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Andrés Seoane Fuente

Cuánto cuesta un máster (el de Cifuentes, en concreto)

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El máster de la todavía presidenta de la Comunidad de Madrid es el tema estrella del momento.

Gana por goleada a las pensiones (que, antes o después, nos afectan a todos) o al fraude de los ERE de Andalucía (total, qué importan unos cientos de millones de euros), como la Roma al Barça o el Liverpool al City. Pero muy extraño que pudiera parecer, tiene una razón de mucho peso.

 

En España hay más de 1,3 millones de universitarios que estudian una carrera, y además casi 185.000 alumnos de máster y cerca de 66.500 de doctorado este curso. Sí, a ellos no les ha estafado, directamente, la susodicha. Pero todos y cada uno de estos estudiantes –y muy probablemente sus familias- saben bien el dinero, el tiempo, el esfuerzo y los sacrificios que les cuesta completar sus respectivas formaciones. No les han robado dinero de su bolsillo con el ‘Mastergate’, pero están desprestigiando todo el sudor que han invertido para labrarse un futuro mejor.

 

Si a esto le sumamos la indignación que están despertando en el ámbito de la educación las continuas contradicciones, las firmas falsas y los papeles y trabajos que se han volatilizado, superior, este colectivo crece hasta cotas imponentes. La palabra desprestigio se ha repetido mucho estos días. Demasiado. No siempre sin fundamento pero sí en demasiadas ocasiones. Ninguna universidad que no sea la Rey Juan Carlos, que se está ganando a pulso pasar a denominarse emérita, tiene culpa de los malos modos que ha demostrado esta con el famoso máster. Y, sin embargo, el precio que está pagando la institución de la universidad, con todas ellas incluidas en las críticas y menosprecios, es descomunal.

 

Cada rector, docente, investigador, alumno o personal de administración y servicios, trabaja tanto y tan bien como su puesto le exige. No pasa por alto ningún requerimiento formal ni oficial en su labor de cada día. No recibe sobres. No cobra ‘comisiones’. No regala un título para impulsar el currículum de nadie. No hace, en resumidas cuentas, nada para merecer lo que está pasando cada día desde hace algunas semanas.

 

Los daños no pueden calcularse hasta que amaine el temporal. Y mientras la protagonista de este esperpéntico relato, y no me atrevo a aventurarlo con seguridad, apenas podrá pagar como precio su dimisión y perder su reputación, para el resto de involuntarios implicados en este siniestro, quedará durante un tiempo una inquietante pregunta en el aire: ¿cuánto cuesta un máster?

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