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Educacción Digital

Andrés Seoane Fuente

Deseos, aulas y futuro

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Universidad online. Transformación digital. Revolución tecnológica. Profesiones que aún no existen. Inteligencia artificial. Internet de las cosas. Industria 4.0. Ciberseguridad… Estos son sólo algunos de los conjuntos de palabras que han dominado el año que ve su ocaso. Estos son sólo algunos de los conceptos que marcarán el 2018. Por ello, considero que esta ‘despedida’ debe comenzarse con los deseos.

 

La realidad en cuanto a la universidad online, la transformación digital o la revolución tecnológica es innegable. No es cuestión de cerrar los ojos e intentar que nos pase por al lado sin tirarnos al suelo. El que no se suba ahora, no podrá hacerlo después. No se trata de hacerlo u obviarlo. Se trata de adaptarse o morir. La evolución (digital) de las especies, de las empresas, de las universidades… De aquí que mi primer deseo sea que todos seamos capaces de verlo. Y, en especial, que quienes tienen la llave para facilitarlo, dejen de poner trabas. No se puede afrontar una educación que no sabe exactamente a qué campos orientarse, porque esas áreas de actividad están por definir, con una legislación decimonónica. Igual que no se puede pedir a una universidad que imparte sus titulaciones online, que tenga más urinarios para poder tener más alumnos. Seamos serios, por favor. Que lo sea la Administración, que es quien más peca de no comportarse como se le exige.

 

Del deseo hay que pasar a la acción. Pero, ¿cómo hacerlo cuándo se desconoce en qué va a consistir? Compleja tarea. Empecemos entonces por lo que ya sabemos. Nos hemos cansado de oír que el 65% de los alumnos que hoy están en primaria se dedicarán a trabajos que aún no existen. Desde luego, esta afirmación no facilita las cosas. Pero los cambios ya han comenzado. Las clases han dejado de ser (en muchos sitios) un ejército de manos rasgando papel al ritmo que marca el dictado del profesor. Ahora las mesas se juntan por grupos y se trabaja por proyectos. Y para más del 15% de los universitarios de España, ni siquiera existen físicamente las aulas, porque son virtuales. No podemos predecir con certeza cómo serán las famosas profesiones del futuro. Pero sí podemos comenzar por incorporar competencias que seguro serán básicas, como todo lo relacionado con lo digital, el trabajo en equipo y la capacidad de respuesta y resolución de conflictos, y enfocar la educación a su desarrollo.

 

De ese futuro incierto hay mucho que asusta, como la eterna pregunta de si los robots destruirán no sé cuántos millones de puestos de trabajo no cualificados. Pero también se sostiene siempre sobre la base de que la creatividad inherente a los humanos será la clave de nuestro desarrollo profesional. Dejemos que nos atraiga más lo segundo, intentemos aparcar un poco el miedo. Ahora tenemos la posibilidad de formarnos llevando la universidad en el bolsillo o ‘yendo a clase’ desde el sofá. A nuestra medida. Cuando queramos.

 

Siempre habrá razones para temer. Pero el futuro, más el que nos espera ahora, está repleto de oportunidades formativas y profesionales como nunca antes han existido. Deseémoslas. Y hagámoslas realidad. Feliz 2018.

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