimientos de la sociedad actual en todos los ámbitos, quizá no permita establecer una analogía con otros procesos similares. No obstante, el documento indica que en las revoluciones industriales acontecidas hasta ahora, la tecnología ha sustituido a la mano de obra más fácilmente reemplazable a corto plazo, de modo que al mismo tiempo se han liberado horas de trabajo –en 1850 se trabajaban 60 horas a la semana y en 2011, 40-, y se ha elevado la productividad. Con todo, el balance tiende a la destrucción de empleo.

 

Por otro lado, la necesidad de nuevos empleos a largo plazo, adaptados a la realidad tecnológica que se impone para producir nuevos bienes y servicios, a la vez que se reducen los costes por la mejora de la eficiencia en los procesos productivos, “genera un mayor empleo total”. Como gran diferencia que hace única a esta ‘revolución digital’, el informe subraya que “una importante base de tareas no rutinarias o que requieren un uso intensivo de habilidades cognitivas, emocionales o artesanales pasan a ser susceptibles de ser más eficientemente realizadas por robots, drones o dispositivos inteligentes”.

 

En lo referente a una mayor concreción de los puestos de trabajo que crecerán de cara al futuro, se apunta que en los últimos años han sido las ocupaciones avanzadas (técnicos profesionales, profesionales de apoyo y directores y gerentes), la restauración y el comercio las que más han aumentado. Y este potencial de crecimiento se mantendrá en las próximas décadas, según vaticina el Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional (Cedefop). En el caso de las primeras, porque “presentan un mayor grado de complementariedad con la robotización y la revolución digital”, es decir, son más difíciles de automatizar; y en el de las segundas, por las propias necesidades de la sociedad.

 

El mayor peso de estas ocupaciones refleja “los cambios estructurales” que tienen lugar en España, así como en otros países que iniciaron antes el proceso de digitalización y a los que ahora emulamos. En cifras, mientras las ocupaciones avanzadas representaban el 28,5% del total en España en 2016, y se prevé que tan sólo asciendan al 30% para 2025, la media de los países de referencia (EE.UU. y Alemania, por ejemplo), se sitúa hoy en el 43%, hacia el que el país debería converger. Por otra parte, el documento también avanza que se reducirá la población en edad de trabajar (-1,1%) dentro de una disminución global de población (-4%) hasta 2030, pero aunque estos datos limiten la potencial generación de empleo, “si se adoptan las medidas adecuadas” podría producirse “un aumento de la tasa de empleo hasta los niveles observados en 2007, a la vez que una reducción de la tasa de paro hasta su nivel estructural”.

 

Ahora llega la clave de esta cuestión. Los retos a los que apunta el informe son los siguientes. En lo relativo a las políticas de empleo, se deben transformar los servicios de empleo y las agencias colaboradoras del sector a través de la tecnología, para lograr una mayor caracterización de los demandantes, su grado de empleabilidad y el tratamiento personalizado; fomentar la recualificación de los colectivos más vulnerables (mayores de 45 años), y reflexionar sobre las figuras contractuales actuales y su adecuación a la economía digital.

 

Y, por otra parte y ya en materia de innovación, las exigencias se encaminan a financiar programas en los que las administraciones se vuelquen en conocer las realidades sectoriales y apoyen a las empresas en sus inversiones en I+D+i, fomentar el uso de nuevas fórmulas de financiación (corwfunding, fondos de capital riesgo, etc.), y compartir con el sector privado los desarrollos frontera de la innovación, mientras se fomenta el acceso público a los mismos.

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