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Educacción Digital

Andrés Seoane Fuente

El modelo educativo como imagen

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Un país que según la previsión ministerial podría llegar a los 83 millones de turistas extranjeros este 2017, debe reinventarse para vender en el exterior una imagen más allá del sol y la playa.

No me refiero (aunque en el caso de España bien sería factible) a potenciar las bondades turísticas del interior, el inabarcable patrimonio histórico y cultural que alumbra toda la península ibérica, ni el conjunto monumental que vacía las baterías de las cámaras fotográficas de propios y extraños en todas las comunidades autónomas. Hay que dar un paso más.

 

Este país tiene una sobrada capacidad de expansión internacional. Demostrada está en lo relativo a la gastronomía o el deporte, por nombrar otros ámbitos distintos al consabido turismo, pero quizá ahora los esfuerzos de los representantes públicos deban encaminarse en una nueva dirección, de la que si son capaces de presumir, también deberían esforzarse por impulsar.

 

“Dentro de la educación superior, la Universidad Isabel I ha apostado por la formación online, y este tipo de proyectos es Marca España porque se puede exportar a otros países”. Estas declaraciones podrían corresponder al rector de la institución académica, haciendo gala del buen trabajo que está desarrollando la universidad, al sumar más de 5.100 alumnos procedentes de un total de 19 países en su cuarto curso de actividad y haber creado 300 empleos. Pero no. Las pronunció el vicesecretario general de Comunicación del Partido Popular, Pablo Casado, en su visita a la Isabel I la semana pasada.

 

Un modelo educativo que funciona porque se adapta a la realidad de los alumnos, porque se basa en una metodología innovadora, porque fomenta el espíritu crítico y creativo de los estudiantes y les acerca realmente a las necesidades del mercado laboral, debe explotarse. Una nueva forma de vivir la universidad, sin distancias y sin horarios, dinámica y flexible, que permite acceder a los contenidos desde la cama o desde la otra punta del mundo, y facilita la realización de los exámenes sin ni siquiera salir del país de origen, debe exportarse.

 

La pregunta lógica es, si este nuevo paradigma de enseñanza-aprendizaje se ajusta las exigencias de la sociedad actual, ¿por qué no se vende con más fuerza en el exterior? En primer lugar, porque la expansión de cualquier proyecto debe reposar sobre la cautela. Dar pasos firmes pero con la distancia precisa, sin excesos ni alharacas. Ya se sabe que quien mucho abarca, poco aprieta.

 

Y, por otra parte, porque hace falta un empuje claro y contundente, no con declaraciones a los medios si no con actuaciones, de la Administración. No se trata de aportar fondos, pero sí de facilitar la labor de una universidad como la Isabel I. De permitir que se instale en otros países con garantías, sin obstáculos, para así vender esa tan nombrada Marca España, pero por la que en ocasiones se trabaja tan poco. Al menos, ya que existe un modelo educativo merecedor de representar al país en el exterior, con el que llenar titulares y salir en la foto, es deseable que no se pongan trabas a su desarrollo y que se apoye su crecimiento. Fomentemos esa imagen. Pero hagámoslo todos.

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