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Educacción Digital

Andrés Seoane Fuente

Impulsar la universidad online, un deber de la Administración

Universidad isabel i detail

El concepto de la disrupción digital inunda conferencias, posturas políticas y, en último término, el día a día suyo y mío. Pero de todos los ámbitos que toca, el único que tiene el poder de fomentarlo y favorecerlo es el político.

No vale con llenar intervenciones en el Congreso de los Diputados de buenas palabras e intenciones, si después se piden los mismos requisitos a una universidad presencial que a otra online, gracias a una ley del siglo pasado.

 

La Administración tiene el deber y la obligación de servir de trampolín a esta nueva realidad educativa que el año pasado ya suponía el 15% de todas las matrículas universitarias en España. No se puede, parafraseando al rector de una de estas instituciones, obligar a que una universidad online tenga los mismos urinarios para los mismos estudiantes que una presencial, “cuando mis alumnos no vienen desde Madrid o Sevilla a hacer pis”. Tan elemental (y gráfico) como esta sentencia.

 

Urge un cambio legislativo a la voz de ya, que permita un desarrollo hasta el máximo de las posibilidades de cada institución académica a distancia, y que valore unos parámetros reales como, por poner un ejemplo sencillo, el número de profesores para cada titulación por cada ‘x’ alumnos. No es serio que, a la velocidad a la que se suceden los cambios, el actual marco normativo de la educación superior sea una Ley Orgánica del año 2001, y que derogue la anterior Reforma Universitaria que databa de 1983. Por situar cómo ha evolucionado el panorama, en la primera fecha yo escuchaba música en mi walkman -que lo más tecnológico que tenía era un sistema para que el disco no se parara si lo escuchabas al andar por la calle-, y para la segunda aún me quedaba algo más de un lustro para ser siquiera un proyecto. Por favor.

 

Los encargados de elaborar los famosos rankings que tanto preocupan, en los que las universidades españolas se pegan por ver si están entre las 500 u 800 mejores del mundo, esos que llenan titulares de periódicos, se reirían si fueran conscientes de esta realidad. No se puede aspirar a liderar la transformación digital con unas disposiciones coetáneas a los móviles que únicamente servían para llamar, enviar mensajes o jugar al snake.

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