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Andrés Seoane Fuente

El 73% de los docentes da clase en la universidad en la que se doctora

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No es una cifra totalmente actualizada, dado que el único dato oficial disponible del Ministerio de Educación data de 2014. Pero la cantidad, cuanto menos, debería sonrojar a los responsables.

El caso Cifuentes ha destapado muchas vergüenzas. La suya quizá no, más por inexistencia que por falta de oportunidad, pero desde luego que ha quedado al aire un modus operandi en la universidad pública manifiestamente abyecto.

 

Para muestra nada mejor que el ejemplo. Tal y como reza el titular, el 73% de los docentes da clase en la misma universidad en la que se doctoró. No es una cifra totalmente actualizada, dado que el único dato oficial disponible del Ministerio de Educación data de 2014. Pero la cantidad, cuanto menos, debería sonrojar a los responsables.

 

Y así, durante todos estos días de seguimiento del ‘Mastergate’, han proliferado las tribunas de opinión en las que se han expuesto un sinfín de corruptelas sucedidas en la universidad pública. Una denuncia tras otra, se ha presentado a la institución como un océano de servilismo, una red clientelar y un submundo en el que la relación entre los señores feudales y sus vasallos se riega con un cúmulo incontable de favores que se deben a los padrinos, primero, y que se reciben de los apadrinados, después.

 

Y entretanto, los políticos se defienden como una formación de vikingos en combate, y el mundo universitario –en concreto, la Conferencia de Rectores-, refuerza aún más todas las confesiones de escándalo que le han acorralado, aseverando que detecta “graves irregularidades” pero anteponiendo la valía del acierto por abrir un expediente y poner el caso en manos de la Fiscalía. Un argumento espléndido para una película de Sacha Baron Cohen, con todos mis respetos hacia este genio del humor y la sátira.

 

La protección del colectivo que alimenta a unos y otros roza el disparate por la falta de autocrítica, al tiempo que deben considerar que su audiencia, véase la ciudadanía, no ha salido del parvulario o goza de una capacidad intelectual justa para pasar el día. La asunción de la responsabilidad brilla por una insultante ausencia, su eco en la sociedad es una ensordecedora indignación.

 

Pero no se les ve muy preocupados. ¿Para qué estarlo, si aún con todo siguen cada uno en su sillón? Espero que no les entren las prisas en preguntárselo cuando lleguen las urnas o no aparezcamos el Ranking de Shangái.

Comentarios

Luis 19/04/2018 12:49 #1
Hace poco fue uno de Podemos, ahora una del PP, mañana??? De que nos asustamos si la corrupción nace en la universidad y no hay interés por atajar el problema.

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