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Andrés Seoane Fuente

Mucho más que sólo perder alumnos

Aulas vacias detail

La universidad pública de Castilla y León pierde alumnos. Muchos alumnos. Los datos que se han acercado a la sociedad regional esta semana no han hecho más que confirmar lo que ya se sabía, pero siempre es más crudo y frío leer los números que sencillo obviar las evidencias. Concretamente, la herida de los últimos diez años se traduce en un desangramiento de 16.382 estudiantes. De los 72.560 del curso 2007-2008 a los 56.178 matriculados este año. Un 22,6% menos. Pero la cosa no queda aquí.

 

El terrible drama demográfico es la primera y más contundente razón de este desplome. Pero pasar por alto la transformación que está cubriendo con su manto todas las esferas de la vida únicamente agravaría la desgracia. Sí, la transformación digital. Las cifras apoyan el movimiento del alumnado hacia el sector privado. Y, más aún, a la educación superior online.

 

Mientras casi uno de cada cuatro estudiantes ha abandonado las aulas de la universidad pública durante la última década, sus homólogas privadas han visto cómo se duplicaban sus matrículas. Según la Consejería de Educación, fuente de los primeros datos arriba indicados, este crecimiento ha sido de 7.807 alumnos en el curso 2007-2008 a más de 15.000 este año. Un incremento del 92% y más de 7.200 estudiantes. Pero hay un momento que dinamita esa curva ascendente y la propulsa con mayor fuerza, la entrada en escena en 2013 de la Universidad Isabel I, la única universidad online de Castilla y León. Desde entonces, el aumento de los estudiantes en los centros privados roza el 70%, es decir, 5.800 de los más de 7.200 que han ganado en diez años.

 

Y dentro del ámbito privado, en estos cinco cursos de actividad contando el presente, la institución educativa con sede en Burgos ha crecido un 231% en alumnos (teniendo en cuenta un dato fundamental a analizar, que sólo uno de cada diez es de Castilla y León), un registro que supera con diferencia al resto de centros de la región.

 

Las condiciones demográficas de Castilla y León no permitirían en ningún caso un incremento de estudiantes en el conjunto universitario de la región. Pero si mientras los centros públicos pierden 16.382 matrículas, los privados ganan más de 7.200, la cuestión no es únicamente esta. Es mucho más que sólo perder alumnos.

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